Marc, propietario de un negocio de lavandería de autoservicio: “Solo le dedico media hora al día: abrir, limpiar y recaudar el dinero generado”
Negocios
Un empresario de Castellón detalla los motivos del crecimiento de esta industria, el capital necesario para su puesta en marcha y las razones por las cuales no genera beneficios suficientes para su sostenibilidad, aun cuando casi no demanda dedicación diaria.

Marc abrió su lavandería en agosto de 2024

Los establecimientos de lavado automático han pasado a ser una de las inversiones más debatidas por los ahorradores particulares. Operan sin empleados, mantienen horarios extensos y, teóricamente, se presentan como un método simple para obtener rentas recurrentes. No obstante, la vivencia de Marc, propietario de un negocio similar en una localidad de Castellón con cerca de 3.500 residentes, revela una situación bastante más compleja.
Marc puso en marcha su negocio de lavandería en agosto de 2024 luego de una inversión de casi 80.000 euros, empleada mayormente en la adquisición de máquinas, el acondicionamiento del local y la conexión del gas. Fue este último trámite el que hizo que el estreno se pospusiera por diversos meses. “Le dedico media hora al día: abrir, limpiar y recaudar el dinero generado”, señala, haciendo hincapié en que el mayor beneficio de este proyecto es que no demanda una atención presencial continua.

Escaso esfuerzo, ganancia reducida
Durante una charla con Eric Ponce, Marc explicó que hoy en día percibe un rendimiento por año del 3,75%, lo cual representa cerca de 3.000 euros de ganancia anual. “Voy a tardar siete u ocho años en recuperar la inversión”, admite con total sinceridad. No obstante, espera que el próximo ejercicio progrese y ronde el 5% o 6%, conforme la empresa se afiance y atraiga a un público recurrente.
La operativa cotidiana resulta simple: el establecimiento inicia su actividad temprano por la mañana y, a excepción de fallos ocasionales en los dispositivos o consultas de los usuarios, casi no demanda supervisión. “Buscaba un negocio que no necesitara estar encima todo el día”, aclara. En realidad, lo administra con el apoyo de sus parientes y lo entiende como un ingreso adicional, no como su labor primordial.

Muchos gastos fijos que pesan
La clave de la baja rentabilidad está en los costes. Marc enumera una lista extensa de gastos mensuales que reducen considerablemente el margen: productos de limpieza, gas, electricidad, alquiler del local y la cuota del préstamo. Solo en jabón gasta unos 7.000 euros al año, a lo que se suman facturas de gas que en invierno pueden alcanzar los 600 euros bimensuales, alrededor de 180 euros de luz al mes, más de 350 euros de alquiler y unos 550 euros mensuales del crédito solicitado para arrancar el negocio.

Al procesar unas 4.000 lavadoras anualmente, el balance definitivo es patente: “No lo tienes que coger como un negocio para vivir, sino como algo aparte. No vas a hacerte rico ni a ganar muchísimo dinero”. Los ingresos de cada mes se sitúan sobre los 400 o 500 euros, un importe que no basta para sostenerse únicamente con esta labor.
Una actividad en pleno crecimiento, aunque no milagrosa.
La situación de Marc ilustra el motivo por el cual los establecimientos de lavado automático están prosperando en municipios y urbes: exigen una dedicación mínima, gozan de una clientela constante y operan de forma prácticamente autónoma. No obstante, igualmente evidencia que no representan una solución milagrosa. El desembolso de partida es considerable, los costes recurrentes son significativos y los beneficios, especialmente durante el periodo inicial, resultan contenidos.
En conclusión, es un modelo comercial que funciona como un apoyo para quienes desean ampliar sus fuentes de dinero y poseen recursos financieros, mas no representa un método veloz de obtener rentabilidades elevadas sin dedicación.