Raye, una nueva reina para el soul
Escenarios
La vocalista británica encandiló al Sant Jordi convirtiéndole en un club de aroma vintage con su sedosa voz

Raye, durante su primera actuación en Barcelona, anoche en el Palau Sant Jordi

Un gran y teatral telón rojo sangre dominaba el escenario sobre el que apareció Raye, espléndida como una diva, ataviada con un largo abrigo negro aterciopelado como su voz. Su registro, suave y poderoso a la vez, resonó desde el inicio a cargo de I will overcome, dramática pieza de tintes cinematográficos que formará parte de su próximo y segundo álbum, This music may contain hope, por salir en marzo. Sus temas protagonizaron buena parte de una velada que rompe tópicos sobre el camino para llegar a lo más alto de las nuevas estrellas, algunas de las cuales brillan con el fulgor del pasado y la energía del presente, como hizo anoche el joven talento inglés en un Palau Sant Jordi abarrotado con notable presencia de público extranjero.
Libre ya del abrigo, ataviada con un vestido rojo de brillantina y escoltada por dos coristas y una big band de 19 músicos de etiqueta, la artista inglesa convirtió el Sant Jordi en una sala de fiestas a medio camino entre el glamour de los años 60 y la fuerza discotequera de los 70. Soul, r&b y mucho ritmo se mezclaron desde buen comienzo con Where is my husband!, el tema más reconocible de esta joven cantante y compositora que, a sus 28 años, ha vivido varias vidas en la industria musical. Contratada en el 2014 por el sello Polydor, la falta de conexión con los propietarios de su música frenaron la carrera de una artista que había compuesto para Beyoncé (Bigger) o Charli XCX (After the afterparty) además de firmar éxitos a dúo con dj’s como David Guetta o Joel Corry.
Tras partir peras con la multinacional, Rachel Agatha dejó atrás los intentos por convertirla en la nueva estrella del pop para abrazar el glamour hollywoodiense, los “finales dramáticos” que tanto le gustan (aunque su era dramática concluyó, como advirtió anoche), y publicar su propia música, tirando de banda y aderezos electrónicos, aunque en directo apuesta por lo analógico y tradicional.
De ese sonido mucho más cercano al soul clásico (no en vano su padre cantaba en una iglesia) se encargaron anoche los siete instrumentos de viento y otros tantos de cuerda que acompasaron los temas, del marchoso r&b clásico que rezuma The trhill is gone a las claves hiphoperas de Flip a switch, anoche con guitarra española, o Hard out here, canción que selló su independencia artística y donde canta: “See, for girls like me, from the bottom of the tier/ believe that it's always been hard out here”. (Verás, para las chicas como yo, que vienen de lo más hondo, creo que siempre ha sido difícil aquí).
La faceta crooner de Raye, que no paró de jugar con un público entregado en su primera visita a Barcelona –“creí que era Madrid”, dijo entre risas-, quedó patente en temas de nueva factura como Skin & bones o Suzanne, canción que le valió comparaciones con Amy Winehouse. Y por supuesto en la espumosa versión de Fly me to the moon, con scat incluido, para la que reunió a la banda a su vera reduciendo el escenario al tamaño de un club de jazz. Todo lo contrario que en Beware the south Lover boy, otro de los cortes que estrena en esta gira y que hipnotizó con su rítmico jazz swing. O la vibrante Oscar winnig tears, que evidenció el gusto de la artista por el dramatismo hollywoodiense.
Por supuesto, no faltó la vertiente pop de Raye, con The winter woman, pieza oscura a bombo y teclados, o Genesis pt. 2, con sonido rockero marcando el compás como lo hace el sonido de los tacones en Click clack simphony, bien sustentada en el coro de voces femeninas. Pero sobre todo mandó su versión de diva clásica, la que le hizo elegir un micro con cable en lugar de uno inalámbrico, con la exquisita Nightingale Lane, Ice cream man, duro relato sobre la violación que sufrió y que interpretó sentada al piano, o I know you’re hurting, nueva prueba del predominio soul en su próximo disco.
Una exquisitez que dejó de lado en el tramo final para mutar en una rave literal donde sonaron sus piezas más discotequeras. Una mezcla de Secrets, You don’t know me, Black mascara y Prada culminó la fiesta por todo lo alto antes de que Escapism, su gran éxito a ritmo de hip hop que no adoleció con la interpretación orquestal, cerrara el bis como espejo de una propuesta que puso en valor la fuerza de la música orquestal interpretada en directo sin importar género ni condición.
