Cultura

David Uclés manifiesta que aquellos que anteriormente lo

Entrevista

El autor detalla su obra más nueva, 'La ciudad de las luces muertas', que obtuvo el Nadal, abordando sus raíces y la controversia con Pérez Reverte.

David Uclés con la estatuilla del premio Nadal por 'La ciudad de las luces muertas' 

David Uclés posando con el galardón del premio Nadal que recibió por 'La ciudad de las luces muertas' 

Pau Venteo / Shooting

Las controversias le acompañan y lo mismo es tildado de fascista por ausentarse de un foro titulado La guerra que todos perdimos junto al antiguo cargo de Vox Iván Espinosa de los Monteros que es atacado con dureza, incluso por la boina que utiliza desde los 16 años. Sin mencionar a quienes cuestionan su excesiva visibilidad en los medios. A pesar de ello, David Uclés (Úbeda, 1990) se muestra tranquilo y lanza esta semana La ciudad de las luces muertas (Destino, en castellano y catalán), el libro con el que obtuvo el Nadal completando una etapa. 

Si el premio Nadal inaugural fue para Carmen Laforet por Nada, ambientada en la Barcelona de la temprana posguerra, hoy Laforet protagoniza la onírica La ciudad de las luces muertas, situada en una Barcelona que las contiene a todas. La penumbra se cierne de nuevo sobre la urbe tras un corte de luz en el que, asombrosamente, convergen las Barcelonas de cada periodo, las de las contiendas, el modernisme, el boom latinoamericano y la afluencia de turistas, junto con sus habitantes, de Gaudí a Rodoreda, de Roberto Bolaño a Jean Genet, de Montserrat Roig a Orwell, de Picasso a Pepe Carvalho, y de Lorca a Rosalía. 

Una sucesión de identidades con matices de misterio que funciona como una oda hacia Barcelona y la cultura catalana, iniciándose con un tributo a Carlos Ruiz Zafón.

¿De dónde sale David Uclés?

Del olivar. Lo cierto es que no me considero demasiado como una figura. No sabría qué contestar.

¿El olivar pesa?

La vida entre olivos posee aspectos hermosos, aunque otros resultan difíciles. Crecer en una localidad pequeña hace que las jornadas parezcan interminables. Mis progenitores jamás me obsequiaron una lectura, ni me invitaron a ver películas o a comer fuera. Mi entorno familiar fue sumamente sobrio y precavido con el dinero, sin proporcionarme recursos intelectuales, por lo que debía inventar mi propia diversión. La naturaleza servía como mi refugio personal, una experiencia que termina moldeando tu carácter. Mi progenitor ejerce como guardia civil. Mi hermana me advertía que bajo ningún concepto revelara mi orientación sexual, pues me expulsarían del hogar. Di el paso a los 23 años. Mi abuelo, a quien adoraba profundamente, comentaba al ver a alguien con amaneramiento en televisión: Mira, un indeseable igual que tu hijo. Y yo estaba allí presente. El entorno recordaba bastante a la década de los treinta, con la diferencia de que tras el almuerzo se sintoniza Canal Sur. Resulta precioso y posee un valor inmenso, pero simultáneamente genera una gran sensación de ahogo. Residía en Úbeda y me desplazaba hasta Linares o Cazorla para encontrarme con algún muchacho, regresando luego para contarle a mis amistades que había estado con una joven de nombre Azucena. Además, el acoso era constante.

¿Ser homosexual le ha marcado?

Afirmativo. En mi niñez padecí acoso, me arrojaban piedras y me daban golpes. Esa experiencia me mostró que la crueldad es propia de ciertas personas y que yo no podía evitarlo. Comprender que existen seres malintencionados me ha resultado útil. Al madurar, notas que esos individuos conservan su maldad, pero ahora te agreden con otros recursos. Hoy me lastiman con el discurso, mientras que antes lo hacían con varas. Son idénticos. Miro grabaciones sobre mi vida en internet y me planteo cómo alguien que me desconoce puede sentir tal desprecio. Finalmente, pienso que son iguales a aquellos que, cuando tenía siete años, agarraban un metal para pegarme entre varios en los cerros de Úbeda.

“Desde siempre en esta nación se ha conocido quiénes resultaron ser los victoriosos
y quiénes resultaron derrotados en la guerra civil

¿Hay mucha diferencia entre la personaje David Uclés y la persona?

