El inspector de Trabajo José Manuel Amate relata que localizó a dos individuos escondidos en un armario empotrado para tratar de evitar su supervisión.
Trabajo
Un técnico de inspección de trabajo describe los momentos de máxima conflictividad experimentados durante los controles realizados en el sector hostelero y advierte acerca de la inestabilidad laboral que padecen numerosos empleados en situación irregular en España.

De acuerdo con José Manuel Amate, las inspecciones no únicamente sirven para detectar fraudes, sino que también consiguen mostrar un aspecto complejo del mercado laboral español.

Los controles laborales habitualmente se llevan a cabo de forma discreta, sin embargo, en ciertas áreas ocultan situaciones que parecen casi irreales. De este modo lo ha relatado José Manuel Amate, inspector de Trabajo, al evocar algunos de los momentos más sorprendentes que ha experimentado a lo largo de su trayectoria laboral, sobre todo en establecimientos de hostelería.
Amate relató su experiencia durante la emisión de Equipo de Investigación, donde subrayó las anomalías que se observan más habitualmente dentro del ámbito hostelero, una industria caracterizada por la inestabilidad laboral, los horarios prolongados y, frecuentemente, el trabajo no declarado.
Individuos ocultos para eludir la revisión.
El empleado aclara que, al instante de ingresar a un establecimiento, su objetivo principal suele ser ir hacia la cocina. “Lo primero que hago es ir a la cocina, que es donde te puedes encontrar sobre todo con las personas y ver si la empresa está cumpliendo con las obligaciones legales y, sobre todo, que no haya algún sitio por donde pueda escaparse y ausentarse de la visita”, indica.

No es una medida sin fundamento. Tal como cuenta, en diversas oportunidades ha tenido que afrontar escenarios críticos: “En alguna visita me he encontrado hasta a dos personas escondidas dentro de un armario empotrado pretendiendo que pasásemos de largo sin saber que estaban allí”.
Una circunstancia que carece por completo de gracia
Si bien podría dar la impresión de ser un relato gracioso, Amate recalca que tras dichas situaciones subyace una verdad bastante amarga. Frecuentemente, quienes procuran ocultarse actúan impulsados por el temor. “Son personas desprotegidas y sin derechos”, aclara el inspector.
En bastantes casos, son trabajadores foráneos que aún no han resuelto su estatus legal. Al aguardar sus papeles, desempeñan tareas sin vinculación contractual y perciben su sueldo en metálico, circunstancia que los sitúa totalmente al margen del esquema de seguridad en el trabajo.

El sector de la hostelería, una industria sumamente frágil.
Las cifras avalan este análisis. Entre finales de 2024 y comienzos de 2025, cerca del 42% de los empleados de hostelería en España eran inmigrantes o poseían doble nacionalidad, con una edad promedio de unos 30 años. Un segmento juvenil y expuesto que, de acuerdo con el inspector, propicia que ciertos empleadores saquen ventaja de su contexto.
Las retribuciones tampoco favorecen la mejora del escenario actual. El ingreso promedio de un camarero ronda los 1.400 y 1.500 euros brutos cada mes, habitualmente con horarios que sobrepasan las 40 horas semanales y disponiendo de apenas un día libre.

Más allá de las revisiones, una manifestación de la sociedad
Según José Manuel Amate, las revisiones no únicamente funcionan para descubrir engaños, sino que además exponen un aspecto desagradable del mercado laboral español. Los individuos ocultos en roperos no representan una anomalía insólita, sino la manifestación de un esquema donde numerosos empleados toleran circunstancias deficientes por simple urgencia.
Un escenario que, más allá de resultar cómico, incita a meditar acerca de la carencia de garantías, la incertidumbre y el temor que continúan definiendo la cotidianidad de muchísimos trabajadores en una de las áreas fundamentales del sistema económico de España.