Nunca he pensado en las consecuencias de fallar un gran tiro. Si piensas en ello, piensas en un resultado negativo
Michael Jordan
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–¿Sabe qué me pasó en una ocasión? –me dice Mansuet Camps (74).
–¿...?
–En un solo día, conocí a tres señores que se llamaban Mansuet, como yo.
–Nooooo.
–No es un nombre común, ¿verdad?
No tenía previsto hablar de ello, de su nombre, pero ha sido él, Mansuet, quien ha sacado el tema. Durante la charla me dice:
–¿No me va a preguntar por el origen de mi nombre...?
(...)
La verdad es que sí que había caído en ello, me refiero a la singularidad de su nombre. Lo había hecho hace un par de meses, cuando Javi Dale, inspirador de ideas, se había acercado a mi pupitre para hablarme de él.
Me dijo:
–Amigo Sergio, ¿conoces la historia de Mansueto Camps? Es el baloncestista que anotó la primera canasta de la historia del Palau Blaugrana.
(Y la historia tenía su gracia: antes o después, las excavadoras tumbarán el pabellón para levantarlo metros más allá, donde en otros tiempos estuvo el Miniestadi).
Azuzado por Dale, pasé un tiempo hurgando entre papeles, y así me di cuenta de varias cosas. Por ejemplo, que en algunos documentos nuestro hombre aparecía como Mansueto y en otros, como Mansuet. También pregunté por ahí, y alguien me puso en alerta:
–Ojo, que la primera canasta del Palau no fue suya, sino de Miguel López Abril.
Mansuet Camps, en el Palau Blaugrana
(...)
Cuando el señor Camps toma asiento conmigo en una mesa del Bowling Pedralbes, a unos pasos del Palau Blaugrana, le planteo ambas cuestiones:
–¿Mansueto o Mansuet?
–Mansuet, mejor.
–¿La primera canasta es suya?
–Tal vez López Abril anotó antes. Pero lo había hecho en un partido no oficial y de categorías inferiores. La primera canasta oficial es mía, del 31 de octubre de 1971, en un partido de Liga ante el Madrid.
–¿Ganaron ustedes, el Barça?
–En la víspera, en una entrevista en Dicen, me había hecho el chulo. Había dicho: “El Madrid sufrirá su primera derrota”. Eso no lo diría ahora. Piense que en aquel entonces el Madrid nunca perdía. En fin, ganamos por 60-57. Anoté quince puntos.
–¿Qué diría hoy?
–Algo más prosaico: “Es un partido importante, y tal...”.
Cuando me retiré, no iba ni al Palau. Siempre me venía alguien que me recordaba: ‘Qué mala pata tus rodillas’”
Cuando le pregunto por aquella canasta pionera, dice:
–No pensé en lo que significaba. Sé que salió en las crónicas de la época, pero tampoco se ha tenido muy en cuenta.
La carrera de Mansuet Camps fue efímera. Culpa de las rodillas. Se rompió el tendón rotuliano y luego, en una concentración con la selección de Díaz Miguel, descubrió que también fallaba el menisco. Apenas tenía 21 años cuando se rindió. Era 1972: un año en la élite, y ya.
–Ya lo ve: tuve un despegue muy rápido y una caída aún más rápida.
Antes de irse, había tenido tiempo de medirse a la Unión Soviética júnior de Belov, y a la Italia de Marzorati, y al Madrid de Luyk y Brabender... Había compartido vestuario con Aíto y con Manolo Flores.
–¿Qué se decía de usted?
–Que tenía proyección y rapidez, y buen tiro de media y larga distancia. Usaba la zurda a una sola mano, aunque era diestro.
–¿...?
–De crío, cuando jugaba al baloncesto en el patio de mi colegio en El Prat, y luego en el Sil, botaba con la izquierda mientras comía el bocadillo con la derecha...
Mansuet Camps, con el dorsal 10, en el Barça de Xabier Añúa de 1971; a su izquierda, con el 7, Aíto García Reneses
–¿Y qué pasó cuando lo dejó?
–No es que me deprimiera, pero me vino la tristeza. Tanta, que dejé de ir al Palau. No lo hacía ni como espectador.
–¿Y eso?
–Siempre me venía alguien que me recordaba: “¿No eres Mansuet?”. Y me hablaba de mi mala pata con las rodillas y de todo lo que podía haber conseguido...
–¿Y qué hizo?
–Estudié Económicas. Trabajé toda mi vida en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Barcelona, hoy CaixaBank. También me reconcilié con el baloncesto. Conservo fotos. Mire esta.
Me muestra una imagen de su Barça de 1971, con Xabier Añúa al mando.
Me dice:
–Yo soy el que lleva el 10.
–¡Como Maradona!
–No, Maradona como yo.
