Es un ex dirigente de la Yakuza y explica detalles de su pasado: “Quería sentir desesperadamente que pertenecía en algún sitio”
Mafias
Kim Honchi, antiguo miembro de la Yakuza, relata su historia de violencia, cárcel y exclusión social en una entrevista que ha impactado en redes.

La entrevista con el ex dirigente de la mafia

Durante años formó parte de uno de los entornos criminales más temidos y herméticos del mundo. Hoy, Kim Honchi habla sin rodeos sobre su pasado como dirigente de la Yakuza, una vida marcada por la violencia, la cárcel y una profunda necesidad de pertenencia.
En una entrevista difundida por el creador de contenido Kai, el exyakuza responde con frialdad cuando se le pregunta por su pasado: admite haber hecho daño “a muchísima gente”, aunque asegura no haber matado a nadie de forma directa. Tampoco expresa arrepentimiento. “Negar tu pasado es negar tu presente”, afirma, dejando una de las reflexiones más contundentes del testimonio.

Una infancia marcada por la exclusión
Kim Honchi explica que nació en Japón como zainichi, descendiente de coreanos que, pese a llevar generaciones en el país, han sufrido históricamente discriminación social, legal y laboral. Educado en escuelas norcoreanas y apartado de la sociedad japonesa, acabó encontrando en la Yakuza algo que nunca había tenido: identidad y pertenencia.
“Quería sentir desesperadamente que pertenecía en algún sitio”, confiesa. Esa necesidad fue el detonante que lo llevó a integrarse en una organización extremadamente violenta, en la que permaneció cerca de dos décadas.

Cárcel, violencia y cicatrices imborrables
Su trayectoria criminal tuvo consecuencias directas: fue arrestado 26 veces y pasó alrededor de 11 años en prisión. Durante la entrevista, relata uno de los rituales más conocidos de la Yakuza: el corte del dedo meñique, una práctica de castigo y sumisión conocida como yubitsume.
Kim cuenta cómo perdió su dedo tras asumir la responsabilidad por los errores de un subordinado. El relato es crudo y directo: sujetó su mano con las piernas y, con un solo golpe, se amputó el meñique. Un gesto que simboliza obediencia absoluta y pérdida de poder dentro de la jerarquía criminal.
Del crimen a la búsqueda de redención. Alejado ya de la Yakuza, Kim Honchi asegura haber cambiado de vida. Afirma haberse reformado y expresa su intención de participar en la política japonesa como una forma de demostrar que incluso personas con un pasado oscuro pueden transformarse.
Su historia plantea una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto es posible empezar de nuevo cuando se ha vivido tanto tiempo desde la violencia?
¿Qué es la Yakuza y qué influencia tiene en Japón?
La Yakuza es la mafia japonesa, una organización criminal con más de 400 años de historia. Surgió entre mercenarios y jugadores que se autoorganizaban para proteger barrios y negocios, y con el tiempo evolucionó hasta convertirse en una compleja red criminal con gran influencia económica y social.
Durante décadas, la Yakuza tuvo presencia en sectores como la hostelería, la construcción, las finanzas, el cine e incluso la política. Sus miembros son reconocidos por los tatuajes tradicionales irezumi que cubren gran parte del cuerpo y por rituales como la amputación del dedo, símbolos de lealtad y disciplina interna.

En los años noventa llegó a contar con casi 100.000 miembros registrados. Sin embargo, el endurecimiento de las leyes japonesas ha reducido drásticamente su poder y visibilidad. Aun así, la Yakuza sigue ocupando un lugar destacado en el imaginario colectivo, alimentado por el cine, los videojuegos y la fascinación internacional por su supuesto código de honor.
La historia de Kim Honchi no solo revela los entresijos de esta organización, sino también las consecuencias humanas de crecer en los márgenes de una sociedad que, durante años, no dejó espacio para otra forma de pertenecer.