Ana Mombiedro, experta en el ámbito de la neuroarquitectura: “La ciudad no habla el idioma del cuerpo y por eso tiende a deformarse”
Vida
La especialista advierte sobre la manera en que factores sensoriales, tales como el estruendo o el estrés, impactan nuestra existencia.

Mombiedro: “En las zonas rurales es muy raro que se viva con estrés o con prisa”.

¿En alguna ocasión has experimentado la sensación de encierro en la urbe y el deseo de evadirte hacia una arboleda, el litoral o algún entorno natural? Esto no ocurre por azar. Según indica Ana Mombiedro, arquitecta y neuropsicóloga educativa, resulta fundamental comprender la influencia que los entornos ejercen sobre nuestra existencia y nuestro organismo.
Esta investigadora es una de las visitas más recientes del periodista Javi Rodríguez Godoy en su programa, Vidas Ajenas, donde explica que una gran lección obtenida en su carrera es que el cosmos sigue siendo “una extensión de nuestro cuerpo” y, por ello, “tiene una influencia directa en la arquitectura de nuestro cuerpo”.

Mombiedro utiliza su formación en neurociencia, psicología y percepción para sostener igualmente que nuestras capacidades sensoriales son las que primero detectan si algo falla en nuestro entorno.
Nuestra especie no se encuentra biológicamente ajustada a los medios urbanos masificados, sino a parajes amplios, silvestres y con una cadencia pausada. “El ser humano, como ser vivo, donde está bien fisiológica, cognitiva y sociológicamente hablando es en la naturaleza. La ciudad es un invento bastante moderno”, indica inicialmente la experta.

Un entorno inédito que representa un perjuicio para la propia humanidad. “Es un sitio que no habla el lenguaje del cuerpo, habla el lenguaje de la máquina”, señala. “Ese idioma lo hablan constructos matemáticos y geométricos, pero no es el lenguaje del cuerpo, no es el lenguaje de lo sensorial”.
Mombiedro sostiene que la naturaleza ayuda a resetearse en el mundo rural, donde no existen las prisas ni el estrés.
“Las personas en la naturaleza nos encontramos mejor. Hay muchas investigaciones que explican sus beneficios. Ahora, estar en la naturaleza es un 'reseteo'. En las zonas rurales es muy raro que se viva con estrés o con prisa”, señala.

Mombiedro sostiene que el entorno urbano está transformando no únicamente nuestro físico, sino además la forma en que entendemos la existencia. “Pensemos en la calidad del aire, en las dimensiones, los ritmos y los ruidos de la ciudad”, detalla. “El estrés, el tener que estar supeditado a un ser que es la ciudad, que no habla el idioma del cuerpo”.
Se trata de un inconveniente que la profesional sostiene que se inicia al nacer. “El cuerpo tiende a deformarse”, manifiesta. Para ilustrarlo, la especialista detalla que es suficiente con contemplar a los infantes.

“Hay evidencia del impacto que tiene la contaminación en el aprendizaje de los niños. Te invito a que vayas paseando por la calle, en horario de entrada o salida de coches, y mires a qué altura está la nariz de estos niños con respecto a los tubos de escape. La contaminación va directa a sus pulmones”.
Según Mombiedro, residir habitualmente en un medio urbano conlleva hallarse sometido de forma ininterrumpida a factores perjudiciales. “No es cosa de un día, que vas a una ciudad contaminada, sino que la exposición es permanente”, señala con pesar. “Al final, el cuerpo termina acostumbrándose”.