Salsa, el ritmo que vincula a América Latina.
Música “bolivariana”
Un recorrido sin precedentes de la salsa pasará por diez naciones fundamentales para este estilo musical de Latinoamérica.

Enmarcado por construcciones que progresan mientras Cali transforma su núcleo antiguo en un punto de referencia para los amantes de la salsa, el Museo de la Salsa en el barrio Obrero representaría un tributo al vigor “bolivariana” de este género musical afrocaribeño.
Propagándose por el continente desde la década de los setenta, la salsa conforma actualmente una esencia sonora latinoamericana. Cali, que se autodefine como la “capital de la salsa”, sitio donde las danzas de salsa los viernes y sábados en espacios abiertos en la calle del Sabor aventajan al reguetón en pasión y vitalidad, acaba de presentar una Ruta americana de la salsa, que integrará a diez naciones.
Dentro del museo, los estandartes de seis o siete naciones, del Caribe y otras latitudes, suspendidos de muros saturados con retratos de centenares de artistas de salsa, se amalgaman en una única pista musical.
Cuba: allí se encuentra la imagen dionisiaca de Celia Cruz, profundamente habanera, si bien residió casi toda su existencia en Miami. En imágenes de tono sepia, los pioneros del género salsero: Arsenio Rodríguez, Benny Moré y la Sonora Matancera, cuyas agrupaciones y grandes bandas de mambo, chachachá y son establecieron durante las décadas de los treinta y cuarenta los cimientos del estilo que surgiría después.
Puerto Rico: los pilares de la transformación salsera vinculada a la contracultura de los años setenta, Héctor Lavoe, Adalberto Santiago, el “incomprendido” Ismael Rivera, Willie Colón (puertorriqueño aunque nativo de Nueva York ), Bobby Cruz de los Fania All Stars. Sin omitir al exponente de salsa más popular del presente: Marc Anthony.
Panamá: Rubén Blades sobresale, ante todo, por composiciones que ya integraban demandas sociales y políticas, además del innovador álbum, Siembra, que Baldes realizó junto a Wille Colon. Al costado se halla la insignia de la República Dominicana con Johnny Pacheco, iniciador de los Fania y Santiago cerón, en la parte frontal.
Venezuela: Nelson Henríquez, Óscar D’León, cuyo tributo al barrio Obrero de Cali —Me Voy pa’ Cali—. “Deseo que Colombia y Venezuela se unieran y que sin política se dieran la mano”, constituye la validación del propósito “bolivariana” de la salsa.
Colombia: Más exactamente Cali, sitio donde surgieron Jairo Varela y el Grupo Niche, iniciadores de la salsa romántica —el magnífico Nuestro sueño—, pero con un sentido de identidad afro —Niche equivale a negro— en piezas como Etnia. Cali ha inaugurado recientemente una escultura para Varela en una zona verde contigua al museo.
“La raíz era Cuba; los primeros ritmos llegaron aquí a Cali en los años veinte a través de Radio Progreso; ahora la salsa es toda América”, señala Brandon, el guía de corta edad que encabeza el recorrido y las danzas en el museo. El público proviene de distintos territorios, desde Ecuador hasta Puerto Rico, sumando a varios de Bogotá. Calzan tenis, el equipo más apto para ejecutar la vigorosa salsa caleña.. “Aquí en Cali decimos a los demás: ‘No es que usted no sepa bailar, pero usted baila a 33 RPM; nosotros a 45”.
Video Entrevista Noel Marquez, Andy Robinson
Con el fin de obtener el aval de la Unesco como patrimonio inmaterial de la humanidad, los mandatarios de Cali se han unido a sus colegas de Puerto Rico —incentivados por figuras legendarias de Puerto Rico que manifiestan gran aprecio por Cali, como Henry Fiol o los Hermanos Lebrón— para establecer la Ruta americana de la salsa. Los estados de Latinoamérica que conformarán este trayecto son Cuba, Puerto Rico, Panamá, República Dominican, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, e incluso Chile y México, evidenciando la trascendencia “bolivariano” de la salsa.
