Jonathan Nott: “Yo soñaba con ser tenor y en el Liceu podré estar cerca de los mejores”
El nuevo director musical del Gran Teatre dirigirá dos o tres óperas por temporada

Jonathan Nott ayer en la platea del Gran Teatre

Jonathan Nott se presentó ayer en el Liceu como flamante nuevo director musical de la institución a partir de la próxima temporada, cuando ofrecerá el primer título de la tetralogía wagneriana que pone en marcha el teatro de la Rambla. Y aunque esta figura de la dirección orquestal contemporánea no necesita presentación –pasó 16 años como titular de la Sinfónica de Bamberg, nueve con la Suisse Romande y ahora lleva diez con la de Tokio–, ha llegado a Barcelona con las credenciales bien abrillantadas.
La ópera nunca le ha abandonado. Es el género que despertó de niño su pasión, cuando, educado en el canto coral, soñaba con ser tenor. Llegó a cantar algunos títulos –Malcolm en Macbeth de Verdi, La straniera de Bellini–, pero pronto vio que no tenía posibilidades. Fue así que comenzó siendo repertorista en la Ópera de Frankfurt y kapellmeister en la de Wiesbaden. Y a pesar de lo difícil que es encontrar tiempo para dirigir ópera escenificada siendo director principal de una orquesta sinfónica, el maestro británico no ha dejado de hacer títulos en versión concierto. Y a los cantantes les pide que no usen partituras para dar continuidad a la acción, lo cual no quita que sea muy protector con ellos, pues sabe lo que es estar en el escenario y necesitar que “esto y lo otro se respire, se apoye”.
Pons ha cedido a Nott el podio en ‘Nijinsky by Neumeier’ en abril, pero su primera ópera será ‘El anillo’, en el 2027
“Yo quería ser Franco Corelli, quería ser el mejor tenor del mundo, y lo intenté. Así que lo que representa el Liceu ha sido parte de mi vida desde el principio. Crecí con la ópera. Para mí, cada nota musical trata sobre el canto, la línea, el color, la frase y la respiración. La llamada del Liceu llegó como si fuera una señal. Me encanta la idea de estar cerca de los mejores cantantes del mundo”.
Pero hay otros atractivos que le llevan a aceptar el cargo sin dudar. Uno de ellos es la gran interacción social que practica el Liceu. “Me conmueve todo este trabajo social que es parte del faro que el Liceu envía al mundo”, dijo, recordando los orígenes obreros de sus abuelos en la Inglaterra central (él nació cerca de Birmingham, en 1962) y el paso de ir a la universidad que dieron sus padres. “Cuanto más lleno está el mundo de personas en la cima que no están particularmente cultivadas, que usan palabras agresivas y toman decisiones unilaterales, más tenemos en la cultura un papel que desempeñar para cultivar a la sociedad”.
El talante de este maestro inglés que estaba en la lista de los deseados por los músicos del Liceu es el de alguien que huye de ostentar el poder. Prefiere sugerir ideas que la orquesta pueda hacerse suyas. “Nuestro trabajo es recordar que solo puedes usar la mitad de tu cerebro en el cómo, el resto es para el por qué”. Y añade: “Uso la música como prueba de que existe otro mundo. Llámalo cielo u otra dimensión. Es de donde creo que venimos y este otro mundo no tiene gravedad. La música yo no la quiero con la gravedad que me tira hacia abajo. No me gusta pegada al suelo. Hay directores que esto no les hace sentir seguros y en control. Es otro tipo de gusto musical. Yo a los cuatro años quería cantar porque sentía que podía volar con la música. No había gravedad. Así que me gusta la música que siempre se mueve”.
Nott se encontraba dirigiendo la tetralogía wagneriana en Basilea cuando recibió la llamada del Liceu. Puso solo dos condiciones: conocer a la orquesta y a los equipos del Liceu, y que los músicos le quisieran a él. Pero es que Nott ya figuraba en su lista de deseados para sustituir a Josep Pons. Para que empiece a trabajar con la orquesta sin esperar año y medio, el director saliente le ha cedido el podio en Nijinsky by Neumeier .
En cuanto al repertorio, Nott asegura que de joven adoraba la chanson francesa y la ópera italiana. “Aunque en los últimos lustros ha hecho mucho repertorio alemán, lo cual es fantástico, dado que somos la primera casa que hizo Parsifal fuera de Bayreuth avanzándonos a la medianoche”.
En el Liceu, cuyo director artístico, Víctor García de Gomar, alaba la lucidez intelectual y “una intensidad expresiva que conjuga rigor analítico e impulso poético”, espera hacer los Puccini que no haya hecho aún ( Manon o La fanciulla del West ), pero también estrenos contemporáneos. “Y me gustaría encontrar un enfoque nuevo: hemos hablado de hacer algo de La Fura dels Baus, porque recuerdo esa experiencia con su Parsifal en Colonia, con proyecciones de coches de carrera en la que hay un accidente y asumes que alguien ha muerto, todo va rápido con esta música lenta. Nunca habría imaginado algo así”.
Este artista que practica el reiki lleva 27 años viviendo en Lucerna. El Brexit le dejó sin derecho a voto en ninguna parte, pero quiere pasar tiempo en Barcelona. Por lo menos, las siete semanas que le lleve cada ópera que dirija, que por contrato serán dos y en algunos casos tres. Además de dos de los cuatro conciertos sinfónicos de la Orquestra, que tendrán abono. “Estaré desde el primer al último ensayo, lo que significa que necesito un piso en Barcelona, que dé tiempo para aprender catalán. Además, mi hija de 17 años está emocionada. Mi intención es dedicar la siguiente parte de mi vida a este lugar en el mundo”.