Cristina Araújo Gámir: “Quería escribir una novela de amor como las clásicas”
Entrevista
La escritora publica 'Distancia de fuga', que reconoce inspirada en obras como 'Cumbres borrascosas'

La autora ganó el premio Tusquets con 'Mira a esa chica' (2022) y ahora publica su segunda novela

Cristina Araújo Gámir (Madrid, 1980) ha escrito Distancia de fuga (Tusquets) a partir de una novela que tenía guardada en un cajón desde los 18 años, cuando anhelaba tener un hermano y se inventó un relato, que tituló La casa del cisne negro , para darle vida literaria. Si ahora ha añadido un tercer personaje en la reelaboración de aquel texto primigenio, explica a Guyana Guardian , es porque ha querido contar una historia de amor como las de antes, las que leía entonces y la llevaron a estudiar filología inglesa en la Complutense.
Un amor imposible
“Necesitaba un impedimento para la relación: el mundo de la fama y el dinero”
El triángulo de Distancia de fuga recuerda las grandes novelas de amor del siglo XIX, como las de Jane Austen o Cumbres borrascosas, de Emily Brontë.
Son las historias que me gustaba leer, y de ellas sacaba la inspiración de lo que escribía en esa época. Siempre tenían un amor imposible, muy fuerte, como sacado de quicio. Y yo quería escribir algo de amor también en algún momento.
Alguien que se enamora de la hermana de su mejor amigo...
Sí. En el primer relato no había historia de amor. Era solo la de los dos hermanos. Me quedé muy enganchada a ellos. Así que cuando decidí retomarla ya no tenía esa necesidad, era mayor, pero sí me apetecía mucho escribir una historia de amor como las que leía en la universidad, que fuese muy desgarrado.
Pero adaptado al siglo XXI, donde la clase social, en principio, ya no es un gran obstáculo.
Sí, claro, necesitaba un impedimento, porque los de aquellas novelas que me gustaban –los padres, la renta, la distancia, lo que sea– ya no funcionaban. Algo que hiciera como de bache físico, pero también emocional o mental, y eso es la manera de ser de Frances, porque su fama como actriz es un problema.
Pertenece a un mundo muy distinto al de Theo, un brillante estudiante de filosofía que aspira a una carrera académica.
Sí. La universidad es un ambiente que me gusta muchísimo, y ese lo conozco, pero también me apetecía explorar ese otro mundo del lujo y el dinero, por la libertad que te da. Una libertad un poco controlada, porque al final haces cosas que le vienen bien a tu carrera. Y ahí sí que me documenté.
Sí. ¿Cómo alguien que lo tiene todo –belleza, éxito– para ser feliz se deprime, se autolesiona, se droga...? Hay una frase en la que dice: “De no querer vivir a querer morirse hay un trecho, tampoco te pienses nada”...
Sí, yo creo que eso nos lo preguntamos todos, porque al final, si te quitas los problemas económicos y de salud, si tienes talento y puedes cumplir tu sueño, parece que ya no tienes mucho derecho a quejarte. Me interesan esas contradicciones.
Además Frances es muy guapa, no puede sufrir por eso...
Las chicas nunca están tranquilas. No soy un hombre, pero creo que tienen un poco más de seguridad en sí mismos en ese sentido. Y luego está la pesadilla de que cuando esa ha sido tu carta de presentación y empiezas a envejecer, que yo la entiendo a muerte, te haces de todo, por la desesperación de perder lo que te ha dado todo, incluso el amor, aunque esto suene muy cursi.
En los capítulos que suceden en la villa italiana, de descubrimiento del deseo y del erotismo en la piscina, el lector se imagina Call me by your name...
Sí. Me gustó mucho esa peli y luego leí el libro y vi que esa paz que había ahí estaba bien retratada.Tengo otros referentes cinematográficos, como Retorno a Brideshead , no solo literarios.
Sin embargo, es indudable la búsqueda de un estilo, la creación de metáforas deslumbrantes como “su pelo espejeó bajo el sol con el frenesí de una reacción nuclear”. ¿Cómo las encuentra, le salen así, sin más, de manera fluida?
Algunas se me ocurren, son el resultado de tener ya la mente entrenada para que me salgan cosas. Yo hablo muy exagerado también, de una manera un poco poética. Pero otras... Con sangre, sudor y lágrimas, pero además de verdad. Las tres cosas: porque una vez me hice hasta una herida tirando de una costra. Me cuestan la de Dios. Es horrible. Doy vueltas, busco sinónimos, cojo un libro, este otro y lo miro. Puedo pasar horas y horas para dos frases. A veces leo lo que he escrito y pienso ese adjetivo debería tener cuatro sílabas y ser esdrújulo, y empiezo a buscar. Es algo muy obsesivo.
Y cuando da con ellas, con esas imágenes, ¿qué siente?
No hay nada que se pueda comparar con esa satisfacción. Pero eso llega en una fase entre intermedia y final, por eso nunca quiero que nadie lo lea antes, también porque escribo muy desordenado y luego tengo que hacer de tripas corazón y empezar a dejar cosas fuera y buscar el lugar de un párrafo que quiero meter y no sé dónde.
Y así es como le ha salido una novela tan larga como las que le han servido de inspiración.
Era lo que quería hacer. Quería una historia bien nutrida de todo. No solo la historia de amor de ellos o de cómo les va, sino cómo les afecta la gente de alrededor. Sí, un poco como las novelas clásicas, aunque no quiero decirlo, porque suena arrogante, ¿no? Decir que quiero escribir como los clásicos.
Sin embargo, el narrador se inmiscuye, no es el omnisciente típico del realismo.
Sí, era para darle un poco de ironía, sobre todo a partes que podrían resultar muy densas, o muy cursis, o dramáticas...