Cultura

Christian Lacroix, o cuando el vestuario recrea la Venecia lúgubre de 'La Gioconda' en el Liceu

Estreno de ópera

El diseñador francés ha estado en Barcelona para la producción de esta ópera de Amilcare Ponchielli

Saioa Hernández es la Gioconda en la ópera de Amilcare Ponchielli que estrena el Liceu, con vestuario de Christian Lacroix

Saioa Hernández es la Gioconda en la ópera de Amilcare Ponchielli que estrena el Liceu, con vestuario de Christian Lacroix

David Ruano

El Liceu tiene especial predilección por La Gioconda (1876), de Amilcare Ponchielli. Esta es la tercera vez, desde que resurgió de sus cenizas, que el teatro sube esta ópera a escena. Y ya viene superando las 150 funciones desde su estreno barcelonés, en 1883. Razones para ser un título favorito no le faltan a esta historia basada en un drama de Victor Hugo, con celos, venganza y sacrificios en la Venecia del siglo XVII. Contiene melodías verdiana, pasajes corales venecianos, soliloquios románticos a la Chaikovski, una orquestación wagneriana, danzas y bailes de la Grand Opéra francesa –con el coro interpretando varios papeles y muchos protagonistas encaminándose hacia un milagroso concertante–, además de un final que anticipa el verismo. De hecho, Ponchielli se mantiene fiel al estilo melódico del Ottocento mientras sus alumnos –Mascagni y Puccini– alumbran la evolución hacia el verismo.

Todo ello llega servido al Liceu por la batuta del maestro Daniel Oren; el liderazgo vocal de la soprano dramática Saioa Hernández –Ekaterina Semenchuk en el otro reparto–; la coreografía de Vincent Chaillet para la emblemática Danza de las horas, y el celebrado montaje de Romain Gilbert, que respeta el libreto y transporta al público a aquella Venecia lúgubre, alejada de la imagen de postal actual. Una ciudad con un inquietante sistema de espías –en lugar de policía– y la sensación del fango en los bajos de los vestidos de Christian Lacroix.

El diseñador francés ha estado esta semana en Barcelona para retomar esta coproducción del Liceu con el teatro San Carlo de Nápoles, que llega en once funciones –del 17 de febrero al 2 de marzo–, con el 80% del aforo vendido, y con un mimo añadido para la exclusiva función Under35: los jóvenes podrán disfrutar del baile de máscaras en el Gran Teatre; el público abonado, no.

“Ponchielli llenó con La Gioconda el vacío operístico que durante 17 años dejó Verdi, entre que compuso Aida y emprendió Otello y Falstaff”, explicaba ayer Oren. Desde su última vez en el Liceu, hace ya siete años, el maestro israelí detecta una mejora exponencial de la orquesta y el coro –“gran acierto en la introducción de músicos jóvenes”–, y se congratula por la calidad de ambos repartos en La Gioconda. “Esta ópera demanda seis protagonistas [doce en total] con el adecuado color de voz para cada papel”.

Saioa Hernández, que debutó este rol en el Liceu hace más de un lustro, en un jump-in cuya función entraba en directo en cines, reconoce que se trata de un tour de force. Su presencia es constante... Hasta llegar al final con la notoria aria de “Il suicidio”. Con todo, es, junto a Macbeth de Verdi, su ópera favorita. Ya es la sexta producción que protagoniza... Para una ópera que no se hace tanto en los teatros del mundo.

“El finale, con Enzo, es heroico. La voz se desarrolla más, y hay que saltar de las notas graves a las agudas, y tener ese peso vocal más presente. Ahí empieza lo difícil. Por suerte vienes del concertante del tercer acto, que te permite un poco de descanso, para en el cuarto desplegar todo tu potencial. Es un título en el que te has de regular, pues cada vez es más pesado y difícil, pero es de una belleza tal y está escrito tan bien para la voz, que se convierte en un gusto enorme”.

Curiosamente, todas las grandes intérpretes de este rol lo han acabado cantando en el Liceu, señalaba ayer el historiador Pol Avinyó, adjunto a la dirección artística del teatro. Y de hecho, la histórica soprano/mezzo Violeta Urmana, cuya carrera despuntó al ganar el Viñas en la Barcelona del año olímpico, ha cantado en el Liceu tanto Gioconda como el rol de Laura de esta ópera. Sólo le faltaba, para completar, hacer el Cieca, oportunidad que le brinda ahora la casa.

El reparto se amplifica con los tenores Michael Fabiano y Martin Muehle (Enzo Grimaldo); las mezzo Ksenia Dudnikova y Varduhi Abrahamyan (Laura Adorno), o los barítonos Àngel Òdena y Gabriele Viviani (el malvado Barnaba).

Aquella Venecia era de las ciudades más ricas y seguras de Italia. Su seguridad se organizaba a partir de un consejo de espías. Nosotros la mostramos feliz, celebrando el carnaval. Lo que duraba seis meses. Los otros seis se la pasaban orando y pidiendo perdón por todos los excesos cometidos”, apunta Gilbert. El regista recibió este encargo de Nápoles y el Liceu por el 150.º aniversario de este título que evoca lo que Victor Hugo decía en su poema: “Hasta en el drama más bello reside siempre la idea más oscura (...) Igual que en todas las mujeres más bonitas hay también un esqueleto

Maricel Chavarría Espuny

Maricel Chavarría Espuny

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Es redactora de Guyana Guardian desde 1989, responsable en los últimos  años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York