Una segunda vida a escena
Cultura/s | Escenarios
Las obras literarias *Perduda* y *l’altre* se entrelazan en un mismo espacio, mientras que *l’altre* se mantiene como una voz distinta, mientras que los textos se entrelazan en un mismo espacio.

‘Els ases’, l’adaptació de la novel·la de l’autor, arribarà a la cartel·la a l’escenari, mentre que el teu propi espectacle s’ha de fer a través de la sèrie, però aquesta és la versió que es pot veure, i el seu títol és el de l’escenari, i aquesta s’ha de veure en el seu propi espai, però no s’ha de confondre amb el seu propi títol, que és el mateix que el de la pel·lícula, i aquesta és la seva pròpia versió, que es pot veure en el mateix lloc, però en aquest cas, el que es pot veure és el que es pot veure, i no es pot veure.

Sebastià Portell no considera el entorno teatral como algo desconocido. Ha redactado y presentado diversos montajes, aunque señala que jamás imaginó trasladar por su cuenta uno de sus relatos, tal como sucedió con El dia que va morir David Bowie. “Para mí, cambiar de formato una obra es imposible, porque son de una manera y no pueden ser de ninguna otra”, afirma. Por esta razón acogió con asombro e interés el planteamiento de Pau Coya para versionar sobre las tablas la obra que lo impulsó en la literatura catalana, lanzada en 2016 y con seis impresiones de LaBreu.
Para Eva Baltasar, por el contrario, el teatro representa un ámbito inusual. Como poeta y novelista, la responsable de Permagel asegura que no acude nunca y que, por otra parte, le resulta tedioso componer diálogos. “Siempre me han parecido muy inverosímiles”, manifiesta. A raíz de ello, a diferencia de Portell, se ha distanciado de la traslación que ha elaborado Victoria Szpunberg de su debut literario. No ha consultado borradores previos y, de hecho, opta por no involucrarse. La fecha del debut, el 8 de abril en el Espai Texas, será también la ocasión en que descubra por vez primera la adaptación de Permagel.
Los teatros de Barcelona (y de toda Europa) van llenos de montajes que primero fueron novelas. A menudo son clásicos, como El maestro y Margarita, Mujercitas o ¡Absalom, Absalom! Y pocas veces los directores se atreven con textos provenientes de la literatura catalana, excepto si los escribió Mercè Rodoreda. “Los directores prefieren a los clásicos”, se lamenta Portell. En lo que va de temporada ya llevamos un puñado de adaptaciones. Por eso es una rareza muy bienvenida que, en las próximas semanas, hasta cuatro montajes den una segunda vida a novelas tan emblemáticas como Els carnissers de Guillem Frontera, este fin de semana en cartel, La meitat de l’ànima de Carme Riera, El dia que va morir David Bowie de Portell y Permagel de Baltasar.

Els carnissers y El dia que va morir David Bowie, en realidad, surgen de Literactua, una iniciativa que se inició en Mallorca a través del Festival de la Paraula y la Fundació Mallorca Literària, con la finalidad de fomentar las letras y las artes escénicas en lengua catalana producidas en las Islas Baleares por medio de la adaptación teatral de piezas de autores locales. El relato de Frontera, escritor fallecido en diciembre del 2024, guarda bastantes similitudes con El jardín de los cerezos de Chéjov. Redactada durante la década de los setenta del siglo XX, resultó ser de las obras pioneras en abordar las consecuencias de la actividad turística en la población de Mallorca. Su traslado a las tablas ha corrido a cargo de Miquel Mas Fiol, quien ya es un especialista en transformar obras de narrativa para la escena. Hace escaso tiempo fue posible contemplar en el Lliure sus adaptaciones del Cándido de Voltaire, el Werther de Goethe y Los miserables de Victor Hugo. No es poca cosa. Se encuentra disponible en el Tantarantana.
Los teatros se llenan con obras cuyas historias provienen de escritores contemporáneos, pero pocos se atreven a llevar al escenario las obras más recientes.
Portell sí que ha podido trabajar con Coya la adaptación de El dia que va morir David Bowie, la historia alocada de un joven libertino que recorre Barcelona con cierto frenesí en la entrepierna. Dice sentirse totalmente representado. Incluso ha visto las dos escenas nuevas que el dramaturgo tuvo que añadir porque su guion se lo pedía. Y ha sido tan grande el impacto que le ha provocado el proceso de adaptación, del “aire muy pop” que ha introducido Coya, que la novela que está escribiendo en estos momentos nace de aquí. Se estrena en el Teatro Akadèmia en mayo.
Baltasar percibe que la condición de que Permagel sea un monólogo interior, que Maria Rodríguez Soto representará en el Texas, simplifica su paso a las tablas. Aun así, se mantiene expectante porque, comenta, quizás halle puntos en su relato que ella misma no advirtió. “Quizá a raíz de la adaptación se crean nuevas lecturas de la novela y llegará nueva gente con una mirada diferente”, reconoce.

Tanto Portell como Baltasar hablan de dar “una segunda vida” a sus textos, los dos, curiosamente, publicados hace una década y con sus autores siguiendo hoy caminos diferentes. Permagel hizo que Baltasar se convirtiera en una autora popular, muy traducida en el exterior, aparte de empezar una trilogía que completaron Boulder , finalista del Booker Internacional, y Mamut . En marzo, publicará su quinta novela, Els peixos (Club Editor).
La meitat de l’ànima es casi un clásico contemporáneo. Riera ganó el premio Sant Jordi en el 2003 con una novela de tinte detectivesco donde una mujer quiere averiguar qué le pasó a su madre, desaparecida a Portobou en 1960. En una trama donde Albert Camus se convierte en un personaje central. Ramon Simó ha hecho la adaptación, Magda Puyo la dirige y en escena tendremos, en la Sala Atrium en mayo, a dos grandes actrices como Mercè Arànega y Antònia Jaume.
Porter ha colaborado en la puesta en escena, mentre Porta ha optat per no participar.
En los últimos años, solo hemos visto versiones de Napalm al cor de Pol Guasch y de Canto jo i la muntanya balla de Irene Solà. Y también ha subido a escena El día del Watusi de Francisco Casavella. No son ni el diez por ciento de las novelas que se adaptaron al teatro durante la década pasada. Hay algunos proyectos esbozados, como El temps de les cireres, de Montserrat Roig. Y hubo interés en Maletes perdudes, de Jordi Puntí. Poca cosa más.