La curiosidad vence al pudor: así se vivió el estreno de ‘Melania’ en un cine de Barcelona
Estreno con 16 espectadores
En una sala del Mooby Balmes, el documental sobre la primera dama de Estados Unidos despierta más ironía que entusiasmo entre los 16 espectadores que asistieron a su proyección la noche del viernes
Estupor y críticas en el estreno en Estados Unidos

Melania Trump en el estreno de su película en The John F. Kennedy Memorial Center For The Performing Arts

Es viernes por la noche y, a las nueve, el hasta entonces tranquilo vestíbulo del cine Mooby Balmes comienza a llenarse de gente. El bullicio crece a medida que el público hace fila para entrar en las salas, pero con cada escalón que se asciende hacia las plantas superiores el ruido se atenúa. Quedan atrás quienes han venido a ver las nominadas al Óscar Marty Supreme y Hamnet, el terror protagonizado por Rachel McAdams en Send Help o la saga posapocalíptica 28 años después. En la última planta, frente a la sala 11, se congrega un grupo más reducido: quienes han acudido, el día de su estreno, a ver Melania, el documental que sigue a la primera dama de Estados Unidos en los días previos a la segunda investidura de Donald Trump.
“Todavía estamos limpiando la sala, esperen fuera, por favor”, indica un empleado del cine. Faltan doce minutos para el inicio de la proyección. Christina, Andrea y Emilio aguardan frente a la puerta. “Vimos ayer el cartel en Plaza Catalunya, nos dio curiosidad y decidimos venir”, cuenta Andrea, alemana residente en Barcelona. Su hermana Christina, de visita en la ciudad, completa la idea: “Es un personaje del que no se sabe mucho. Sabemos que probablemente sea propaganda política a favor de Trump y que el contenido esté manipulado, pero aun así nos despertó curiosidad”. Aunque todavía no llega más gente, Andrea sabe que no serán los únicos. “Cuando compré las entradas online vi muchas butacas ocupadas en solitario. Gente que vendrá sola, quizá con vergüenza de admitir que está aquí”, dice entre risas.
A las diez entra en la sala la última pareja, que se ha perdido la primera media hora del filme, resumible en largas secuencias de Melania eligiendo vestuario junto a sus estilistas. Algunos de esos momentos quedan registrados por un hombre con chaqueta del Barça, que graba la pantalla con su móvil. En total, 16 personas ocupan una sala con capacidad para 114: una asistencia modesta, aunque significativa si se la compara con la de Estados Unidos. Según un análisis de la revista Wired, solo dos proyecciones se agotaron localidades: una en Missouri y otra en Florida. En Minnesota, varias funciones fueron canceladas tras el asesinato de dos residentes a mano de agentes de control migratorio.
Los asistentes del Balmes prefieren no dar su nombre. Entre ellos, una madre y su hija. “Muy propagandística y aburrida. Sabíamos a lo que veníamos, pero nos daba curiosidad”. Otra pareja de extranjeros admite haber ido “por la vibra Kardashian del filme”, en referencia a la célebre familia estadounidense conocida por convertir la intimidad y el lujo en espectáculo. La expectativa coincide con lo que la propia Melania adelantó en una entrevista previa al estreno: “La gente verá moda y escuchará la música increíble que elegí para cada escena”.
It’s a Man’s Man’s Man’s World, YMCA (himno del movimiento MAGA) y varias canciones de Michael Jackson, a quien la primera dama señala como su artista favorito, componen la banda sonora. Los diálogos de Melania se apoyan principalmente en su voz en off; en pantalla, su participación se limita a saludos cordiales y breves intercambios, ya sea por una decisión creativa o por sus limitaciones con el idioma, pese a llevar más de veinte años como residente en Estados Unidos.

Además de su implicación en el diseño de su sombrero y en el largo de su camisa, el documental la muestra atenta a distintas causas sociales. Se la ve interesada en el impacto de la inteligencia artificial y de las redes sociales en los jóvenes, un tema que aborda en una reunión con Brigitte Macron; sigue de cerca las noticias sobre los incendios en Los Ángeles; y se reúne con Aviva Siegel, una israelí que fue tomada como rehén en el ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023. Su esposo, Keith, seguía cautivo en el momento de la filmación, pero fue liberado en febrero de 2025. “Siempre usaré mi influencia y mi poder para luchar por quienes lo necesitan”, afirma Melania en una de las escenas.
Las reacciones del público durante la proyección se limitan al crujir de las palomitas y a risas irónicas: cuando Donald Trump proclama una “victoria aplastante”, cuando saluda a Joe Biden con una palmada en el brazo o cuando Melania aparece con el atuendo del día de la investidura, un conjunto que generó memes por su parecido con el Robahamburguesas de McDonald’s.

“¿La película es de Amazon?”, pregunta una mujer, pese a que el nombre de la compañía aparece en los créditos iniciales y finales, hay un cameo de su propietario Jeff Bezos y la cifra pagada por la plataforma fue ampliamente difundida: 75 millones de dólares, la suma más alta desembolsada hasta ahora por un contenido de este tipo. Ella, argentina, y su pareja, israelí, se confiesan “pro Trump”. Son los últimos en abandonar la sala. “Imaginamos que Trump ha metido mano en la película, pero nos gustó y la recomendaríamos. Es interesante ver el detrás de escena de su vida, aunque me hubiera gustado ver algo más de pasado”, comenta ella.
El padre de Melania aparece en algunas escenas, mientras ella habla de la muerte de su madre y de su llegada a Estados Unidos para trabajar como modelo. Sin embargo, el documental no aporta grandes revelaciones. La mayor parte del tiempo se la ve sola, viajando en avión privado entre la Torre Trump de Nueva York y la residencia de Mar-a-Lago, en Florida. Su incidencia en la carrera política de su esposo, más allá de la decoración de la Casa Blanca o la elección de la vajilla para un banquete, se reduce a un único momento: mientras Trump ensaya un discurso, ella le sugiere añadir la palabra “unificador” junto a “pacificador”. A qué se refiere exactamente y cuánto hay de realidad en ello queda sin aclarar.