Cultura

El debut madrileño de Sánchez García

Crítica de arquitectura

Regular y aplomada

Regular y aplomada

REDACCIÓN / Terceros

José María Sánchez García (Don Benito, 1975) ganó merecida fama en el primer tramo de este siglo con varias obras singulares en Extremadura: El Anillo (2010), en Guijo de Granadilla; la adecuación del entorno del templo de Diana (2011), en Mérida, o el club de remo (2009), en Alange. Todas compartían unas líneas esenciales, un lenguaje moderno pero de ecos clásicos y también la manera de abrazar el medio en el que se situaban.

Pasados tres lustros de aquello, y mientras desarrolla ahora varios proyectos en Suiza, Sánchez García acaba de inaugurar su primera obra en Madrid. Es la nueva facultad de Derecho del CEU, un edificio a primera vista distinto de los mencionados, pero que comparte algunas de sus constantes. Este paralelepípedo con estructura de hormigón y ritmo constante de ventanas es también un edificio de líneas esenciales, y aunque parecen abrazarle las construcciones circundantes, abraza también, a su vez, un gran y luminoso atrio, en cuyo perímetro se colocan las aulas.

El edificio, que ha debido dar respuesta a un programa ambicioso sin modificar el volumen del centro sanitario que antes ocupó el solar, resuelve esta constricción disponiendo cinco plantas rodeadas por un foso, que da acceso al aparcamiento (otras tres plantas subterráneas), y hace las veces de patio inglés, garantizando la iluminación natural del nivel inferior. La obra tiene un aire suizo, tanto por el orden de la planta como por la calidad del trabajo con el hormigón visto o con la madera, presente en la carpintería de las cuatro fachadas y, sobre todo, en el atrio central del edificio.

De modo parecido al del aulario y biblioteca inaugurado meses atrás por Tuñón/Albornoz en el campus de Pozuelo de la Universidad Francisco de Vitoria, este espacio central, con graderíos de madera que configuran su sección en diagonal y dan acceso a las distintas plantas, es un gran espacio de relación, y cuenta en algunos puntos con alturas de hasta cinco plantas. El vacío es de considerable dimensión, y depara una experiencia espacial grata, aunque desde ciertos puntos pueda parecer no excesivamente holgado.

El edificio ofrece en su fachada principal a la calle Romea un aspecto regular y aplomado, mientras que en la trasera gana dinamismo gracias a la curva que describe la Avenida del Valle. Y, en su conjunto, constituye una nueva muestra del buen hacer arquitectónico de Sánchez García, que recién cumplido el medio siglo es ya, y desde hace años, un profesional de precoz madurez y excelente currículo.