La casa Batlló se mueve al son del mapeo más bailarín
Creaciones de vanguardia
Matt Clark despliega en la fachada del edificio un espectáculo de danza contemporánea y geometría

Uno de los momentos del mapeo en la casa Batlló.

Desde hace cinco años que el primer fin de semana de febrero en la manzana de la discordia afloran más celos que en Mirall trencat. En este tramo de paseo de Gràcia que va de la calle Aragó a Consell de Cent, a la casa Batlló la maquillan como nunca y la visten con el mejor de los mapeos, esa técnica de iluminación que hace que la fachada de un edificio adquiera volumen y rugosidad. Es entonces cuando todo el personal presente solo tiene ojos para la casa que construyó Gaudí. Y es también entonces cuando la casa Lleó Morera, arrinconada como está allí abajo, le da unos toquecitos con el codo a la casa Mulleras. “¡Tsssst, tssst, ahí la tenemos otra vez!”. Y acto seguido la Mulleras repite codazo con la casa Bonet, y la casa Bonet con la casa Amatller.
Este fin de semana, el culpable de engalanar la casa Batlló para que luzca de noche es el artista británico Matt Clark. Suyo es el mapeo, bajo el titulo Hidden order , con el que la hizo salir a bailar ayer por la noche con la proyección de un sinfín de luces en movimiento en la fachada. Un espectáculo bullicioso y sonoro que tuvo cauitvados de las 19.45 h a las 23 h a un buen número de ciudadanos y turistas en el paseo de Gràcia. El año pasado, la organización calcula que fueron unas 110.000 personas en dos días. Este año, en pleno centenario de la muerte de Antoni Gaudí, no esperan menos gente.
Fueron siete pases de doce minutos cada uno, que representan entre 1 y 1,5 gigas de vídeo para todos aquellos que prefirieron perdérselo a través de la pantalla del móvil. Hoy habrá siete pases más a partir de la misma hora, y será una buena oportunidad para que los que tiraron de flash se den cuenta de que solo sirvió para sacar a relucir la coronilla del de delante.

Por la fachada de la casa Batlló pasaron una infinidad de espirales, círculos concéntricos y líneas curvas que el estudio de Matt Clark, United Visual Artists, casó con las curvaturas del edificio. Balcones cadavéricos incluidos. Todo al ritmo de la soltura compositora del productor y músico belga Daniel J. Thibaut. Su sonido electrónico y las luces de Clark acompañaron, además, los movimientos de unos cuerpos humanos adoptando posturas de danza contemporánea de la bailarina Fukiko Takase proyectadas en la pared. Fueron grabadas hace semanas en el estudio.
Son unas expresiones que Takase coreografió según lo que le inspiraron las curvas del interior de la casa Batlló. Y fueron captadas y almacenadas gracias a una cúpula de 150 cámaras para así reflejar sus movimientos en tres dimensiones.
Antes que Clark, tres artistas más ya habían experimentado el arte del mapeo en la casa Batlló: en el 2022 y en el 2023, Refik Anadol con Living architecture ; en el 2024, Sofía Crespo con Structures of being , y al año siguiente Quayola, con Arborescent . Eso sin contar los tempranos –pero aislados– mapeos que la casa Batlló ofreció en el 2012 y en el 2015.
El equipo usó 150 cámaras para grabar la danza de Fukiko Takase y reproducirla en la pared
¿Por qué este año se ha optado por Matt Clark para el mapeo? “ Como Gaudí, tiene la capacidad de transformar espacios con la luz, solo que Clark lo hace a través de la tecnología,” explica la directora de Casa Batlló Contemporary, Maria Bernat.
Así, con la luz del mapeo Clark consigue alterar la fachada. Como cuando provoca que esos balcones craneales singulares de la casa Batlló proyecten sus propias sombras para hacerlas girar en el sentido de las agujas del reloj.
La hace voluble, también, cuando desposee a la fachada de toda solidez para que se convierta en un líquido en el que reverberan los círculos concéntricos que provoca la caída de una gota en la superficie del agua. Y la dota de relieve cuando afloran multitud de cuerpos, todos de Takase, moviéndose en círculo, en espiral. Son figuras humanas que van aquí y allá, rotando sobre sí mismas. Son esos antebrazos de Takase tomando como eje los codos a riesgo de dislocárselos en un mal gesto.

En el espectáculo abundan igualmente las figuras geométricas. Por complicidad con Gaudí, que aseguraba que eran generadoras de orden en la naturaleza. Y las líneas curvas, que el arquitecto identificaba con Dios.
En ocasiones, el mapeo usa todos esos elementos para generar caos. Un ejemplo: los instantes en los que las figuras humanas parecen estar a merced de la voluntad de remolinos. Otro: esos dos momentos de explosión de luces y movimientos seguidos de una quietud repentina que llevan a pensar que los cazafantasmas Bill Murray, Dan Aykroyd y Harold Ramis están dentro de la casa Batlló trabajando con disparadores nucleares de protones.
En todo caso, el espectáculo tiene un efecto cautivador. Tanto o más que las cuatro últimas proyecciones de mapeos en la casa Batlló. Todas han contribuido a hacer que Barcelona sobresalga como ciudad puntera en arte tecnológico. “En Barcelona ya hay un ecosistema audiovisual muy grande, y nosotros formamos parte de él para darle una voz más alta”, opina Bernat.
Las proyecciones en el edificio de Gaudí son un paso más para que Barcelona sobresalga en arte tecnológico
Pero el arte digital acostumbra a ser efímero. Lo es esta propuesta de la casa Batlló. El lunes, Clark ya habrá recogido los bártulos. Será entonces cuando la casa Amatller dejará de mantener los brazos en jarras en señal de impaciencia, la casa Bonet dejará de tener el codo marcado de la casa Mulleras, y la casa Mulleras el de la Lleó Morera. Y los celos desaparecerán hasta el próximo año, cuando otro artista sea elegido para otro mapeo y quiera bailar con la señora Batlló.