Cultura

Rusowksy, fantasía urbana (★★★★✩)

Crítica de pop

Ruslán Mediavila redimensionó canciones de bedroom pop, R&B, reguetón, techno, hip hop y ritmos latinos

Rusowsky, durante su primera noche de concierto en el Sant Jordi Club con todas las entradas vendidas

Rusowsky, durante su primera noche de concierto en el Sant Jordi Club con todas las entradas vendidas

Álvaro Escudero

Rusowsky

★★★★✩

Lugar y fecha: Sant Jordi Club, Barcelona (15/I/2026)

El vallisoletano Ruslán Mediavilla, para el arte Rusowsky, ha alcanzado desde Alcobendas fama internacional gracias a un primer álbum, Daisy,  con el que ha dado una auténtica campanada, pasando del underground madrileño a llenar grandes pabellones y festivales. Su gira de presentación, que empezó congregando a 15.000 seguidores en el Movistar Arena, tras dejarse querer por el fundamental Tiny Desk, recaló dos noches en el Sant Jordi Club antes de volver como reclamo del próximo Primavera Sound.

Este torbellino, conseguido gracias a un álbum que está lejos de los estándares comerciales, lo realza con una exuberante puesta en escena junto a seis músicos y seis coristas. Todo para redimensionar unas canciones que beben de bedroom pop, R&B, reguetón, techno, hip hop y ritmos latinos, hasta convertir su actuación en una fantasía urbana que empieza con Johnny Glamour, un guiño a lo brasileño, groove y sabrosón a la vez y con deje aflamencado en los coros, no en vano grabó la canción con Las Ketchup. Estas aparecieron luego, en plan estelar, para rescatar Aserejé entre el delirio de una peña que disfrutó de lo lindo, tanto con sus temas bailables como con la abundante cosecha baladística.

Agradecido con los suyos también invitó a su colega Ralphie Choo para marcarse una serie de duetos, tanto el celebrado BBY ROMEO como singles anteriores; la groove Gata y un Dolores resuelto con flauta travesera y tumbao salsero. Y durante la interpretación de Project tu culo, con unas armonías vocales de aúpa, se proyecta un video que recuerda la camaradería que impera en su sello Rusia-IDK.

El cantante, músico y productor, de formación clásica, se alterna a la guitarra acústica, bajo y piano e incluso saca uno de cola en la arrebatada mwah:3 en la que pidió “linternas” (léase luz de móviles) para iluminar una balada estratosférica. La abundancia de contrastes, quizás en exceso, le lleva de la extravagante delicia pop 99%, llena de efervescentes coros, al rotundo ataque hip hop de KINKI FÍGARO, pasando por los deslenguados breakbeats de sukkKK!!, con guiño al Papi chulo de Lorna, o un Liit en el que intercala el Soul makossa de Manu Dibango.

Tampoco faltan la profusión de voces deformadas por el AutoTune y marejadas electrónicas en ALTAGAMA y Brujita, el pop sintético de mesilla de noche en la romántica 4 Daisy, el cimbreo de la bachata en SOPHIA, andanadas house y drum’n’bass en pikito o el acento disco de pink + pink. Las guindas fueron malibU, no por nada considerada una de las canciones del pasado verano, con tumbao sabrosón, trap, coros excelsos y un incontestable estribillo. Y el cierre, un VALENTINO a modo ce celebración en clave drill para rubricar que las nuevas generaciones pisan fuerte.

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