En absoluto. Siempre he destacado por ser alguien diferente, para bien o para mal. De pequeño, presentaba experimentos en clase semanalmente; para las explicaciones del aparato digestivo unía tubos y les ponía Fairy simulando comida... Mi creatividad ha sido constante. Llevo interpretando música con la guitarra desde los 15 años, disfruto compartiendo mi arte, algo que echo de menos de los encuentros. Todos los rasgos que perciben en mí han estado presentes siempre. La gorra me acompaña desde hace 20 años. No se trata de una actuación.

Y sin embargo parece causar mucho hater en redes.

La obra continúa en el primer puesto tras dos años, lo cual conlleva una gran visibilidad. ¿Cómo actuar si me convocan a una localidad y acuden 300 individuos entusiasmados? ¿Acaso no debo publicarlo en mis perfiles sociales? ¿Qué ocurre si solicitan mi colaboración en periódicos para redactar acerca del conflicto bélico? Mis expresiones tienen lugar en plataformas de opinión pública y en mis cuentas personales. Aquel que se sienta harto de mi presencia, simplemente puede dejar de seguirme. Comprendo que el exceso de imagen fatiga, que aparezco en cualquier sitio y hay público que se agobia. Personalmente, disfruto de las películas de Oliver Laxe y las canciones de Rosalía. Se encuentran presentes en todas partes y uno termina algo saturado. No obstante, es una consecuencia inevitable del triunfo.

¿Acaso su enfrentamiento con Pérez Reverte debido a los encuentros que terminaron suspendiéndose evidencia que todavía carecemos de un consenso sobre lo que significó la guerra civil?

La consigna de los encuentros de Reverte evidencia que bastantes personas sostienen visiones arriesgadas sobre los sucesos acontecidos. 

Critican que se intente suavizar lo ocurrido en

La guerra no la perdieron todos.

Resulta tan irracional que me cuesta expresarlo con claridad. Históricamente en esta nación siempre ha estado claro quiénes fueron los ganadores y quiénes los derrotados. Carece de sentido ignorar esa realidad en la actualidad. Esto no significa que la población entera no padeciera durante la contienda. La gente común. Franco y los líderes principales, por el contrario, no lo hicieron. Sostengo la postura de que existió una guerra civil, aunque su origen no fue ese, sino una sublevación militar que derivó en un enfrentamiento interno. El conflicto fue finalizado por quienes lo iniciaron, estableciendo posteriormente 40 años de opresión. Es algo evidente, a pesar de que algunos intenten suavizarlo afirmando que ambos bandos cometieron errores, un argumento que resultaría inaceptable al hablar de otros sucesos como el nazismo.

¿Qué le decidió a bajarse, el lema o los invitados?

La publicidad resultaba desagradable, con las dos enseñas ardiendo en dimensiones iguales, el eslogan tan neutral y los nombres por orden alfabético de los suscriptores provocaba inquietud. Si utilizas como título ‘La guerra civil’, acudiría, aunque comparta espacio con personas que no estimo y que han lastimado mucho al estado. Sin embargo, ese mensaje con esos sujetos es lo peligroso. Reconozco mi fallo porque estaba al tanto del lema, pero asisto a eventos diariamente y me confié, no me detuve a meditarlo. Posiblemente la frase sin esos asistentes... Pero esa unión... Me encuentro calmado.

¿Incluso enfrentándose a un tótem como Pérez Reverte?

No lo he confrontado yo, sino que él me ha buscado a mí. No he opinado sobre su manera de escribir. Solo hablé de la ceremonia a la que me invitaron. Él, por el contrario, sí ha dicho mucho sobre mí.

¿Cómo surge 'La ciudad de las luces muertas'?

Durante 2021 descubro la existencia de las becas Montserrat Roig, las cuales requieren para la postulación una propuesta vinculada al pasado literario de Barcelona junto con un fragmento de cinco folios. Tras indagar y observar el impresionante legado histórico de la urbe, surge la idea de entrelazar las distintas épocas. Concibo el concepto del corte de luz y redacto un capítulo centrado en Simone Weil redactando una misiva para Camus. Ella sale al exterior y en ese instante sucede el apagón. 

