Sara Torres: “La ideología en la educación infantil marca la forma de entender el deseo”
Cómo amar sin repetir el guion
La escritora publica 'El pensamiento erótico', un ensayo que analiza en profundidad las imágenes e ideas que nos inician en la cultura de lo corporal y lo sexual en Occidente

La escritora Sara Torres publica 'El pensamiento erótico'

Hace tiempo que Sara Torres (Gijón, 1991) revisita su infancia. Cómo no recordar aquellas tardes de verano en las que, siendo una niña, pasaba rato con su padre viendo documentales de animales. Lejos de convertirse en un pasatiempo soporífero, para Torres supuso todo un descubrimiento. Ha sido ya de más mayor cuando se ha dado cuenta de las cosas implícitas que esos filmes de la naturaleza contenían, con detalles como la voz en off, “el 99% de las veces masculina”, interpretando la vida “salvaje” desde un relato, “casi siempre de corte épico” que, como la propia escritora apunta, “cuenta el vínculo heterosexual como destino natural”. Y las escenas, siempre las mismas: comida y sexo. “¿Dónde quedan las imágenes más apacibles, en las que la leona, simplemente, descansa bajo los rayos de sol?
La cámara humana, reflexiona, “acompaña a la vida animal y documenta solamente aquello que le resulta significativo, pero siempre teniendo en cuenta un sistema de pensamiento previo”, explica por teléfono a Guyana Guardian, poco antes de empezar su gira de promoción por su nuevo libro El pensamiento erótico (Reservoir Books), uno de los ensayos más esperados de la rentrée, que la traerá a Barcelona, al CCCB, el próximo 12 de febrero para conversar con la cantante y compositora Maria Arnal.
La cámara humana acompaña a la vida animal y documenta aquello que le resulta significativo, pero teniendo en cuenta un sistema de pensamiento previo”
La autora, que ya denotaba interés por estas temáticas en sus anteriores obras, especialmente en su última novela, La seducción (Reservoir Books, 2024), explica que hasta hace un tiempo se resistía a dar el paso a la no ficción con determinadas materias. Y eso que las trataba en profundidad en su tesis doctoral, titulada El texto lésbico: fantasía, fetiche y futuros queer. “Tal vez fuera por eso. Una editora me comentó la posibilidad de publicar ese trabajo académico, pero pensé que el lenguaje no era el idóneo para llegar al lector, así que empecé a escribir de cero considerando lo aprendido en la universidad con los libros de teoría pero, sobre todo, ensayándolo en la vida. Nunca me ha dado vergüenza entender la propia vida como espacio de conocimiento”.
La idea de partir con estas idas y venidas a la niñez –explica Torres – se debe a “la necesidad de acordarse de cómo era la Sara de antes de conocer las teorías. ¿Cómo percibía el mundo? ¿Era consciente de que una gran parte de los mensajes que recibía del mundo partían de una épica heterosexual? Si hacemos ese ejercicio de viajar hacia atrás en el tiempo, nos podemos dar cuenta de cómo funciona la ideología en la educación infantil y cómo esta nos marca mucho sobre la forma de entender el deseo”. Y es que –recuerda al lector – “de niñas no podemos elegir qué imágenes ver ni qué discursos revivir, pero en la vida adulta ya sí. A la generación de los 90, y a las anteriores, nos ha sido imposible no recibir una versión del mundo basada en un encuentro entre opuestos, lo que llamamos la fantasía hetero-real”.

En este sentido, apunta Torres: “Es importante entender que el lenguaje da forma a nuestra interpretación de la realidad y, por tanto, también a nuestra pasión”. Consciente de ello, asegura que hoy quisiera sentarse al lado de aquella niña frente al televisor para decirle que, “lo que el relato muestra como razón de ser es solamente un accidente más. Que la vida no reparte dos papeles ni posiciones únicas y que no, ni a ella ni a otras niñas les ha tocado estar abajo por defecto, como sumisas”.
Y añade: “Hemos mirado de forma parcial el mundo animal, proyectando nuestros intereses ideológicos humanos sobre sus realidades y luego hemos utilizado el mundo animal para justificar la norma humana. Un mecanismo bastante retorcido, pero que ha sido extremadamente útil porque, ante cualquier duda, se apelaba a la naturaleza, como si esta no estuviera interpretada por nosotros”.
La dulzura se ha convertido hoy en día en un acto de resistencia”
¿Qué queda, entonces? ¿O qué opciones hay? Torres presenta el pensamiento erótico, “no como una ideología, sino como una práctica del olvido de la norma. El pensamiento erótico lo que pretende es ejercitar nuestra posibilidad de relacionarnos de forma diferente a como nos han enseñado. Y no solo hacerlo a través de una sensibilización de la atención y de unas prácticas corporales determinadas, sino también tratando de mirar al mundo con otros ojos, teniendo en cuenta su infinita complejidad y delicadeza”.
Por ello, la escritora reivindica la dulzura como “necesidad para seguir existiendo”. El problema es que “cuesta en encontrarla, pues vivimos en contextos cada vez más vacíos. El mundo patriarcal nos ha enseñado que desear la dulzura es de débiles y de afeminados cuando, en realidad, hoy en día se ha convertido en un acto de resistencia”.