Las Claves
- El Barça de Flick conquistó la Supercopa de España en Yida tras superar al Real Madrid con un fútbol de posesión.
- El Real Madrid de Xabi Alonso emple
El Barça de Flick no cede y consigue su trofeo inicial del curso, conectando con la inercia de triunfos previa y ratificando su deseo de marcar una época. El fútbol que busca el técnico germano posee una identidad clara, elemento que, unido a la sorprendente precocidad del grupo, contribuye a afianzar su propósito de permanencia e incorpora cualidades exhibidas en Arabia tras el 3-2. Concretamente: con la ventaja en el electrónico, la rapidez acostumbrada se transformó en un sosiego que agrupó a los futbolistas blaugrana en torno al esférico, un cierre que recordó a pasados periodos de dominio y complació a los gustos culés más rigurosos.
El Barça de Flick emplea el rondo en sus tácticas habituales para superar a un Madrid que muestra escasa sofisticación.
El Madrid de Xabi Alonso también ha regresado a épocas anteriores. Lo que durante el Mundial de clubs se promocionó como el inicio de la renovación absoluta del manual futbolístico madridista ha acabado convertido en un viejo esquema táctico donde se adivina el trazo borroso de José Mourinho, de quien Alonso fue pupilo, y no por coincidencia. Protegido por una actuación arbitral de “jueguen jueguen” y valiéndose de un Vinícius sumamente peligroso como único recurso de ataque, el Madrid consiguió un marcador que le permite apelar a su clásica épica, ante la falta de propuestas más complejas. El fallo final de Álvaro Carreras reforzará esa narrativa. En definitiva, Ancelotti obtenía resultados similares o superiores. Esa resignación ante el tropiezo blanco supone un éxito inmaterial y extra que Hansi Flick también puede anotarse.
Lamine Yamal, 18 años, celebra su segunda Supercopa de España en Yida
Cualquier enfrentamiento clásico que llega con un candidato evidente a la victoria suele ocultar una sorpresa inesperada. Lo ocurrido en la final de Arabia representó la réplica combativa del Real Madrid, un conjunto que hoy se reconoce por debajo del Barcelona, limitando su planteamiento táctico al del oponente. El futbolista designado para mostrar esa dependencia fue Gonzalo, un joven de la cantera a quien se le asignó la tarea de vigilar estrechamente a De Jong por todo el terreno de juego. “Corre tú y a ver si los gallos se apuntan”. Ese ajuste estratégico, inicialmente precavido, les dio resultado a los blancos por motivos singulares que remiten a su propia historia: se trata de una entidad con una resistencia elástica que solo se quiebra ante una fuerza extrema. El Barça supera al Madrid hoy en día y lo evidenció en Yida, aunque el marcador mantiene con opciones a los madridistas, quienes podrán apelar a su capacidad de aguante para continuar compitiendo.
El duelo evidenció las discrepancias de las dos entidades incluso desde la tribuna, mediante intercambios gélidos entre los mandatarios Florentino Pérez y Joan Laporta, quien conseguirá aprovechar con destreza esa ruptura de cara a las elecciones.
En el campo se vivieron, tal como se mencionó, fases de una diferencia futbolística total cuando el juego de toque desbordó una estructura defensiva muy cerrada. En ese contexto brillaron Pedri, como de costumbre, y un Frenkie de Jong magnífico, que incorporó a su ya sabida capacidad para dar sentido al juego una intensidad en la recuperación que potenció su nivel y cautivó inesperadamente a sus críticos más duros (lo afirmo con base, ya que proteger al neerlandés no es siempre tarea fácil en Barcelona, y esta vez no hubo clima de hostilidad). De Jong, indiscutible para todos sus preparadores, figura siempre en las imágenes de los éxitos logrados. Y Flick, a quien vemos como un conocedor con razones de peso, cuenta con él fijamente y triunfa. Alguna virtud poseerá.