La música vira a la derecha
Nueva tendencia
Meconios y otros colectivos reactivan la crítica

Los Meconios junto a Infovlogger en la fiesta Europa Viva 22 de Vox

Pedro Sánchez “Es imponente, un hombre con grandeza/Es la esperanza contra la 'fachosfera’/Él es capaz de sumirte en la miseria/Y tu ser feliz como un día en la feria”. Esta definición no es una adaptación rimada de una columna de Federico Jiménez Losantos, sino una de las estrofas que ha hecho famosos a los Meconios. Este dueto de tintes humorísticos formado por Sergio C. Martínez y Mario Camps saltó recientemente a la fama después de que Isabel Díaz Ayuso, fan declarada de la banda, subiera al escenario del concierto que celebraron en Arganda del Rey.
Comedida, la presidenta madrileña se limitó a cantar Feliz Navidad con la formación satírica valenciana, pero el vínculo con las letras mordientes había quedado claro, tan claro como que a Ayuso le gusta la fruta al igual que se declara fan de Depeche Mode. La discípula de Miguel Ángel Rodríguez lleva en el brazo un tatuaje con el símbolo del disco Annihilator, uno de los más conocidos de la formación británica, que a su vez se ha convertido en favorita de la nueva derecha liberal. A tal punto ha llegado la simbiosis que uno de sus fundadores, Martin Gore, tuvo que desmentir cualquier vínculo con este movimiento y mucho menos con los predicados que defienden.
Ayuso representa, de cualquier modo, la evidencia de que el pensamiento conservador ya no se oculta tras la música melódica clásica y sin matices políticos, tan valorada por los círculos de poder franquistas, ni tampoco realiza el gesto fascista en los elocuentes ámbitos de la ultraderecha, donde se presentan grupos como Estirpe Imperial o Pugilato, rodeados de abundantes muestras de iconografía fascista.
De hecho, su trayectoria transita hoy por las mismas vías de la música comercial, aproximándose al pop, el rock, el rap y los ritmos urbanos, además de agrupaciones de base cristiana, como la triunfante Hakuna. La ideología conservadora ha alcanzado al gran público suavizando su discurso, mientras se distancia de los planteamientos radicales de la música ultra. Sus mayores defensores, VOX, optan actualmente por estilos masivos como se evidencia en sus eventos Europa Viva, encuentros multitudinarios que la formación de extrema derecha organiza cada año en Madrid donde, junto a los Meconios, han participado músicos como el antiguo integrante de Barón Rojo Sherpa o los raperos Santaflow y Angie Corine, quienes han integrado en sus canciones la retórica patriótica y opuesta al feminismo que sostiene desde hace tiempo la organización de Santiago Abascal. Simultáneamente, los representantes del PP asisten a recitales de grupos cristianos para fidelizar a sus seguidores mientras ambas facciones ignoran al movimiento ultra, reducido aunque constante.

