Exprés

Lejos de España o Francia: el origen pagano del roscón de Reyes que históricamente incluía un haba escondida.

TRADICIONES

Ya sea con nata, cacao, cabello de ángel o al natural... No obstante, siempre integrando el haba y la figura real en su interior.

Epiphany cake “Roscon de Reyes” on wooden table

Epiphany cake “Roscon de Reyes” on wooden table

Getty Images/iStockphoto

La jornada previa a Reyes se caracteriza habitualmente por la inquietud y el encanto, fundamentalmente para los menores de la familia. Las vías urbanas se colman de público para observar la cabalgata y, en el hogar, la agitación de los pequeños es compleja de gestionar. Mientras esperan la llegada de los obsequios de Sus Majestades, los amantes del dulce ya tienen en mente una de las prácticas más sabrosas de la Navidad, el emblemático roscón de Reyes. Consiste en uno de los alimentos más adquiridos en este periodo, contando con múltiples versiones: con relleno de crema, de nata, de trufa, de cabello de ángel o al natural. Pese a ello, ¿se tiene certeza sobre el inicio de esta apetitosa práctica?

Al igual que diversos ritos cristianos y manjares clásicos de Navidad, el inicio del roscón de Reyes tiene raíces paganas. Se cree que su procedencia se vincula con las Saturnales, unos festejos que los romanos organizaban durante diciembre para homenajear a Saturno, deidad de la agricultura, con el fin de celebrar el solsticio de invierno y la conclusión de las labores del campo. 

Una costumbre con décadas de antigüedad

En aquellas jornadas de festines y copiosos alimentos se preparaban bollos circulares endulzados con miel, frutos secos además de dátiles o higos, los cuales se distribuían entre la plebe y los siervos. Dentro de cada pieza de repostería se ocultaba una legumbre seca, y aquel que la hallaba era designado “el rey de la fiesta”, obteniendo diversos beneficios, tales como una jornada de descanso laboral. De este modo, dicha semilla pasó a ser un emblema de fortuna y bienestar para la persona que lograba localizarla.

A medida que transcurrieron los años, y ante la propagación del cristianismo, diversos hábitos paganos se adaptaron. La costumbre de ocultar un haba persistió y la persona que la localizaba era nombrada “rey del haba”, este acto simbólico se ligó finalmente a la Epifanía, el festejo que evoca la veneración de los Reyes Magos al Niño Jesús.

Los reyes magos de oriente (Pixabay)
Los reyes magos de oriente (Pixabay)

A lo largo del Medievo y la Época Moderna, esta costumbre se propagó a través de Europa. Dentro de Francia, la galette des rois (torta de reyes) afianzó la ceremonia de la legumbre y la designación del “rey”, un hábito que alcanzó el entorno de Luis XV y, más tarde, arribó a España. En este lugar, el roscón se fue ajustando a las preferencias regionales: bollos elaborados, fragancias de azahar, frutas confitadas que recuerdan gemas de oriente y, paulatinamente, interiores de nata, trufa o crema.

La interpretación del haba igualmente ha ido variando con el paso de las centurias; de representar un presagio positivo, derivó en una pequeña sanción, ya que quien la halla debe costear el roscón del próximo ejercicio. La estatuilla del rey en el roscón se incorporó hacia el cierre del siglo XIX.

Un roscón en fase de elaboración en la pastelería Panadarío en Madrid.
Un roscón en fase de elaboración en la pastelería Panadarío en Madrid.Eduardo Parra / EP

Las primigenias tortas paganas mantienen su aspecto de anillo y contienen fruta escarchada, que evoca las joyas de las coronas y vestimentas de los Reyes Magos, potenciando así la carga simbólica del roscón.

Hoy en día, se prepara utilizando harina, levadura, leche, huevos, agua de azahar, margarina, azúcar y sal. A pesar de que resulta habitual hallar versiones variadas de este célebre dulce navideño. Lo que no se altera son las costumbres que alberga en su centro, las cuales ocultan sentidos contrarios. De una parte, el haba, cuya aparición obliga a pagar el postre el año siguiente; de otra, la diminuta estatuilla real, que otorga a quien la halla la distinción de ser el rey o la reina de la jornada.