No obstante, se extiende igualmente a Nueva York, Miami y Los Ángeles. Tal hecho posee una justificación simple. Aunque el origen de la salsa se halle en Cuba y el Caribe, el núcleo que la impulsó fue el colectivo caribeño establecido en Nueva York durante las décadas de los sesenta y setenta, sobre todo puertorriqueños y dominicanos en Washington Heights y Spanish Harlem. “El carácter netamente marginal” de aquellos grupos caribeños neoyorquinos “sometidas a las más diversas discriminaciones y, por tanto, aferradas a su origen cultural”, originó la mezcla de sonidos caribeños que convergieron en la salsa, afirma Leonardo Padura en su obra Los rostros de la salsa.
“La salsa es una manifestación cultural construida históricamente a través de intercambios entre comunidades del Caribe, Estados Unidos y América Latina; es el sentir de todo un continente”, explica en una conversación Leydi Higidio, Secretaria de Cultura de la administración de Cali. El recorrido “abre escenarios de cooperación cultural, académica, artística y económica; queremos unirnos más como continente que comparte una historia y amor por la Salsa”
Leydi Higidio, en su rol de Secretaria de Cultura de Cali: “La salsa es el sentir de todo un continente”
Simultáneamente, Cali fomenta su particular trayecto regional de la salsa, el cual se inicia en el barrio Obrero y transita por los tradicionales sitios de danza y espectáculo, como Calle del Sabor.
Aunque se encuentra distante de las naciones caribeñas, Cali incorporó la salsa como un ritmo local, influenciada sobre todo por la comunidad afro, sucesores de personas esclavizadas remitidas al Pacífico para laborar en las minas y los sembradíos de azúcar. “El elemento central es la condición afro de la ciudad de Cali porque la salsa, aunque se nutra de varias expresiones del Caribe, es, ante todo, de matriz afro”, señala Javier Ortiz, autor colombiano de Cartagena.
De hecho, Cali ha funcionado como un muro de contención para la salsa frente a la marea del reguetón que domina el Caribe (y el planeta), así como ante el estilo reparto que ensombrece la salsa en La Habana. “En Puerto Rico la salsa pasó a otro plano; hay otros movimientos como el reguetón y el trap, de Daddy Yankee y Bad Bunny, y esos ya mataron la salsa”, comenta Richard, un entusiasta del baile salsa puertorriqueño que recorría el Museo de la Salsa en Cali. “La salsa era un arte, necesitaba veinte personas para tocar; ahora se arregla todo con una cajita”, expresó con pesar.
Daddy Yankee y Bad Bunny desplazaron a la salsa en
Hasta en Cali, resulta inviable costear las agrupaciones de veinte integrantes que se presentaban un par de jornadas semanales durante las décadas de los ochenta y noventa. Actualmente, el protagonista principal en la Calle del Sabor es el disc jockey, si bien multitud de caleños acuden a la danza portando sus propios elementos de percusión: güiros, maracas, campanas o tambores, timbal o conga.
Caracas quizás constituya el oponente más vigoroso para Cali en el recorrido americano de la salsa. En el vecindario popular de San Agustín de Caracas, la abundante herencia salsera ha seducido a viajeros durante los tiempos recientes, bastantes admiradores del ritmo de estados asiáticos y de Rusia. La barriada ha ganado popularidad asimismo entre muchachos caraqueños, contando a aquellos de sectores sifrino (pijo) que buscan danzar salsa con la “gente común”.
En una charla mantenida durante un recorrido por San Agustín poco tiempo después de Cali, Noel Márquez, legislador bolivariano septuagenario de este sector, sostiene que el trayecto de la salsa precisa iniciarse en el Caribe o hasta en África: “La música afro caribeña, llámese salsa, bomba o guaguancó, se toca con tambores que en realidad son africanos; hay una continuidad”, comenta al tiempo que agita una maraca, junto a Benny, un chico de once años de la comunidad, quien hace sonar el tambor africano, el djembé. “Donde llegaban los hombres y mujeres esclavizados eran los puertos: Puerto Cartagena, Puerto Rico, La Habana, Veracruz, todos en el Caribe”.

Márquez defiende el ritmo salsero más pausado del Caribe ante la frenética danza de gimnasio que predomina en distintas regiones: “Últimamente, la gente se mueve como si esto fuera un deporte, pero la salsa es improvisación y cualquiera puede bailar a su manera”.