Chester H. Sunde, psicólogo, sobre por qué actuamos como niños en Navidad con la familia: “Adultos capaces y funcionales sintiéndose como adolescentes”
Salud mental
En esta época de reuniones y reencuentros familiares, el especialista explica por qué tendemos a convertirnos en adolescentes en el momento en el que ponemos un pie en casa

¿La Navidad nos hace volver a nuestros peores momentos?

¿Consideras que eres una persona adulta, competente y capaz de tomar decisiones importantes? Entonces, podrás explicar por qué cuando te presentes en casa de tus padres esta Navidad, veas a tus tíos, primos… Te convertirás sin evitarlo en tu yo adolescente. Sí, ese mismo al que tu madre criticaba, tu padre echaba la bronca y con el que tu hermano peleaba constantemente.
Solo han pasado 20 minutos desde que pusiste un pie en casa de tus padres y todas esas decisiones trascendentes para tu vida, tu trabajo, ser responsable e incluso un adulto de los pies a la cabeza se va por la ventana. Según el experto en salud mental estadounidense Chester H. Sunde, esto no es casualidad, sino que tiene un origen psicológico basado en la regresión.

“Tu psique desarrolló su estructura fundamental dentro de tu sistema familiar”, comienza explicando el experto. “Aprendiste qué partes de ti mismo eran aceptables, cuáles debían ocultarse, cómo llamar la atención, cómo mantenerte a salvo. Estos patrones se codificaron profundamente, no solo como recuerdos, sino como respuestas psicológicas automáticas”.
Según Sunde, estas creencias se “reactivan” cada vez que vuelves a casa, especialmente en fechas como la Navidad, con un fuerte significado familiar. “Esos viejos patrones se reactivan. No porque tus hermanos te “obliguen” a retroceder. Las señales ambientales familiares activan automáticamente las estructuras defensivas que construiste en ese contexto”, apunta el psicólogo.
Regresión
La regresión psíquica es un mecanismo de defensa psicoanalítico donde, ante el estrés o conflicto, la mente retrocede inconscientemente a comportamientos, pensamientos o emociones de una etapa anterior del desarrollo. La mente retrocede a un momento del pasado en busca de seguridad o alivio ante una situación difícil de manejar.
Como explica Sunde, los comentarios de tus hermanas sobre tu peso, las críticas de tu madre a tu manera de vestir, tu tía preguntándote por qué no tienes novio… Te llevan inevitablemente a esa época de inseguridad y desconfianza. “Te sientes inadecuado y a la defensiva, a pesar de ser un adulto seguro de sí mismo que generalmente tiene una relación sana con su cuerpo”, dice. “Te encuentras explicando y justificándote como un adolescente que busca aprobación, a pesar de que tienes éxito y no tienes nada que demostrar”.
Los contextos familiares provocan que anhelemos aprobación y validación. Necesitábamos sentirnos seguros y a salvo, pero nuestro propio juicio aún no estaba desarrollado o no era respetado. “Todos tenemos ese sentido estable de quién eres que trasciende el contexto en nuestra vida profesional, con amigos, en la mayoría de los entornos. Pero se disuelve en la mesa familiar”.

Según el experto, esto tiene una sencilla solución: el simple hecho de reconocer patrones defensivos cuando ocurren, incluso sin cambiarlos, reduce su poder automático. “En el momento en que piensas: “Estoy en regresión”, te distancias del patrón”, asegura.
“El cuerpo suele ser el primero en reconocerlo: tensión en el pecho o la garganta, respiración superficial, sentirse más pequeño o más joven, ese nudo familiar en el estómago que no has sentido en años”, explica. Sunde añade que emociones como la rabia, la ansiedad o la necesidad urgente de demostrar tu valía también son completamente normales.
Estas creencias se “reactivan” cada vez que vuelves a casa de tus padres, especialmente en fechas como la Navidad
“No te diré que puedas prevenir la regresión por completo”, advierte Sunde. “Los patrones son demasiado profundos, el contexto familiar demasiado poderoso. Si vas a reuniones familiares esta semana, probablemente retrocedas un poco. Eso es normal y no hay problema”. Lo que sí se puede hacer, según el especialista, es observar cómo y cuándo sucede.
“No serás perfecto. Podrías actuar exactamente igual que a los 15. Eso son datos, no un fracaso. Las fiestas serán lo que son. Tu familia será quien es. Pero tienes más opciones de las que crees en la tendencia regresiva. No son ilimitadas, pero sí suficientes”, asegura. “Sigues ahí. La pregunta es si puedes recordarlo, incluso, y especialmente, cuando todo en la situación te impulsa a olvidarlo”.