Cultura

Antonio Damasio manifiesta inquietud ante la posibilidad de que la IA perjudique el desarrollo personal de la juventud.

Entrevista

El prestigioso experto en el ámbito de las neurociencias presenta 'Inteligencia natural y la lógica de la consciencia' al tiempo que medita acerca de la creciente facultad para perpetrar hechos terribles que caracteriza a la época actual.

El neurocientífico Antonio Damasio fotografiado en Madrid

El neurocientífico Antonio Damasio fotografiado en Madrid

Jesús Hellín / STUDIOMEDIA19 / Colaboradores

El investigador Antonio Damasio (Lisboa, 1944) lleva décadas argumentando en trabajos como El error de Descartes que la separación entre mente y cuerpo que Occidente mantiene desde la Grecia clásica es errónea: no existe racionalidad sin emoción. Ni sin sentimientos. El responsable del Instituto del Cerebro y la Creatividad en la Universidad del Sur de California en Los Angeles ha ido elaborando una tesis que representa un giro radical: los afectos fueron el motor que nos permitió tener consciencia. Concretamente, las sensaciones homeostáticas elementales —hambre, sed, calor, frío, bienestar y malestar— son las que proporcionan a nuestra biología información inmediata para subsistir. Actualmente Damasio publica Inteligencia natural y la lógica de la consciencia ( Destino), una síntesis de sus ideas y varias reflexiones sobre la IA.

El futuro humano

El dominio de la IA es posible, pero hoy el riesgo real son las armas nucleares.

David Chalmers disertó sobre el “difícil problema” de la conciencia. ¿En qué punto se encuentra la discusión acerca de su procedencia?

¿Es factible comprender la conciencia y detallar cómo se origina? Para diversos pensadores, especialmente siguiendo la corriente de Chalmers, no lo es. Sin embargo, a medida que profundizamos en la biología, disponemos de mayor capacidad para esclarecer procesos sumamente complejos, y no hallo motivos para que la conciencia sea inexplicable. De hecho, ya se está explicando. El “difícil problema” nace de una interpretación equivocada. Chalmers sostiene la premisa de que la mente es inmaterial y que lo carente de materia no puede justificarse a través de mecanismos físicos. Además, existe otro desacierto histórico en las investigaciones sobre la conciencia: la noción de que, por su alto nivel de sofisticación, debe estar vinculada a las estructuras biológicas más avanzadas y recientes, como nuestra corteza cerebral. Esto es falso. La conciencia representa una función vital, primordial para la existencia, y por tal motivo puede tener comienzos muy elementales. Y los tiene. Desde mi óptica, su fin es el mantenimiento de la vida: actúa como un sistema de notificaciones y sentimientos que nos informan sobre el estado del organismo. Proviene de operaciones biológicas relativamente básicas, mediante los sentimientos homeostáticos, que indican si nuestra homeostasis, el balance interno, se mantiene correctamente o si es preciso intervenir. No es la alta biología cortical la que produce la conciencia, sino dinámicas biológicas fundamentales. Crick, Koch, Edelman o Tononi plantean respuestas de alto nivel cortical, y opino que se equivocan. La conciencia es mucho más sencilla: su propósito es permitirnos conservar la vida.

¿El enfoque más racional de la consciencia y el orientado a las emociones producen concepciones diferentes sobre la naturaleza humana?

Ciertamente. Bajo mi punto de vista, la consciencia manifiesta el interés primordial de la naturaleza: crear la existencia y preservarla. Por el contrario, ciertos enfoques cognitivos localizan el núcleo vital en el razonamiento lógico y las funciones intelectuales. Se trata de una perspectiva parcial. La existencia constituye un suceso insólito, intrincado y sumamente frágil. Requerimos realizar numerosas acciones para permanecer con vida. Gran parte de los conflictos sociales y políticos giran en torno a la conservación de la vida. Una distinción fundamental entre la inteligencia natural y la IA radica en que esta última no encara el desafío de vivir. Nosotros, en cambio, sí lo hacemos. Nos hallamos vulnerables ante la dolencia y el fallecimiento. La consciencia se ocupa de dichas amenazas y de la manera de extender la existencia.

