La exactitud de las metáforas

nubes y claros

Las Claves

  • El símil de Manolo Vázquez Montalbán define al FC Barcelona como la milicia sin armamento de una Catalunya con aspiraciones nacionales.
  • El RCD Espanyol

La fuerza de las figuras retóricas es enorme. Nos definen profundamente. Moldean y aclaran los conceptos en los que confiamos. Nos facilitan la comprensión y el progreso. Resultan eficaces al manifestar con precisión lírica nuestra identidad actual o nuestras aspiraciones futuras.

Escasas expresiones han logrado la trascendencia social y afectiva del símil que Manolo Vázquez Montalbán brindó a la afición culé: el F C Barcelona actuando como la milicia sin armamento de Catalunya. Concebir el fútbol en calidad de relevo no violento del conflicto bélico resulta una idea milenaria y admitida en todo el mundo. Incorporar el elemento nacionalista, base de los combinados estatales, a una entidad deportiva, la eleva a otro nivel, convirtiéndola en algo más que una entidad. Y resulta especialmente potente en una nación donde numerosos ciudadanos experimentan el desánimo de no serlo.

Tal vez el Espanyol represente el reflejo que Catalunya evita observar de su identidad real, por ser excesivamente auténtico.

Resulta contradictorio que, al analizar los hechos de dicha agrupación de emancipación patria y cotejarlos con la situación del Barça, el símil no resulte adecuado. No obstante, funciona de maravilla en las afueras de la urbe, ese sitio al que nos remite Gerardo con su candidez de joven privilegiado.

Una Catalunya perjudicada por una autoridad estatal tiránica y absoluta, desatendida y maltratada por los organismos oficiales y el sistema judicial, vencida en múltiples ocasiones aunque persistente en su combate, inquebrantable, hasta el punto de vanagloriarse y conmemorar sus fracasos, que magnifica su modestia ( el meu país es tan petit ), que evoca a sus fallecidos con una perseverancia que llega a inquietar, segura de su validez ética y de su trayectoria, de su esplendor pretérito, de una perdurabilidad que vaticina una vida infinita, se proyecta con una precisión que resulta casi inquietante en el RCD Espanyol. En cada detalle.

El Espanyol podría protestar incluso, observando el saqueo veterano, reiterado y organizado de su fútbol base (este curso otros tres, excluyendo a Joan Garcia), que “el Barça nos roba”. No obstante, la tropa sin armas manifiesta casi lo opuesto: el éxito asiduo (desde 2005, 12 títulos por 7 del Madrid, cerca del doble), un protagonismo agobiante (Madrid dispuso el ejercicio anterior de cinco clubes en Primera, Barcelona dos merced a la subida sufrida del Espanyol, menos de la mitad), dominio social y cultural próximo a lo dogmático (los infantes interpretan en los centros El Gegant del pi y el himno del Barça indistintamente), peso político y de prensa excesivo, entidades abiertamente aliadas, y un alcance mundial magnífico que difunde tales ideales.

La lírica posee una precisión muy próxima a la de las matemáticas, disciplina que resulta también hondamente poética. Y las metáforas, al igual que el algodón, no suelen ser engañosas.

Tal vez el Espanyol represente la estampa que Catalunya prefiere no observar de su propia identidad, debido a su excesiva veracidad. Es posible que la hostilidad hacia el Espanyol derive de constituir esa proyección que se intenta eludir (y que por si fuera poco lleva por nombre Espanyol).

No obstante, quizás la potencia inexpugnable de la alegoría del Barça, que transmite una Catalunya vigorosa, irrebatible y predominante, con entidades aliadas y un discurso mundial, radica en que refleja con precisión lo que Catalunya anhela ser: Madrid.

Resulta posible que el patriotismo catalán observe en el Espanyol lo idéntico a lo que el patriotismo español nota en Catalunya. Dicha circunstancia aclararía bastantes cuestiones.

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