Agustín Cañón, adiestrador canino: “El mayor error de la educación canina es pensar que se educa al perro y no a la relación”
Perros
Para solucionar conflictos de conducta en los perros, un

Agustín Cañón

Durante décadas, la educación canina se ha entendido desde una lógica simple: si el perro se comporta “mal”, hay que corregirlo. Sin embargo, esta visión deja fuera un elemento clave. Para Agustín Cañón, el verdadero error está en pensar que se educa únicamente al perro y no a la relación que mantiene con las personas con las que convive.
Con más de 14 años de experiencia al frente de Adiestramiento GADI, Cañón defiende un enfoque que desplaza el foco de la obediencia al vínculo. Según explica, los perros no aprenden en el vacío: aprenden dentro de sistemas relacionales marcados por rutinas, emociones y coherencia —o falta de ella— en el día a día.
El can no reside en soledad, se encuentra inmerso en un entorno esquema
Al manifestarse complicaciones como el estrés, el apego desmedido, la excitabilidad ante otros canes o las parálisis durante las salidas, la tendencia habitual es intentar localizar “qué le pasa al perro”. Según Cañón, dicha perspectiva suele ser errónea. En la mayoría de las situaciones, estos comportamientos no constituyen fallos, sino respuestas de adaptación a un entorno que no les garantiza la suficiente estabilidad emocional.

Los canes captan ademanes, tiranteces, humores y discrepancias de quienes los atienden. Estos elementos conforman una estructura mental a través de la cual comprenden su entorno. “Un perro no reacciona solo a órdenes, sino al contexto emocional que se genera a su alrededor”, afirma el instructor.
Formar no es dominar, es brindar organización
Un pilar esencial de esta metodología es el contraste entre el dominio y la formación. El control conlleva imposición; no obstante, educar se trata de generar un ambiente constante y seguro. Mediante pautas precisas, normas lógicas y un trato sereno, el animal logra asimilar lo que se requiere de él sin experimentar una presión continua.
Si ese sistema se quiebra, el ser vivo genera sus propios métodos para equilibrarse. Tales tácticas son las que, frecuentemente, las personas perciben como “mal comportamiento”.

Educar a través de la conexión
Bajo este enfoque, todo intercambio resulta relevante. La manera de abordar una equivocación, la forma de premiar un comportamiento correcto o el modo de canalizar el desánimo de las personas repercute de forma inmediata en la estabilidad psicológica del perro. Debido a ello, el adiestramiento en positivo no se concibe únicamente como un método, sino como una filosofía de convivencia.
La meta no consiste en imponer comportamientos, sino en crear espacios donde estos se manifiesten de manera espontánea porque el perro se percibe protegido y escuchado.

Modificar la interrogante para transformar el desenlace
Según Agustín Cañón, la transformación auténtica se inicia cuando dejamos de interrogarnos sobre “qué le pasa a mi perro” y comenzamos a analizar qué clase de nexo estamos estableciendo con él. Atender los síntomas puede proporcionar una mejoría momentánea; desarrollar conexiones firmes evita complicaciones y fomenta una estabilidad emocional persistente.
Una visión que propone replantear la enseñanza de perros no como una serie de comandos, sino como una vida compartida apoyada en la lógica, la confianza y el aprecio mutuo.