Cultura

Creaciones, destrucciones, espectáculos

Arte y artes

En los últimos años se ha fomentado una cultura de la distracción y la banalización

Olga Sacharoff.Busto femenino’, París, c. 1914, óleo sobre tela, expuesto en la muestra histórica de la sala Parés<br>

Olga Sacharoff.Busto femenino’, París, c. 1914, óleo sobre tela, expuesto en la muestra histórica de la sala Parés

REDACCIÓN / Otras Fuentes

“Nuestra época prefiere la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser... Para ella, lo único sagrado es la ilusión”. Esta cita de Ludwig Feuerbach –que he abreviado– encabezaba el ensayo de Guy Debord La sociedad del espectáculo (1967). Pero estas reflexiones de Feuerbach habían aparecido mucho antes, en 1843, en la segunda edición de La esencia del cristianismo. Y, sin embargo, me temo que no han perdido actualidad casi dos siglos después. Debord señalaba dos fases en el proceso de dominación del poder económico sobre la vida de la gente. Una primera degradación nos llevaba de saber valorar el ser a preferir el tener. En la segunda fase, el desplazamiento de prioridades fomentado iba del tener, al parecer. Me pregunto qué dirían hoy Feuerbach y Debord ante los fenómenos de exhibicionismo ostentoso que llenan de simulacros las redes sociales y sepultan las propuestas más necesarias. Lo que a muchos les parece normal, creo que a ellos les parecería monstruoso, falso, dañino y cursi.

Actualmente se podrían detectar nuevas variantes, fases o intentos, pues durante años se ha fomentado que la gente prefiera el éxito a la excelencia, la distracción y la banalidad a la lucidez e incluso la tecnología al ser humano. La fase más reciente fomenta el consumismo y la sumisión a las directrices tecnoautoritarias. El poder del algoritmo y la inteligencia artificial puede tener aplicaciones positivas, pero a menudo se ejerce en detrimento de la libertad, la imaginación y las verdades relativas.

Se promueve lo que parece interesante por su tema, aunque su expresión sea superficial y obvia

Para entender los actuales fenómenos de éxito en las artes, la cultura y la política, resulta útil tener presente algo que ya observaba Debord: se nos quiere hacer creer que “lo bueno es lo que aparece”. Sin embargo, a menudo solo se permite aparecer en los medios y los escaparates más visibles aquello que, precisamente, ha sido previamente banalizado y falseado. En política, los protagonistas de la actualidad son los que mienten por costumbre y dan el espectáculo, como Trump. Y a veces en ­forma de guerra, como Putin y Netanyahu. Deberían serlo también los pensadores que ofrecen ideas para mejorar nuestro mundo, como Edgar Morin. En las artes, a menudo se promueve lo que parece interesante por su tema, aunque su expresión sea superficial y obvia. Y es cierto que tienen éxito algunos libros excelentes, como La pregunta 7, de ­Richard Flanagan. Sin embargo, un poeta centenario y lúcido como el haitiano René ­Depestre, que ha publicado en el 2025 sus Aforismos y parábolas del Nuevo Mundo, no disfrutará de la publicidad que merece.

Otro ejemplo significativo es el ostentoso misticismo de ­Rosalía en su celebrado disco Lux, una versión banal y de marketing, con buenos arreglos. Creo que esta maravillosa cantante padece una cierta madonnitis, influencia que le permite triunfar en el mundo. Y que tanto Bowie como Nina Simone serían para ella mejores ejemplos de fusión sin ­rebajas. De hecho, el verdadero misterio –mística y misterio comparten origen verbal– no suele aparecer en los grandes estadios. Se puede encontrar en la mejor poesía, de la que se habla muy poco en los medios y en las ferias. O en músicas de las que tampoco se habla ­apenas. Por ejemplo, en un concierto de ragas y cantos ­devocionales de India que ofrecieron la cantante Dra. Rajnandini y Rohit Mistry (tabla) en Sabda, un local del Eixample barcelonés. A veces, la mejor música aparece en conciertos de tamaño medio, como los de la gira Remain in light, una antología de los Talking Heads que pude disfrutar en Londres.

En el 2025 murieron algunos de los mejores creadores contemporáneos en cine (David Lynch), arquitectura (Frank Gehry), fotografía (Sebastião Salgado), pintura (Silvia Hornig) y artes escénicas (Robert Wilson). Y aparecieron obras espléndidas en todas las artes. Ahora mismo, en algunas ­galerías de Barcelona se pueden visitar exposiciones dignas de un museo, como Figu­racions entre guerres. 1914-1945, en la sala Parés, hasta el 7 de febrero.

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