Atravesamos una etapa de escasa generosidad y una crueldad creciente.

¿La IA está ligada a la visión cognitivista?

Absolutamente. Y me parece correcto, no me opongo a la IA, todo lo opuesto. Sin embargo, no hay que confundirla con la inteligencia natural: la IA deriva de ella, no del proceso evolutivo. Carece de vida y de emociones.

Para algunos es la culminación de nuestra evolución.

No. La IA se trata del desarrollo de instrumentos que en gran medida replican facultades que ya poseemos, funcionales para asistirnos en el transcurso de la existencia. Respaldo la existencia de computadoras que agilicen las operaciones y mecanismos tecnológicos que colaboren en la estructuración del saber. Ejecutan tareas que nuestro intelecto ya desempeña, aunque en ocasiones con mayor celeridad y volumen de retención. Brindan utilidad, mas no conforman nuestro proceso evolutivo. En caso de que perduremos cien años más, los seres vivos habrán cambiado, pero no serán sintéticos. Sin embargo, es posible que nuestra subsistencia no sea del todo óptima. La juventud actual invierte gran parte de su jornada interactuando con máquinas en lugar de relacionarse con otras personas. Me inquieta que el enfoque se traslade desde el entorno natural hacia el ámbito tecnológico.

¿No le preocupa que la IA tome el mando en algún momento?

No, resulta una situación sumamente difícil de ocurrir. Ello no implica que la IA sea incapaz de generar cierta apariencia de conciencia. Sin embargo, la etapa donde la IA se origine sola, se preserve y controle el globo no solo queda muy distante, sino que constituye meramente un relato ficticio. Me causa temor que las juventudes venideras posean menos capacidades humanas por su obsesión y apego hacia la IA.

¿Existen riesgos reales para la supervivencia de la humanidad?

Efectivamente. En la actualidad, la amenaza auténtica reside en el armamento nuclear. Existe una gran diferencia entre el peligro de que los proyectiles atómicos devasten el planeta y la posibilidad de que la IA tome el mando, algo que no resulta imposible, aunque se percibe muy distante.

¿De qué manera se vinculan los afectos homeostáticos con los sistemas sociales y políticos?

Gran parte de ellas derivan directamente de tales emociones. Las dimensiones culturales, religiosas y políticas constituyen reflejos de nuestra esencia y, a menudo, de la percepción que tenemos de nosotros mismos y de nuestros afectos internos. Existen individuos sumamente despiadados y otros asombrosamente bondadosos. El resto nos situamos en un punto intermedio, condicionados por aquello que las sociedades nos autorizan. Asimismo, las civilizaciones resultan positivas o negativas según la relevancia que cobren los sentimientos nobles.

¿Atravesamos un periodo regido por las emociones negativas? ¿Es Trump una consecuencia de estas?

Existen percepciones en esa línea. Atravesamos una etapa de alarmante escasez de altruismo y un incremento en la brutalidad. Se trata de una tendencia mundial. El único modo de combatirlo es mediante afectos desinteresados. Integra los vaivenes de la trayectoria histórica. Las emociones manifiestan la condición de la existencia e indican si avanza por un camino acertado o erróneo. Si prevalecen los impulsos favorables, alcanzamos la dicha. En caso contrario, solemos mostrar agresividad. La consciencia, la conducta de las personas y la biología mantienen un vínculo estrecho.

¿El sentimiento dominante hoy es el miedo?

El temor resulta relevante, pero lo más anhelado es la plenitud. Si los individuos la vivieran con mayor frecuencia, disminuirían el rencor y la rabia.

¿Cuál será el próximo gran descubrimiento sobre el cerebro?

Entender con mayor profundidad de qué forma ciertas áreas de nuestra mente operan de un modo prácticamente digital, similar a una computadora, tal es el caso del córtex cerebral, mientras que otras actúan de manera analógica, como sucede con las emociones. En nuestro interior ya poseemos diversos componentes que guardan similitudes con la IA. Quisiera que analicemos los resultados del vínculo entre el cerebro y el organismo, ya que así lograremos un mayor conocimiento sobre nuestra propia naturaleza.

Justo Barranco Martín

Justo Barranco Martín

Periodista

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