Gonzalo Suárez, Goya de honor a sus 91 años: “Me gustaría volver a hacer cine”
Entrevista
El director, periodista y escritor atiende a 'Guyana Guardian' unas horas antes de subir al escenario del Auditori Forum CCIB

A sus 91 años, el cineasta y escritor Gonzalo Suárez recibe el Goya de Honor

Unas horas antes de recibir el Goya de Honor, el director, periodista y escritor Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934) no ensaya discursos ni repasa agradecimientos. “Fuimos a comprar un dominó a El Corte Inglés”, cuenta por teléfono a Guyana Guardian desde la casa de una de sus hijas, donde ha preferido alojarse en lugar del hotel asignado. “Yo nunca preparo nada porque prefiero improvisar, pero en esta ocasión me han obligado a escribirlo”, confiesa el ganador del Premio Nacional de Cinematografía y la Medalla de Oro de Bellas Artes. A sus 91 años, admite que el escenario más importante del cine español no lo intimida. “A mí estos actos no me impresionan”. Lo único que le inquieta es que la fragilidad de la memoria no le permita recitar todo lo que ha puesto sobre el papel. “Vamos a ver que sale”.
¿Qué significa para usted recibir este reconocimiento en Barcelona?
Barcelona ha sido la mejor época de nuestra vida. Aquí escribí mis primeros libros, realicé mis primeras películas y nacieron nuestros cuatro hijos. Veníamos de un París donde yo había estado haciendo trabajos muy duros, incluso a la intemperie. En cuanto publiqué el primer libro, todo empezó a ir hacia adelante. Me sentí acogido. No tengo palabras: realmente fue una etapa formidable.
¿Cómo ve el momento actual del cine español?
Lo que me congratula es que el cine haya sobrevivido a las realidades artificiales. A mí me sobran las plataformas. Añoro a los productores de antaño, con cara y ojos, con quienes podías tener una relación directa, personal. Entonces hacer una película era algo mucho más personal en todos los niveles.
Hace ya una veintena de años que no hago cine. No porque no quiera ni porque no tenga guiones, sino porque ahora el panorama es diferente. No sabría analizar exactamente en qué consiste ese cambio, y tampoco me corresponde ejercer de crítico. Entiendo que los tiempos cambian, pero si vuelvo a hacer una película, tendrá que ser algo personal, algo que para mí signifique más que un simple hecho industrial o comercial.
¿Se ha podido expresar mejor a través de la literatura o del cine?
Es curioso, cuando se habla de cine y literatura se plantea una separación que, en el fondo, no es tan clara. Todo cine parte de la literatura: nace de un guión, cuando no de una adaptación.
Cuando alguien cuenta qué ha visto en el cine, lo que relata suele ser la anécdota, algo absolutamente literario. Y cuando se trabaja con actores, muchas veces lo que permanece en la memoria son actores parlantes que la cámara registra. Sin embargo, la quintaesencia del cine va más allá de eso. Es algo intangible, una captación de luz, de gestos, de instantes. Ahí es donde el cine se emancipa.
Cuando la realidad se vuelve particularmente dura, ¿el arte funciona como una forma de resistencia?
Sí, claro que sí. El arte sirve como desahogo y también como promoción, en un doble sentido. A veces lo único que hace es ilustrar algo, difícilmente ha resuelto nada. Vivimos en un tiempo dominado por grandes magnates y por tecnologías que nos sobrepasan. Vemos guerras y catástrofes en televisión mientras seguimos comiendo. El cine no puede detener eso, pero sí puede ilustrarlo a posteriori. Puede servir como recordatorio para quienes aún conservan memoria.
¿La memoria es fiel a lo que uno vivió?
La memoria es caprichosa. Elige por su cuenta y no siempre de manera selectiva. A veces te devuelve recuerdos insospechados y, en cambio, cuando buscas algo concreto, se resiste y no responde. No es del todo fiable. Cada cual recuerda lo que le conviene. Y, en ocasiones, perder la memoria puede ser incluso un alivio. A mi me gusta llegar al porqué y para qué me acuerdo.
¿Este reconocimiento despierta algún recuerdo en usted?
No. No me influye en absoluto la posible fama precaria que pueda traer un premio, ni el premio en sí. Lo que sí me gustaría es volver a hacer cine. Me gusta la acción. Y también me gustaría jugar un rato al fútbol.
El fútbol tiene un componente imprevisible que lo hace apasionante. ¿Existe también ese factor al hacer cine?
Más allá del cine, yo lo llevaría a la vida misma. Todo es extraordinario, único e irrepetible, incluso aquello que parece rutinario. Lo que ocurre es que hemos dejado de sentir ese vértigo. En el cine ese factor imprevisible existe, sobre todo en el rodaje. Es la captación de instantes que luego puedes dominar y organizar en el montaje. Pero tengo la impresión de que hoy el montaje precede al acontecimiento. Es decir, el control se impone antes que el instante. Cada vez es más difícil salirse del marco que nos imponen.
Usted, que ha vivido ambos momentos, ¿qué es más emocionante: ganar un Goya de Honor o marcar un gol?
Es una pregunta difícil, porque no quiero menoscabar el Goya. Si el gol entra por la escuadra… En cualquier caso, digamos que es equiparable.