La traición como género

Por la escuadra

Las Claves

  • La escasez de torneos navideños fomenta conjeturas sobre el recibimiento que la afición del Espanyol dará al portero Joan Garcia.
  • Leandro

La ausencia de torneos fuerza el empleo de materiales periodísticos secundarios. Afortunadamente, se dispone de las recopilaciones anuales, una categoría tradicional que, ya sea grabada o repetida, facilita la gestión de los descansos en los equipos de noticias. El receso de Navidad se afronta mediante la Copa de África o la Premier League, las cuales posibilitan mantener vínculos temporales de fidelidad hasta el regreso de los certámenes que realmente nos apasionan.

Sin embargo, el factor que más ayuda a paliar la escasez de noticias son las conjeturas sobre el trato que los seguidores del Espanyol darán a Joan Garcia el próximo día 3. El sábado, TV3 transmitió unas palabras del futbolista del Espanyol Leandro Cabrera en las que expresaba: “La afición es libre de pitar a quien quiera, pero siempre se tiene que actuar desde la prudencia y sobre todo pensando que el club no puede salir perjudicado. Con la marcha de Joan, el Espanyol ingresó un dinero que le fue muy bien para reforzar la plantilla, por lo tanto, mejor no perjudicar al club”.

En relación con Joan Garcia, eludir el aumento de la tensión en la disputa constituye la táctica más adecuada.

Claramente, Cabrera no despertó con el deseo urgente de realizar tales afirmaciones, sino que contestó –con una cordura que ojalá sirva de modelo– a una interrogante acerca del retorno de Garcia al terreno de juego donde recibió tantos elogios. Se trata de una costumbre común en periodos sin torneos: se profundiza en asuntos en apariencia secundarios o, bajo la excusa de un supuesto beneficio público, se plantean escenarios imaginarios que sirven para animar los encuentros.

Lamentablemente, resulta imposible determinar qué ocurriría si existiera un consenso general para silenciar este asunto y, una vez alcanzada la fecha del encuentro, comprobáramos el grado real de vulnerabilidad de los espectadores y seguidores ante las influencias externas. No obstante, eso implicaría abandonar el disfrute –y el beneficio económico– derivado de las conjeturas que, con una intensidad en aumento, ubicarán la respuesta de la hinchada españolista como el eje principal de la atmósfera previa al choque.

SANT JOAN DESPÍ (BARCELONA), 20/12/2025.- El portero Joan García durante el entrenamiento del primer equipo del FC Barcelona en las instalaciones de la Ciudad Deportiva Joan Gamper este sábado. EFE/ Enric Fontcuberta

Joan Garcia se ejercita, durante un entrenamiento del FC Barcelona

Enric Fontcuberta / EFE

Se trata, ciertamente, de un estilo arriesgado. Los culés lo comprendemos a la perfección, ya que cargaremos perpetuamente con el bochorno de haber caído en esa trampa cuando transformamos a Luis Figo en una versión bíblica de Judas Iscariote y, en dos ocasiones, convertimos el Camp Nou en un santuario que veneraba la deslealtad más absoluta. Previamente, pretendimos realizar lo mismo con Michael Laudrup, aunque el suceso resultó menos ruidoso y, finalmente, logramos subsanar la deshonra la velada en la que Laudrup intervino en el tributo a Johan Cruyff a finales de la pasada centuria.

Esas lecciones mostraron que el señalado por traición puede transformarse en un personaje irrisorio, como le pasó a Figo. Laudrup, sin embargo, respondió con la clase que lo caracterizaba al jugar y nunca replicó a la violencia con una necedad similar. En lo referente a Joan Garcia y al Barça, alejarse de la agitación ambiental es el plan ideal. Es fundamental que, exista o no actividad deportiva, entendamos que no todos los seguidores del fútbol son iguales y que los desengaños pueden mostrarse con juicio y sensatez.

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