John Koenig, el hombre que se inventa palabras para describir las nuevas tristezas de nuestra época
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El escritor y famoso creador de vídeos habla del caos de las últimas semanas en su ciudad, Minneapolis, y de su nuevo libro, 'Diccionario de tristezas sin nombre', donde pone nombre a emociones difíciles de expresar

El escritor y creador de vídeos John Koenig, en su casa de Minneapolis

No siempre existen palabras para describir emociones determinadas. Por eso, John Koenig se las inventa. Pero no vean en esto un juego sin sentido. Al contrario: “Trato de que así sean tangibles y que, por tanto, sean más fáciles de compartir con los demás. Es como cuando te aprendes los nombres de los pájaros, de repente, puedes rastrearlos y entonces te parecen amigos”, explica por teléfono. Resultado de este pasatiempo, que tiene más de intelectual de lo que uno pueda imaginar en un primer momento, nació Diccionario de tristezas sin nombre (Capitán Swing). Porque sí, los sentimientos que rodean todo aquello que tiene que ver con la pena y la melancolía son los que más abundan y, también, los que más cuestan de expresar.
Estos días, Koenig podría emplear más de uno de sus ingeniosos vocablos para describir Minneapolis, la ciudad en la que reside y que desde hace semanas es un polvorín tras las múltiples redadas migratorias por los agentes del Servicio de Control de Inmigración, que acabaron en enero con la muerte a tiros de dos vecinos. “Todos estamos traumatizados por la violencia que se está viviendo aquí en estos tiempos. Tengo un primo que trabaja en una guardería y entraron varios agentes con armas de fuego. Y luego conozco a muchos latinos que tienen su pasaporte estadounidense y todo, pero que, aún así, no se atreven a venir a las protestas, por lo que pueda pasar”.
Empecé el proyecto al darme cuenta de que había muchas palabras en otros idiomas que no tenían una traducción real al inglés”
A Koenig le cuesta unos segundos pensar en una palabra exacta para definir lo que sucede, pero pronto parece dar con la tecla: “¡Sonder! Me atrevo a decir que es la que más impacto ha causado entre los lectores, pues me etiquetan a menudo cuando la citan en redes sociales”. En su libro explica que se puede usar para referirse a lo que sentimos en medio de una tragedia colectiva para reflejar la consciencia de que cualquier ser humano tiene una historia interesante detrás.
La idea de este proyecto –explica – surgió años atrás, “cuando me di cuenta de que había muchas palabras en otros idiomas que no tenían una traducción real al inglés. Cuando conoces los significados, te das cuenta de que se te abren nuevos caminos y que pareces entender mejor a la otra persona. La cultura occidental tiende a ser muy individualista, especialmente en estos tiempos, por eso mi objetivo no era otro que ofrecer nuevas perspectivas que nos inviten a reflexionar y a seguir inventando”.
Todos estamos traumatizados por la violencia que se está viviendo en Minneapolis en estos tiempos”
Otros ejemplos: Anemoia es la nostalgia de una época que nunca vivimos; Lumus, la conmovedora humanidad que late bajo el espectáculo de la sociedad; mientras que Ioche es la ansiedad de ser un individuo; y Soca, la vulnerabilidad oculta de los demás.
Una vez más, el autor se esmera en demostrar que “el léxico referente a los sentimientos se ha quedado obsoleto”. Por eso, ha creado alrededor de 800 nuevas entradas. Un camino que empezó con un blog, siguió con un canal de Youtube y termina con un libro. “Bueno, no termina, este propósito no hace otra cosa que mutar, y todo es gracias a espectadores y lectores, que demuestran en su día a día su interés por que se llenen los vacíos de la lengua”.
Pero, pese a esta gran motivación que lleva años persiguiéndole, surge también una duda: ¿Toda emoción merece tener una palabra que la describa? “Es una pregunta que me he hecho a menudo, pero considero que, incluso cuando ocurre algo que preferiríamos olvidar y que nos hace sentir mal, hay que poder nombrarla, precisamente para poder darle forma y, de paso, una patada”.
