Eduardo Mendoza da paso a las nuevas generaciones: “Soy de los últimos de una época dorada”

FIL de Guadalajara

El escritor se convierte por una hora en profesor de historia y hace una extensa radiografía de Barcelona y de su gente durante la inauguración del salón literario

Eduardo Mendoza inaugura el salón literario Carlos Fuentes en la FIL de Guadalajara, en México

Eduardo Mendozainaugura el salón literarioCarlos Fuentesen la FIL de Guadalajara, en México 

Ignacio Rodríguez

Lo dijo al ganar el premio Princesa de Asturias de las Letras: “¡No me dejan jubilar!”. Y, en efecto, así es. Por más que Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) lo intenté, resulta imposible que se desconecte del mundo literario. Es evidente o, como mínimo, se podría sospechar que, en realidad, no quiere hacerlo, por más que a menudo diga que ya ha escrito su última novela. Si no, no habría aceptado convertirse en uno de los embajadores de la delegación barcelonesa que este año aterriza en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, México, como invitada de honor. 

Su labor, además, no se limita solo a representar a su ciudad, sino que tuvo que inaugurar el salón literario Carlos Fuentes de la feria, nombrado así como homenaje permanente al gran escritor mexicano. Una responsabilidad que no es menor y por la que ya pasaron en la anterior edición Rosa Montero y F ernando Aramburu y, mucho antes, Irene Vallejo, Salman Rushdie, Leonardo Padura o Paul Auster. Pero todo reto es poco para el autor barcelonés, que a sus 83 años no ha dudado en tomar un avión de 13 horas para cruzar el Atlántico y hablar sobre lo que más sabe: literatura.

“Quisiera que esta intervención mía sirva de inauguración y de clausura de una historia que ya pasó”

“Estaba nervioso y ahora estoy muy nervioso”, ha reconocido este domingo en cuanto se le ha cedido el turno de palabra. “Si estoy aquí y se me concede el honor de ser el primero en hablar y de forma tan solemne se debe a que soy uno de los últimos representantes de una época que se llamó dorada de Barcelona como ciudad literaria, pues vivían o la visitaban con cierta asiduidad escritores latinoamericanos. Yo tuve la suerte de tratar a unos cuantos y con algunos tener una buena y larga amistad”. 

Mencionó algunos de ellos: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, el propio Carlos Fuentes... Y, luego, se puso el sombrero de profesor, pues anunció al público, convertido por una hora en su alumnado, que iba a dedicar su intervención a explicar la historia de Barcelona: “Contaré cosas que no están en las bases de datos, seguramente porque son falsas, pero que forman parte de la memoria colectiva”. 

Y así, el autor de La verdad sobre el caso Savolta –obra que, por cierto, cumple 50 años este 2025–, narró los inicios de la ciudad que le vio nacer, desde los íberos hasta la guerra civil y posguerra, una época oscura que recuerda algo menos dura gracias al cine mexicano, con actores como María Félix o Cantinflas. De la actualidad también habló y lamentó que Barcelona se haya convertido en una ciudad de expats , de extranjeros que han venido a vivir, pues “esto tiene grandes inconvenientes, aunque no soy la persona para hablar de ello”. 

El autor, no obstante, ve “muy acertado” que la delegación barcelonesa desplazada a Guadalajara sí que haya decidido hablar de presente y futuro, y que se hayan organizado mesas redondas que traten este y otros temas de actualidad. Ha puesto en valor la importancia de hacer una transfusión de sangre y dar paso a voces nuevas con ideas nuevas. 

“Quisiera que esta intervención mía sirva de inauguración y de clausura de una historia que ya pasó”. Dicho esto, ha recogido la simbólica medalla Carlos Fuentes y se ha marchado, aunque, esperemos, que sea un farol y que vuelva más pronto que tarde.

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