Cultura
Olga Merino

Olga Merino

Periodista

Un paseo por las flaquezas de Europa

Fahrenheit 451

Hoy venimos fuertes. Incandescentes, como la zarza que ardió sin consumirse ante Moisés, y obsesivos, dando vueltas en espiral a la misma pregunta retórica: oh, vieja Europa derrengada, ¿qué va a ser de ti?, ¿hacia dónde encaminas tus pasos sonámbulos? Empezaremos el periplo semanal por su justa mitad: el martes. La brigada Fahrenheit 451 acudió en tropel a la presentación de La pell (La Segona Perifèria), primera traducción al catalán de la gran novela que el escritor italiano Curzio Malaparte publicó en 1949, un trabajo confiado al buen hacer de Anna Casassas . Ya de entrada la intérprete advirtió al personal que esta no es lectura para “bledes” ni pánfilos; en efecto, las ascuas del texto se comen al lector por los pies. La narración se desarrolla a partir de octubre de 1943, cuando las tropas estadounidenses entran como libertadoras en un Nápoles depravado, roto y decadente, sin agua, sin comida ni luz, un nido de venganzas y saqueos, una ciudad donde las mujeres se prostituyen por un paquete de cigarrillos, con una peluca en el pubis, si hace falta, pues los oficiales afroamericanos las prefieren rubias. Los soldados traen consigo la peste de la corrupción.

Miquel Adam, Ada Klein, Melcior Comes y Anna Casassas, el martes, en La Central de la calle Mallorca
Miquel Adam, Ada Klein, Melcior Comes y Anna Casassas, el martes, en La Central de la calle MallorcaMané Espinosa

Pese a la lluvia encadenada, se acerca bastante gente a la sala superior de la librería La Central, la de la calle Mallorca, un público deseoso de escuchar a la traductora –avistamos entre los presentes a su hermano, el poeta Enric Casassas – y a sus acompañantes: el editor, Miquel Adam , y los escritores Ada Klein Fortuny y Melcior Comes , quien clava el libro con tres adjetivos: “magnético, vivo, procaz”. Ambos autores leen extractos escogidos de la obra: Klein, el arranque; y Comes, ese fragmento clave en que el narrador intenta explicarle a un general norteamericano algo pardillo que, en circunstancias tan extremas, en medio del hambre, el asco y la sangre, caben pocas actitudes grandilocuentes, excepto salvar el maldito y sucio pellejo, “la schifosa pelle”.

La Segona Perifèria presenta la traducción al catalán de ‘La pell’, la posguerra italiana según Malaparte

La piel constituye sin duda uno de los mejores testimonios literarios sobre la posguerra de la segunda guerra mundial. No se entiende por qué ha permanecido tanto tiempo sepultada bajo las telarañas del tiempo, de no ser por la personalidad controvertida del autor, un hombre ambicioso, oportunista y algo cínico, un tipo pagado de sí mismo, un chaquetero que participa en la marcha sobre Roma de Mussolini en 1922, un fascista que luego disimula e intenta ingresar en el Partido Comunista Italiano. Un hombre antidogmático, como recordó el editor Adam, a quien le dieron de todos lados.

Malaparte es autor también de Kaputt (Galaxia Gutenberg), fruto de su experiencia como corresponsal de guerra en el crudelísimo frente del Este, otra novela autobiográfica que nos conduce al segundo acto escogido esta semana: el diálogo que mantuvo el miércoles Carmen Claudín , experta en el espacio postsoviético, con el escritor ucraniano Andréi Kurkov en torno a los cambios que la guerra en Ucrania está infligiendo sobre la piel correosa del Viejo Continente. Los bomberos salimos con el ánimo cabizbajo del Instituto Francés. Frente a una Europa soñolienta y fuera de juego, “la gasolina de Putin es el odio”, en palabras de Kurkov.

El novelista Andrei Kurkov conversa con Carmen Claudin en el Institut Francès 
El novelista Andrei Kurkov conversa con Carmen Claudin en el Institut Francès Mané Espinosa / Propias

Si con Malaparte seguimos las huellas de un dandi baudeleriano que pasea por las ruinas de Nápoles, también transitamos las calles actuales de Roma de la mano de Isabel Coixet . Hasta los topes se encontraba el lunes la Sala Chomón de la Filmoteca en el preestreno de la última película de la cineasta catalana, Tres adioses , basada en algunos de los cuentos contenidos en Tres cuencos. Rituales para un año de crisis (Altamarea), de la escritora sarda Michela Murgia, fallecida de cáncer hace tres años. ¿Cómo posar la mirada sobre la capital italiana, vecchia puttana ? ¿Cómo volver a filmarla después de Fellini, Pasolini o Sorrentino? Tremendo reto. Coixet lo consigue en un Trastevere de desconchones, de damas que pasean perros que se les parecen y señores de 85 años que te hacen “un capuchino que te mueres”, un barrio que, como tantos otros que nos pillan más cerca, resiste el embate del turismo. Al final hubo un coloquio con Bob Pop , humorista y mediático aspirante a la alcaldía de Barcelona por los Comuns.

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