Ramón Vallés, piloto de avión: “No sabría aterrizar en un lugar que no fuera un aeropuerto porque el suelo se hundiría”
Aviones
Un piloto con más de 30 años de experiencia explica por qué un avión comercial no puede aterrizar en una autopista y desmonta algunos de los grandes mitos sobre la aviación.

Vallés también reflexiona sobre el temor que muchas personas sienten al subirse a un avión

Volar sigue generando nervios e incertidumbre en muchas personas, a pesar de que la aviación comercial es, estadísticamente, el medio de transporte más seguro. Buena parte de esos miedos nacen del desconocimiento sobre cómo funcionan realmente los aviones y qué límites técnicos tienen. De ello habla con claridad Ramón Vallés, comandante con más de tres décadas de experiencia y cerca de 28.000 horas de vuelo acumuladas.
Por qué no se puede aterrizar en cualquier sitio
Una de las preguntas más habituales entre los pasajeros es si un avión podría aterrizar en un lugar improvisado, como una autopista, en caso de emergencia. Vallés es rotundo al respecto: no es una opción realista. “En una autopista no. La hundiríamos totalmente. El peso del avión destrozaría el suelo”, explica.

El motivo es puramente estructural. Las pistas de aterrizaje están diseñadas para soportar impactos enormes. “Deben aguantar máquinas de más de 200 toneladas al aterrizar. Para eso, una carretera no está preparada”, señala el piloto. El espesor del hormigón y la base sobre la que se construyen los aeropuertos no tiene nada que ver con el de una vía convencional.
El miedo a volar y la sensación de falta de control
Vallés también reflexiona sobre el temor que muchas personas sienten al subirse a un avión. En su opinión, no tiene que ver tanto con el peligro real como con la percepción psicológica. “Si la gente tuviera miedo real a volar, debería tener más miedo a conducir un coche”, afirma, comparando los índices de siniestralidad aérea y los de carretera.

Según explica, el problema es la sensación de no tener el control. “Hay gente que tiene miedo a aquello que no maneja”, apunta. A diferencia de un coche, donde el conductor cree controlar la situación, en un avión el pasajero debe confiar plenamente en el criterio y la formación de la tripulación.
La aviación, un sistema basado en el rigor
Con décadas de experiencia, Vallés defiende el alto nivel de profesionalidad del sector. “El rigor profesional del piloto está muy lejos, tristemente, del rigor del conductor”, afirma, destacando la formación continua, los protocolos y los controles a los que se somete la aviación comercial.

Ese mismo rigor es el que, a su juicio, explica por qué el avión sigue siendo el medio de transporte más seguro, incluso cuando se analiza con lupa cada incidente que ocurre.
Inteligencia artificial, sí… pero con límites
Sobre el futuro de la aviación y el papel de la inteligencia artificial, Vallés también se muestra claro. No rechaza la tecnología, pero advierte de sus límites. “Me niego a que alguien piense que la inteligencia artificial, en lugar de sumar, venga a restar”, afirma.
Para el piloto, hay un aspecto insustituible: el factor humano. “Nunca tendrá el poder emocional de una persona para tomar decisiones de carácter ético”, concluye, defendiendo que, al menos por ahora, la figura del piloto sigue siendo imprescindible.