El personal recorrido de Carrère por la historia de Rusia a través de su enigmática madre
NARRATIVA
La historiadora Hélène Carrère d’Encausse, una niña apátrida descendiente de la nobleza rusa, llegó hasta la cúspide social de la República de Francia.

Hélène Carrère d’Encausse, madre fallecida del autor y figura de prestigio en Francia, en un acto junto a Vladimir Putin en 2009
Muchas de las personas que aparecen en la última novela de Emmanuel Carrère (París, 1957) se dividen entre las que ven la vida como Dostoievski, a través de un hombre del subsuelo, enfermo, malvado y resentido; y las que prefieren a Tolstói, el terrateniente que un día ve la luz y comprende que su vida de señor es vana e inmoral y se propone aprender de sus siervos. Se trata de dar con la narración que mejor sirva para explicar la historia imperial de los zares y los soviéticos, y la de su madre, Hélène Carrère d’Encausse, cuya trayectoria va desde una niña apátrida, descendiente de la nobleza rusa, hasta la cúspide social de la República de Francia. A esa niña, su hijo le atribuye una “extraordinaria capacidad de creerse las ficciones que ella misma crea para que el mundo se pliegue a sus deseos”. Una habilidad, al parecer, muy propia de lo que llama el pensamiento soviético: “nombrar las cosas en contra o al revés de su realidad y hacer que la gente viva en un universo de mentiras sin límites ni referencias, de inversión generalizada”, lo que en psicología se llama disonancia cognitiva y que puede tener graves consecuencias para la salud mental.
Como en todas sus obras, la reflexión sobre los motivos de la escritura es uno de los fundamentos de Koljós, del que afirma que le gustaría que fuese “un libro sobre la piedad filial”. De conseguirlo, le dicen sus amigos que podría alcanzar su mejor obra. Ese es el aliento que empuja toda la narración. Porque la notoriedad de su madre, historiadora y especialista en Rusia —incluso asumiendo el riesgo de haber sido admiradora de Putin—, secretaria vitalicia de la Academia Francesa y fallecida el 5 de agosto de 2023, asegura una buena materia prima, y porque, además, el padre, Louis Carrère d’Encause, le dejó al morir buena parte del trabajo hecho, ya que su esnob fascinación por el pasado aristocrático de su mujer y, contradictoriamente, el fracaso emocional de un matrimonio que duraría toda la vida, le conducen a reunir una ingente documentación.
⁄ El miedo a sus propias opiniones y al amor por su madre, circula disuelto en el fluido vital que nutre toda la narración
A través de los antepasados, realiza un recorrido personal por la historia del último siglo en Rusia, de la que asegura que todos los tópicos son ciertos, y en Europa. Algo así como el contrapunto o el complemento de su aclamada Limónov. En el árbol genealógico, el personaje más misterioso es el padre de Hélène, el abuelo del autor, Georges Zurabishvili, que desapareció en 1944 y pasaría a la historia con la mácula del colaboracionismo. De la última vez que lo vio, la hija recuerda que se había afeitado su característico bigote. El bigote es el título del libro que Carrère considera su primer éxito.

La historia del abuelo colaboracionista le costó el distanciamiento de su madre durante dos años porque la contó en Una novela rusa, uno de los mejores títulos del francés, donde ya concentra toda la esencia del universo que continuará desplegando y replegando después. En el repaso de su propia trayectoria hay algo de repetición, obsesiva y desacomplejada, porque cree haber llegado a un punto —cerca de los setenta años y cuando El adversario y Limónov son casi clásicos— en que se puede resignificar lo publicado y porque sabe lo que esperan sus lectores fieles y cómo ofrecerlo: siguen estando presentes sus contradicciones, su atracción por los fantasmas y las pesadillas, su cobardía, sus problemas de salud mental, los electroshocks, el sexo, el alcohol, y, por supuesto, la violencia y la muerte.
El miedo a sus propias opiniones, a votar a la derecha, y, sobre todo, al amor que siente por su madre, circula disuelto en el fluido vital que nutre todas las ramificaciones de su impresionante construcción. El temor a ver a su madre desnuda del prestigio académico y social le empuja a construir una heroína imprescindible para él desde el punto de vista de un marido al que dejó pronto de querer y de un hermano al que mintió y alejó. Carrère acude a la mirada de su padre y su tío, que resultan tanto más conmovedoras al reconocerse el autor en su incapacidad para acceder a la verdad de una mujer tan unánimemente admirada. Aunque no se desvanecen ni los velos ni los misterios, Carrère ha encontrado en su madre una protagonista suficientemente sólida sobre la cual construir la perseguida gran novela rusa, a modo de un Dostoievski o un Tolstói contemporáneos.
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Emmanuel Carrère. Koljós/Kolkhoz. Anagrama. Traducción al castellano de Juan de Sola y al catalán de Ferran Ràfols. 448 páginas. 23,90 euros