El triste destino de las casas museo
ANTIVIRALES
La actualidad deja detalles que nunca se contagiarán en las redes, compartirlos mejora la conversación

El apartamento de Johann Strauss en Viena

Con escasas excepciones, los museos/casa natal no suelen ser lugares con mucho tráfico de visitantes. Su pátina polvorienta (a veces, literalmente polvorienta) y su aire gentilmente anticuado forman parte de su encanto. No suelen tener energía ni presupuesto para estar atrayendo público con nuevas propuestas y deslumbrante merchandising. Por desgracia, eso las está convirtiendo en lugares destinados a la obsolescencia en tiempos en los que todo lo que no es blockbuster no sobrevive. La ciudad de Viena acaba de anunciar que, dentro de las medidas de austeridad (2026 cada vez se parece más a 2008, con un extra de ultraderecha) de las autoridades locales cerrará varias casas museo de compositores: el apartamento en el que murió Franz Schubert, la residencia de Johann Strauss y la casa de Joseph Haydn. De momento, el cierre está previsto para dos años pero quién sabe si volverán a ser visitables para el público.

EL 'GHOSTING' DE LORD BYRON A SU AMIGO ADOLESCENTE
“Mi apreciado Maestro, cuando leí en su carta sobre su deseo de volver casi me vuelvo loco de felicidad. Persigo a Dios día y noche para que me conceda el favor de verlo de nuevo. O Dios todopoderoso, concédeme esta alegría, ver a mi dios, a mi querido Maestro”. Quien escribía esta carta ardiente era Nicolas Giroud, el jovencísimo amante (tenía 15 años cuando empezó la relación) que tuvo Lord Byron en Atenas en 1810 y 1911, cuando el poeta romántico había salido huyendo de Inglaterra para hacer el Grand Tour (en teoría) y escapando de una criada a la que había dejado embarazada. En Grecia, Byron mantuvo una relación con el joven Giroud, al que conoció a través de un pintor que estaba ayudando a Lord Elgin a desmontar los mármoles del Partenón para llevarse a Londres (un saqueo que el poeta ya denunció en su momento como tal). Las cartas, que están en la Biblioteca Nacional de Escocia, no se habían publicado hasta ahora, en parte porque cuesta descifrarlas. Están escritas en el dialecto inventado que usaban los dos amantes, una mezcla de griego, italiano e inglés agramatical. En breve estarán en una nueva briografía de Byron que prepara la autora Arden Hegele. Las cosas no acabaron bien para Giroud. El poeta dejó de contestar esas cartas tan ardientes y fervorosas al adolescente y se casó poco después con al aristócrata Annabella Millbank, mientras mantenía varias relaciones paralelas con otras damas poderosas. Una de ellas, Catherine Lamb, dijo de él que era: “loco, malo y oficialmente peligroso”.

AUSTRALIA E IRLANDA EJECUTAN LA VENGANZA
Durante décadas, los estadounidenses han asumido que un actor británico acabaría interpretando a uno de sus padres fundadores –Daniel Day Lewis haciendo de Lincoln para Spielberg– y se quedaría con la mitad de sus ídolos vernáculos, los superhéroes (Andrew Garfield, Christian Bale, Henry Cavill). Ahora se están girando las tornas. En Irlanda, donde los éxitos de su prodigiosa generación de intérpretes (Cillian Murphy, Andrew Scott, Saoirse Ronan) siempre se celebran con golpes de pecho y vídeos de noticias regionales sobre cómo los primos del famoso en cuestión festejan los triunfos en el pub local, no paran de subrayar que dos irlandeses, Paul Mescal y Jessie Buckley, hayan tenido que ser requeridos para hacer de Shakespeare y de su mujer, Agnes Hathaway, en Hamnet. Por si no tuvieran bastante con eso, llegan los australianos a quitarles sus roles clásicos. En una entrevista conjunta con Vogue Australia, Jacob Elordi y Margot Robbie bromean: “es bastante gracioso que dos tíos de Queensland protagonicen este clásico literario británico”, refiriéndose a sus papeles de Heathcliff y Cathy en Cumbres borrascosas. “Ni siquiera somos de Sidney”, recalca Robbie. “En Australia todo el mundo piensa: mira a este par de palurdos”. Los australianos capitalinos suelen hacer chistes sobre la gente de Queensland, a los que apodan “bogans”. En cualquier caso, Elordi es australiano solo en el pasaporte, porque por aquí todo el mundo lo considera más vasco que el árbol de Gernika debido a su abuelo de Ondarroa y a su padre, que creció en Markina, Vizcaya.
VIEJA Y NUEVA CANCIÓN PROTESTA
Las protestas contra el ICE en Estados Unidos no tienen todavía un himno que las defina pero si hay canciones que están emergiendo como la banda sonora de las manifestaciones contra la brutalidad de este cuerpo paramilitar. Una de ellas se titula Basta Ya y la compuso el dúo Cain Culto y Xiuhtezcatl hace dos años como respuesta al genocidio israelí, pero ahora el público la ha adoptado en esta otra causa. El cantante country Zach Bryan, que sirvió ocho años en el Ejército y tiene una base de fans entre la que también hay muchos trumpistas también ha emergido como improbable portavoz en este momento, ya que su canción Bad News contiene un verso que habla del ICE pateando puertas. Además, los manifestantes están desempolvando clásicos de la protesta, desde Woody Guthrie a Rage Against the Machine, que a menudo suenan, a toda castaña, desde los altavoces que colocan ante los hoteles en los que duermen los agentes del ICE en ciudades como Minneapolis, para, como mínimo, perturbar su sueño.