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Rafael Alonso, experto en recursos humanos: “Las nuevas generaciones ya no quieren ser jefes; te conviertes automáticamente en el blanco de críticas”

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El psicólogo especializado en recursos humanos explica por qué los jóvenes rechazan los puestos de mando y cómo la jefatura ha dejado de ser un objetivo atractivo en el mercado laboral actual.

Rafael Alonso

Rafael Alonso

@rafaalonsobienestar / TikTok

Ser jefe ya no es sinónimo de éxito. Al menos, no para buena parte de quienes se incorporan hoy al mercado laboral. Así lo resume Rafael Alonso, psicólogo y especialista en recursos humanos, al analizar una tendencia cada vez más visible en las empresas: “Las nuevas generaciones ya no quieren ser jefes”.

Durante décadas, ascender a un puesto de mando se entendía como una meta natural dentro de cualquier carrera profesional. Sin embargo, ese imaginario ha cambiado. Según Alonso, los jóvenes observan la jefatura con distancia e incluso con rechazo, al considerar que el coste personal y emocional supera, en muchos casos, los beneficios reales.

Más responsabilidades, poca recompensa

Uno de los factores clave de este desinterés es la percepción de desequilibrio entre lo que se exige y lo que se ofrece. Asumir un cargo de responsabilidad implica jornadas más largas, problemas constantes y una carga mental que no termina al salir de la oficina. Todo ello, muchas veces, sin un aumento salarial proporcional ni una mejora clara en la calidad de vida.

Un jefe se dirige a su empleada 
Un jefe se dirige a su empleada Pexels

Desde fuera, el ascenso puede parecer atractivo, pero la realidad cotidiana es distinta. El trabajo deja de centrarse en tareas técnicas o creativas —habitualmente las más satisfactorias— y pasa a girar en torno a la gestión de personas y la resolución de conflictos. Para muchos profesionales, ese cambio supone una pérdida de motivación.

El desgaste del mando intermedio

Alonso pone el foco especialmente en la figura del mando intermedio, una de las más castigadas dentro de las organizaciones. “Te conviertes automáticamente en el blanco de críticas de dirección y de equipo, cada uno buscando sus propios intereses”, explica. Esta posición intermedia genera una presión constante y una sensación de aislamiento que termina pasando factura.

A ello se suma, en muchos casos, la falta de preparación. El salto a la jefatura suele producirse sin formación específica ni acompañamiento adecuado. El profesional se ve obligado a aprender sobre la marcha, compaginando sus antiguas funciones con nuevas responsabilidades para las que no siempre está preparado.

Reunión de trabajo
Reunión de trabajoPxHere

De buen empleado a mal jefe

En el ámbito de los recursos humanos existe incluso una expresión para describir este fenómeno: promocionar a un buen empleado para convertirlo en un mal manager. Según Alonso, este error es habitual y responde, en gran medida, al desorden interno y a la falta de planificación en las empresas. “Esto se debe, en la mayoría de casos, al caos organizacional y la falta de previsión”, señala.

Las consecuencias son claras: frustración, agotamiento emocional y una caída general de la motivación, tanto en quien asume el cargo como en su equipo. Un escenario que refuerza la idea, especialmente entre los más jóvenes, de que no merece la pena aspirar a puestos de jefatura en las condiciones actuales.

La frustración en enero es muy común tras las fiestas y la vuelta al trabajo, con mucha faena acumulada
La frustración en enero es muy común tras las fiestas y la vuelta al trabajo, con mucha faena acumuladaTE YAPR

Un cambio de prioridades

Para las nuevas generaciones, el trabajo ya no ocupa el mismo lugar central que en el pasado. El bienestar, el equilibrio entre vida personal y profesional y la estabilidad emocional pesan más que el estatus o el cargo. Ante un modelo de liderazgo que exige mucho y ofrece poco, la respuesta es clara: mejor no ser jefe que pagar un precio personal demasiado alto.

El análisis de Rafael Alonso apunta, en definitiva, a un reto pendiente para las organizaciones: repensar el liderazgo y crear estructuras que hagan viable dirigir equipos sin convertir la jefatura en una fuente constante de desgaste. Solo así, advierte el experto, volverá a ser una opción atractiva para quienes hoy prefieren mantenerse al margen del mando.