Cultura

Dos videoartistas ucranianos transforman la mirada sobre la guerra en el Museo Thyssen

Nueva exposición

Las imágenes de Roman Khimei y Yarema Malashchuk trascienden los relatos de muerte y destrucción

Una de las instalaciones de 'Pedagogías de guerra' 

Una de las instalaciones de 'Pedagogías de guerra' 

Museo Thyssen

Por paradójico que resulte, un conflicto bélico no son solo imágenes de destrucción, de edificios derruidos por las bombas bajo un cielo cubierto de humo y de víctimas sepultadas por los escombros. Y los jóvenes  artistas ucranianos Roman Khimei y Yarema Malashchuk lo han tenido muy presente en las cuatro videoinstalaciones que, bajo el título de Pedagogías de guerra, se podrán ver en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza desde este martes, 3 de marzo, hasta el próximo 21 de junio.

Esa mirada distinta, “pedagógica”, de la guerra es la que muestran los vídeos de los artistas, quienes en la presentación de la exposición han explicado su proceso de creación, que se basa en las reflexiones a partir de la “normalización” que la sociedad ucraniana ha hecho de la invasión rusa para poder sobrevivir en el día a día. Una contradicción, la de integrar en lo cotidiano algo tan negativo, que les ha resultado inspiradora e irónica.

“Hemos querido encontrar un nuevo lenguaje para hablar de la guerra”, reflexionan los artistas, que trabajan juntos desde poco después de la revolución naranja, ocurrida en el 2014, y llevan más de diez años produciendo instalaciones sobre la realidad de Ucrania, que se defiende desde el 2022 de la invasión rusa. “Por supuesto que hay muertos y gente sufriendo en la realidad, pero también hay otras maneras de dialogar con los hechos, ajenas a las formas tradicionales”. 

“Lo difícil fue encontrar ese nuevo lenguaje para ir más allá de las imágenes de explosiones y mirar la guerra de otra forma, porque la vida de los civiles y de los militares que luchan en el frente forma un todo, no se pueden separar. La gente busca cómo confrontar esta realidad. Y ahí el arte, la actividad creativa, podía ofrecer un mensaje independiente, por más que por sí solo no puede transformar la situación, tan turbulenta”, argumentan los videoartistas antes de recorrer la muestra.

Pese al título, Pedagogías de guerra, Khimei y Malashchuk, que han reconocido el “privilegio” de haber podido salir de su país para viajar a Madrid, ya que no está permitido que los ucranianos en edad de ser llamados a filas crucen la frontera, los artistas no quieren dar directrices sobre cómo pensar y reconocen que su propuesta tiene “elementos carnavalescos”, por cuanto busca liberar de la tensión y hacer la vida más fácil.  “Es una sensación de injusticia: no siempre es agradable, porque nos preocupa estar fuera y que los demás estén dentro”. 

Comisariada por Chus Martínez, la exposición tiene cuatro ámbitos. En el primero, hay pantallas con imágenes en bucle que reinterpretan la visión romántica del soldado. Titulada El caminante (un guiño al famoso cuadro de Friedrich del héroe ante un mar de nubes) se grabó en el 2022, al inicio de la invasión, y muestra a los artistas como hombres caídos en la batalla en medio de un paisaje rocoso de los Cárpatos.

'Open world', videoinstalación de Roman Khimei y Yarema Malashchuk
'Open world', videoinstalación de Roman Khimei y Yarema MalashchukMuseo Thyssen

En el segundo, Open world, un joven que huyó de Zaporiyia y vive refugiado en Polonia juega con un perro robótico y lo lleva a recorrer los espacios que dejó atrás: desde la escuela, en la que todo aparece destrozado, hasta su casa, donde conversa con su madre y le habla al gato, que no da muestras de reconocerlo transfigurado en ese ser metálico de cuatro patas.

La tercera instalación, Tú no deberías estar viendo esto, “es la más lírica, la más silenciosa”, ha descrito el director artístico del Museo Thyssen, Guillermo Solana, y muestra a niños rusos secuestrados aparentemente durmiendo o tal vez haciendo que duermen, lo que sitúa al espectador en una posición de voyeur ante la irracionalidad desquiciada de la guerra.

Por último, la instalación Nosotros no empezamos esta guerra, creada expresamente para esta exposición, presenta tres pantallas en las que se ven escenas cotidianas de Kyiv. Todo parece normal, pero se intuye que ha de pasar algo. No hay explosiones, sino incidencias a pequeña escala: una caída, un leve atropello... “Aunque el espectador teme que suceda lo peor, lo que se ve es solo la dificultad de seguir viviendo”, dice Solana.

Chus Martínez se ha basado en el concepto de la “niebla de la guerra” al que se refirió Inmanuel Kant en Hacia la paz perpetua: un esbozo filosófico para diferenciar entre la práctica de la guerra, que ejercen los estados y es de lo que se habla normalmente, y aquello de lo que no se dice nada y que ocurre durante las tres cuartas partes del tiempo, fuera del foco de la batalla o las trincheras, y que puede ser material artístico. 

“A través de la construcción de imágenes, el arte se convierte en un ejercicio de desaprendizaje de la guerra: reeduca la percepción al mostrar cómo lo que parece natural o inevitable está históricamente construido”, apunta la comisaria, para quien el trabajo de Roman Khimei y Yarema Malashchuk “puede entenderse como un ejercicio deliberado que revela que el mayor obstáculo para el cambio político no es la ignorancia, sino el hábito, en particular las formas aprendidas de sentir y de ver” que ofrecen las narrativas de los medios de comunicación.

Graduado en Filología y Periodismo con estudios de posgrado en Crítica Literaria, monitorea el panorama cultural en Madrid.

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