Santiago Ávila, experto en liderazgo: “Si tienes un compañero o compañera quejica en el trabajo, no te tienes que enganchar con él y siempre le tienes que hacer la misma pregunta”
Compañeros de trabajo
El especialista en liderazgo humanista explica cómo neutralizar a la persona que se queja constantemente y evitar que desgaste al equipo.

Santiago Ávila

En casi cualquier entorno laboral existe una figura que todos reconocen al instante: el compañero que siempre se queja. Nada funciona, nadie está a la altura y cualquier cambio, por pequeño que sea, acaba convirtiéndose en un nuevo motivo de malestar. Sobre este perfil tan común ha reflexionado Santiago Ávila, quien advierte de que este comportamiento no es tan inocente como parece.
Según explica el experto, la queja constante desgasta, contamina el ambiente de trabajo y frena al equipo, especialmente cuando no va acompañada de ninguna propuesta. “Siempre hay una queja nueva, pero casi nunca una solución”, señala Ávila, subrayando que este patrón termina afectando no solo al clima laboral, sino también a la productividad y a la motivación de quienes lo rodean.

La pregunta que lo cambia todo
La clave, según Santiago Ávila, no está en discutir ni en intentar convencer al quejica de que vea el lado positivo. Todo lo contrario. Su recomendación es clara: no engancharse emocionalmente y repetir siempre la misma pregunta: “¿Y qué propones?”.
Con este simple gesto, el ciclo de la queja suele romperse. El motivo es sencillo: la persona que se queja de forma recurrente no busca soluciones, sino validación emocional. Cuando no la obtiene, deja de acudir a quien no alimenta ese desahogo constante.

Cuando el quejica es el jefe. La situación se complica cuando ese perfil no es un compañero, sino un superior. En estos casos, Ávila recomienda evitar el enfrentamiento directo o el intento de cambiar su actitud. La estrategia pasa por bajar la conversación a hechos concretos y hacer preguntas prácticas: “¿Qué es lo prioritario ahora?” O “¿Qué depende de mí en este momento?”.
Este enfoque, explica, protege emocionalmente al trabajador y lo aleja del ruido, centrándolo en aquello que sí puede controlar.

Quejarse no empodera, aportar soluciones sí. Para el experto en liderazgo humanista, la queja puede aliviar de forma momentánea, pero a largo plazo vacía de poder a quien la practica y a quienes la escuchan. En cambio, aportar soluciones construye, refuerza la autonomía y mejora la dinámica del equipo.