“¡Viva el comunismo!/Ja, te imaginas?/Que entro en mi casa y tengo un okupa en la cocina/Que de todo lo que gano, la mitad va pa’ la vecina/Y la otra mitad pa’ Pedro pa’ que viaje a Filipinas”. Tales son las letras que reivindica Angie Corine, quien al superar los 700.000 seguidores en Instagram se ha erigido como el icono del rap de extrema derecha. Esta youtuber de raíces polacas y estadounidenses afincada en Madrid es conocida de los Meconios, los cuales en 2022 suscitaron una controversia cuando asociaciones de memoria histórica instaron a que la Fiscalía interviniera por la canción Volver al 36, en la que entonan: “Somos la resistencia, somos fachas/ los podemitas son la democracia./ Si votas al PP eres franquista/ y si te gusta Bildu un pacifista”.
“No nos gusta que nos digan lo que podemos o no podemos hacer, creemos en la libertad y en que todo es criticable” afirma el Meconio Sergio Martínez. “Es verdad que ahora criticamos al gobierno o al wokismo porque creemos que son muy criticables y además dan mucho juego a nivel humorístico”, añade para matizar que “el día de mañana no nos cerramos a criticar al PP o VOX, tampoco es que se nos pueda encasillar aunque del contenido de nuestras canciones seguramente se pueda sacar esa conclusión”.
Los Meconios han apostado por la sátira política de trazo grueso empujados por el éxito que consiguen, eso sí, sin renunciar a lo que piensan. “No vamos a hacer una canción a favor de Podemos porque pensemos que va a ser comercial, pero buscamos hacer cosas que nos vayan a dar rédito. Si hacemos El Rufi es porque pensamos que va a funcionar” comenta del tema dedicado a Gabriel Rufián, que “Se hizo político para poder trincar/con el cuentito dels ‘Països catalans’”. De ahí que dejen claro que no cobran de ningún partido, “no estamos casados con ninguna sigla, defendemos la libertad y que somos muy españoles y mucho españoles, como diría Rajoy”.
Esta combinación de humor ácido y activismo político causa que, al rastrear sus temas, el sistema de recomendaciones sugiera grupos tan dispares como Ojete Calor, referentes del subnopop, y Estirpe Imperial, antiguo conjunto del ámbito neonazi. “Con Ojete hay parecidos, entiendo que pueda relacionarse con ese electropop de los 80 o 90 en canciones como la de Sara Santaolalla o Pedro Sánchez, pero ellos hacen subnopop y nosotros meme político, memepop”, señala Martínez, quien rechaza todo vínculo con Estirpe Imperial, “pero el algoritmo de Spotify es un poco caprichoso”.
“Los Meconios tienen una ideología conservadora, tradicional, pero los grupos de extrema derecha ya son xenófobos, racistas, incluso misóginos” señala la docente de Periodismo y Comunicación Isabel Martín-Sánchez para establecer la distinción entre la música de derecha y la de extrema derecha, promovida desde los años 80 por agrupaciones ligadas al movimiento RAC, siglas de Rock Against Communism (rock contra el comunismo), que hasta el momento representaba la única corriente que manifestaba abiertamente sus postulados derechistas, a menudo neonazis y usualmente marginales.
Dichos colectivos, tales como los extintos Batallón de Castigo o los barceloneses Jolly Rogers, se sirven de la música para captar y vincular a las personas, principalmente jóvenes, a los ideales de la extrema derecha. “Utilizan la música porque es un elemento amable, bajo la diversión te están calando un mensaje que, si lo escuchas de un político o un discurso tradicional, no entra tanto”.
La indumentaria y los emblemas representan rasgos distintivos de quienes siguen este género musical, abarcando desde la cruz de Borgoña de los tercios hasta la cruz gamada. “Es un universo que les sirve para llegar a esa ideología de forma más benévola” señala Martín-Sánchez, quien rememora que Estirpe Imperial contó con un puesto propio durante un evento de Vox en el cual comercializaba diversos artículos con iconografía nacionalista, “es una indumentaria dirigida a gente joven, lo mismo que está haciendo Trump con la gorra”, indica. “Quienes van a esos conciertos llevan esa vestimenta, hacen los mismos gestos, cantan la misma música, es un movimiento coral que provoca una identidad frente al otro”.
El restarle importancia a los iconos fascistas ha influido en la juventud al extremo de que el Cara al sol, himno del falangismo, se posicionó hace cinco años en el quinto lugar de las melodías más oídas en Spotify. “No saben lo que significó, hay un desconocimiento de la dictadura y lo ven como algo bonito, porque realmente es un poema cantado, y se viraliza”. Si dichos movimientos no se extienden es debido a que topan con el obstáculo de la ley de delitos de odio, “no crecen porque judicialmente no se les permite, hay una fiscalía de delitos de odio constantemente vigilando” comenta la docente.
Esto causa que las formaciones de extrema derecha utilicen medios de contacto privados para eludir el hostigamiento en redes sociales. “En cuanto un grupo sube un vídeo los supervisores lo quitan inmediatamente, pero sus fans son muy activos y siempre están tratando de zafarse de esta censura”. Por tal motivo, resulta bastante sencillo localizar estas canciones en internet, “llegan a un público minoritario, pero llegan”.
Dichos colectivos suelen tener vínculos con el entorno de los hooligans del fútbol y bastantes de sus integrantes han cumplido condenas. Ocurre así con Batallón de Castigo, surgido en la cárcel de Alcalá Meco por reclusos de filiación neonazi, o Torquemada 1488, agrupación unida a las Brigadas Blanquiazules del español, que a través de su nombre rendían pleitesía al inquisidor que hostigó a los judíos. “Forman un universo de propaganda ultra que utiliza la música en encuentros donde incluso utilizan juegos de tipo medieval, les atrae esta puesta en escena que emboba”.
Careciendo de una postura política clara, aunque apoyados principalmente por una audiencia de tendencia conservadora, surgen los grupos de música cristiana, los cuales se han multiplicado recientemente con gran acogida. Sobresale entre estos Hakuna Group Music, agrupación que el reciente 12 de enero congregó a 12.000 asistentes en el Palacio de Vistalegre de Madrid con el fin de lanzar su álbum más reciente, Tú, una obra que pretende ser “de alabanza a Dios por ser Dios”, de acuerdo con lo expresado por la representante del conjunto, Macarena Torres.
Este grupo surge del colectivo Hakuna, establecido por el clérigo José Pedro Manglano, integrante del Opus Dei, a raíz de la Jornada Mundial de la Juventud del 2013 organizada en Río de Janeiro. Doce meses más tarde se originó el conjunto artístico, el cual durante este periodo ha lanzado siete álbumes acumulando por encima de 14 millones de escuchas en Spotify, 387 millones de reproducciones en TikTok y 150 mil seguidores en plataformas digitales, destacando la canción Huracán como su principal triunfo al llegar a la cuarta posición en Spotify.
El éxito de Hakuna Group Music es el elemento más visible de un movimiento que cuenta con grupos de oración y formación además de organizar acampadas y otros eventos. Sin vinculación política alguna y “al servicio de la sociedad en su sentido más amplio”, como destaca Macarena Torres, la agrupación está amparada tanto por el papa Francisco como por León XIV.
Dentro de España, y particularmente en Madrid, Hakuna ha llevado a cabo eventos masivos como aquel que juntó a más de 60.000 individuos en la plaza de Cibeles en 2023, o el lleno total en el Movistar Arena de 2024, con 17.000 asistentes. En uno de sus últimos actos de gran concurrencia, el pasado 22 de diciembre, Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo estuvieron allí para interpretar temas navideños con la agrupación, situada en el balcón de la Real Casa de Correos de la capital de España.
“Tampoco es que hayamos tenido la intención de convertirnos en eso, pero al final creo que es un poco la canción protesta del siglo XXI” Martínez medita sobre la función de los Meconios. “Muchas veces se ha asociado a los grupos punk, en Catalunya hay grupos con marcados tintes independentistas y no se pone el grito en el cielo. Sin embargo con nosotros parece que Franco se vaya a subir al tablado, y ni mucho menos” simplemente la música se ajusta a las épocas para satisfacer cada preferencia.

