Alfonso de Vilallonga: “Antes la derecha te decía lo que debías hacer, ahora lo hace la izquierda”
Música
El compositor se desahoga contra los izquierdistas en ‘La progresía pía’, culmen de su trilogía satírica

Alfonso de Vilallonga, en su casa frente al piano con el que trabaja

Primero fue el independentismo, luego vino el procés, y ahora es la izquierda quien aparece en la diana musical de Alfonso de Vilallonga, verso suelto de la aristocracia barcelonesa que presenta La progresía pía, crítica a las maneras de la izquierda política, su superioridad intelectual y su voluntad de imponer discursos unitarios en temas como el feminismo o la guerra de Gaza.
“La comencé como una canción sobre Pedro Sánchez, poniendo nombres, pero luego lo quité todo, como si hiciera un guiso y eliminara todo lo superfluo hasta que me quedé con el concepto de progresía pía”, relata este músico polifacético, cantante de cabaret y autor de bandas sonoras como la de la reciente Tres adioses, de Isabel Coixet. “Todos somos heroínas/y lloramos con cebolla/Todos somos Palestina/Todos somos gilipollas” canta Vilallonga en una de las estrofas de este nuevo tema, que presentará el próximo martes en el Tablao de Carmen del Poble Espanyol.
“La progresía me parecía perfecto como blanco de esta crítica porque no eran los progresistas, o los socialistas. Los istas no me gustan, en cambio progresía es más musical y poético”, un concepto que ligó plásticamente con pía, que le recordaba al pío-pío de los pájaros “porque todos pían a la vez, la cosa está sincronizada, y lo de pía viene de piedad, que no es que la progresía sea más piadosa pero te recuerda a la santa inquisición”, desgrana. “Lo que antes era la derecha, o la parte de la sociedad que te decía que es lo que debías hacer y como había que hacerlo, ahora resulta que es la otra parte, la izquierda entre comillas”.
A Vilallonga, barón de Maldá y Maldanell y barón de Segur, le gusta confrontar sus ideas sin más barreras que la inteligencia, sobre todo porque le divierte. “Tengo amigos que son de izquierda y me acusan de sionista porque digo que todos somos Palestina, todos somos gilipollas. Pero lo digo porque la idea de que todos somos algo me parece una gilipollez, no tomo partido”, explica, y lamenta la “simpleza de mente en gente que valoro y me parecen inteligentes”.
Esta Progresía pía completa la trilogía que inició en el 2013 con Maldà State (Estat propi) y prosiguió en el 2019 con La complanta dels burgesos oprimits, dos temas en catalán y con Catalunya como foco en torno a un procés del que ya ha pasado página. “El procés está reciclado, pero ahí sigue de alguna manera, mira a Rufián diciendo que es catalán e independentista pero quiere ser presidente del Gobierno, es un trepa. Los políticos no tienen cualidades, todo son defectos”.
Enemigo de la censura, Vilallonga utiliza la música para expresar sus opiniones, “me gusta tocar el tema que me sale en el momento, me gusta hurgar, la polémica, discutir como los griegos, sin llegar a ninguna conclusión ni tampoco enfadarte”. ¿Es esa la cualidad del artista? “No necesariamente, esto de que el artista tiene que ser incómodo yo qué se, pero no tengo amo, para bien o para mal, así me luce el pelo. No pertenezco a ningún grupo, por eso hago estas canciones y por eso me gusta la libertad de discutir con cualquiera”.
Aunque en su último tema evita dar nombres, en el videoclip sí se le escapa una referencia a Televisión Española vinculada a la corrupción y el nepotismo. “La dejé porque me divertía y porque realmente es así. Los progres todavía hablan de Urdaci, cuando estaba el PP, pero lo que hay ahora es mucho peor, es política de la mañana a la noche. Antes manipulaban en el telediario pero ahora lo hacen en todos los programas, todo es absolutamente del régimen”.
La nueva canción será la excusa para que Vilallonga actúe por primera vez en un tablao, el de Carmen (martes 17, 20 h), con una actuación cabaretera y festiva que contrasta con su faceta de compositor de bandas sonoras, que le valió el Goya a mejor música original en el 2013 por Blancanieves, de Pablo Berger, y le ha propiciado una larga colaboración entre otros con Isabel Coixet. “En el mundo del cine entré más tarde, comencé en la música con mi hermana cuando teníamos 18 años, y luego en Estados Unidos me metí en mi show de cabaret. Luego conocí a la Coixet y me metí en lo del cine sin haber estudiado nada de esto, y tuve la suerte de trabajar en películas que se han visto”.
¿Le preocupa a todo un barón que sus opiniones sean mal recibidas? “La verdad es que no, de todas maneras en Cataluña la gente tampoco dice las cosas a la cara, porque me gustaría”, se lamenta. “Si alguna vez lo hacen lo aprecio mucho, pero hay esta prudencia catalana que va unida a una cierta hipocresía. A mí me gusta expresarme y a veces me paso, pero no entiendo a la gente que se lo guarda todo y se esfuerzan por sonreír cuando no les apetece”.
