Pellegrino Matarazzo (Nueva Jersey, 1977) se arrancó en euskera en la sala de prensa de Zubieta horas antes de recibir al Atlético de Madrid (21.00 h) en el que será un partido histórico en la Liga. La Real Sociedad, tras el despido de Sergio Francisco, abrió por primera vez la vía estadounidense en un banquillo, aunque la vida de este matemático licenciado en la Universidad de Columbia en Nueva York (la de Barack Obama, por ejemplo) haya dado más vueltas que una noria. O que una pelota de voleibol, deporte que también practicó gracias a sus 1,98m.
Sus abuelos eran agricultores en Italia, de donde procede su familia, pero sus padres emigraron a Nueva Jersey y tuvieron cuatro hijos. En una extensa entrevista en The Athletic con motivo del último Mundial de clubs, el nuevo entrenador de la Real Sociedad profundizó en el esfuerzo de su padre, que fue mecánico, y de su madre, secretaria, para darle una educación de calidad a sus cuatro hijos.
Pellegrino fue el más aventajado, aunque reconozca que las matemáticas solo le han servido para saber “moverse en el caos” y para relativizar el big data. Lo importante son las emociones y las personas, y muchas han marcado su camino. “Para mí los fundamentos del fútbol son la ética de trabajo, la intensidad y la mentalidad del equipo. A partir de ahí, puedes desarrollar todo”, defiende con vehemencia.
Antes de desenvolverse en los banquillos, Matarazzo probó suerte de jugador en Italia pero fue en el fútbol modesto alemán donde acabó echando raíces; aunque una vez retirado le picó el gusanillo de los banquillos en Nüremberg. Y allí, en el aula de la escuela de entrenadores, conoció a Julian Nagelsmann, actual seleccionador alemán, quien lo reclutó para el Hoffenheim en 2017. Un trampolín.
Una vida cosmopolita
De ascendencia italiana, nació en Nueva Jersey, pero hizo carrera en Alemania
Pasó por el Stuttgart y regresó de primer entrenador al Hoffenheim, pero el coqueteo con la selección estadounidense y la llegada de otra directiva lo sacó antes de tiempo. Finalmente, Mauricio Pochettino le ganó el casting para dirigir a Estados Unidos y se dedicó el pasado verano a comentar para Dazn el Mundial de clubs. Le maravillaron los equipos brasileños y el Chelsea, aunque su ojo con Enzo Maresca no fuera clínico, despedido apenas seis meses después de aquel éxito.
Se trasladó a Roma en sus meses sabáticos y siguió de cerca los métodos de Claudio Ranieri y Gian Gasperini, dos maneras antagónicas de entender este juego, lo que denota la permeabilidad de una llegada sorprendente en la Liga. Nada nuevo en la Real Sociedad, acostumbrada a experimentos fallidos (David Moyes) o exitosos (Bernd Krauss). Al menos, exóticos, como Matarazzo.
El yanqui ha llegado acompañado de un australiano con reminiscencias italianas que habla español, John Maisano, y con el recién retirado Omer Toprak, verdugo de la Real Sociedad en la Champions en 2013 con el Bayer Leverkusen. Un trío único que hoy se estrena ante la máquina de Diego Simeone.