Aunque no obtuve la subvención inicialmente, aquellas hojas me permitieron triunfar en un certamen de cuentos. Volví a postularme a dicha ayuda utilizando la propuesta idéntica, pues carecía de margen para modificarla. Únicamente les comenté que desconocía los motivos por los que me la denegaron el curso anterior. El trabajo ya incluía un tributo a diversos autores. Finalmente me la concedieron. Me trasladé a Barcelona durante seis meses, aunque la financiación apenas cubría dos. Diariamente trazaba el plano de Barcelona para aprenderlo de memoria y recorría la urbe cada jornada para absorber su esencia. Sucedió en la misma época que La península de las casas vacías, si bien jamás las redacté de forma simultánea.

¿Este desorden, este espectáculo que ha forjado en 'La ciudad de las luces muertas', funciona como un tributo a Barcelona?

Sentí una fijación por Barcelona. Su arquitectura me resulta cautivadora. Siento un gran respeto por sus autores. El relato se fue gestando de forma gradual. Indagué sobre Montserrat Roig, descubrí el suceso de la Caputxinada y decidí incluirlo. Acudí a la librería Ona para consultar al encargado sobre tres títulos destacados en lengua catalana y adquirí Solitud, La mort i la primavera y Vida privada de Sagarra. Sus figuras retóricas eran tan potentes que debí incorporarlas. Igualmente con Rodoreda; considero casi propio del realismo mágico su huida en un bibliobús durante el conflicto bélico. Las piezas fueron acoplándose. Mi intención era que la obra ofreciera múltiples lecturas, dejando al lector en la incertidumbre sobre el motivo del apagón.

Denuncian rechazo a su nuevo libro por catal

Está más entusiasmado por la ciudad que algunos barceloneses.

Resulta innegable que el turismo la satura, la esencia de los barrios se ha perdido y los negocios son de grandes marcas, pero casi cualquier urbe padece lo mismo. Posiblemente Barcelona lo experimente de forma más aguda. Aun así, mantiene su encanto a pesar de los maltratos recibidos. Por la presión turística, el control central del Estado, las limitaciones impuestas a su puerto y los conflictos internos de la sociedad catalana en tiempos recientes. Con todo, irradia una luz especial. Y cuenta con un enorme potencial. Culturalmente actúa como una gran capital de Europa, poseyendo una identidad sumamente genuina. Por ese motivo atrae a tantos viajeros.

Va usted a contracorriente respecto a un cierto sentir en el resto de España.

Pienso que la aversión hacia lo catalán que algunos muestran no se encuentra entre mis lectores. Barcelona no es partidaria de la independencia ni del nacionalismo español. Barcelona sigue siendo Barcelona. Quien no lo entienda así, ignora una maravilla. Pero sí, la catalanofobia es real. Hay individuos que me contactan para decir que no leerán mi novela, alegando que los catalanes ya me han ganado. Por mi parte, me siento íbero, y Barcelona constituye una de las capitales de mi Iberia soñada. Confío en que el relato ayude a eliminar en ciertas personas el prejuicio que les han inculcado.

Tras ser increpado por su vínculo con Az

¿La oscuridad de su novela es el fascismo, la melancolía de la protagonista?

Existen diversas interpretaciones. Cada persona elegirá la que más le impacte. Se percibe como el fascismo, pues son las corrientes que están asfixiando a las naciones occidentales recientemente. Puede entenderse como el turismo a gran escala, como el desvanecimiento de la esencia de las urbes. Se puede observar como la propia naturaleza humana, el hecho de encerrarnos en cubículos bajo el suelo, resulta repulsivo. ¿Cuál es nuestro propósito en este lugar? Para mí, esa representa la mayor tiniebla. Asimismo, podría ser un relato sobre la trayectoria de Carmen Laforet, la presión que experimentó porque su creación, Nada, parecía destinada a eclipsarla permanentemente, su vivencia en un entorno patriarcal y la dolencia que sufrió al concluir sus días, que es el peor infortunio para un autor: el olvido.

¿Le preocupa el momento actual?

Fue ayer cuando, al atravesar Malasaña, alguien me recriminó por vez primera en plena vía pública. ‘¿Eres tú el que está con Aznar? Qué desfachatez’. Aquello me dolió. Hoy me han llegado a desear que muera. El fascismo acarrea esta clase de conductas. Caminar de la mano con mis parejas por la ciudad siempre me ha generado temor. Recibí agresiones físicas durante mi juventud. Actualmente ese sentimiento de inseguridad persiste. Dicha inquietud se ha duplicado, dado que existen representantes de la población en los organismos oficiales que respaldan estas conductas o evitan condenarlas. Me veré obligado a recortar mi cabello.

Justo Barranco Martín

Justo Barranco Martín

Periodista

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