Europa goza de gran popularidad entre los inversores.

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La estrategia de reactivación de Alemania genera optimismo entre los expertos a pesar de las dudas sobre el desembolso estatal, el desfase digital y el contexto geopolítico.

TOPSHOT - A man walks past the logo of the European Central Bank (ECB) at the central bank's headquarters in Frankfurt am Main, western Germany, on December 18, 2025, prior to the meeting on the Eurozone's monetary policy,. (Photo by Kirill KUDRYAVTSEV / AFP)

La capacidad del BCE para

AFP

Las Claves

  • Europa proyecta un crecimiento de beneficios corporativos del once por ciento para dos mil veintiséis tras superar diversas crisis económicas y geopolíticas recientes.
  • Alemania impulsa la

Uno de los principios del autor Rafael Argullol indica que, si alguien queda atrapado por un torbellino en el océano, puede permitir que lo sumerja pues, al tocar fondo, la propia corriente lo lanzará hacia la superficie. Una situación semejante parece estar viviendo Europa, de acuerdo con las opiniones con las que los inversionistas califican su coyuntura actual. Tras la emergencia sanitaria, el comienzo del conflicto en Ucrania, el incremento del riesgo ruso, los gravámenes y el alejamiento de Estados Unidos, la UE ha exhibido muestras de fortaleza y parece haber tocado suelo para cobrar fuerza y lanzar ahora estímulos bastantes para captar fondos. Pese a la falta de euforia o grandes proyecciones, sus firmas y planes recobran vitalidad y obtienen cierta validación entre los especialistas. Representa, al menos, la visión de quienes vigilan con atención los movimientos financieros.

“Europa está en movimiento, y sería un error abandonar la pista de baile antes de que el ritmo se acelere”, sostiene Caroline Gauthier, codirectora de renta variable de Edmond de Rothschild, al explicar la situación actual y sus perspectivas sobre el porvenir. Después de un trienio con la economía germana estancada y los resultados financieros paralizados, su pronóstico indica que los rendimientos corporativos crecerán durante el 2026 un 11% en Europa y un 14% en la zona euro. “Todos los sectores deberían ver crecer sus beneficios, lo cual es bastante excepcional”, manifiesta.

“Europa está en movimiento”, afirman en la entidad Edmond de Rothschild

Según esta especialista en renta variable, es decir, en el comportamiento de los mercados, se está gestando en este momento una suerte de “cambio de régimen”. Es un modo alternativo de señalar que la turbulencia ha parado de golpear a la UE. Ha arrancado lo que la propia Gauthier define como “fase de esperanza”, que constituye el paso previo a la aparición de la “expansión”. No obstante, sostiene la ejecutiva de Edmond de Rothschild, “se requiere paciencia, ya que la recuperación rara vez sigue un camino lineal”.

Es innegable que la modificación en el discurso ya representa un avance. Actualmente, los expertos subrayan al hablar de Europa factores como su fortaleza, la aptitud del BCE para controlar el alza de precios, los precios más atractivos de sus compañías comparados con EE.UU., el reciente interés por la soberanía estratégica, las iniciativas para agilizar gestiones y disminuir la carga administrativa, la progresiva armonización de los diferenciales de deuda y la sólida evolución financiera de las naciones meridionales, lideradas por España. Estas cuestiones cobran relevancia ante una inquietud constante: el alto endeudamiento estatal. En escala descendente, Grecia, Italia, Francia, Bélgica y España presentan pasivos que exceden el 100% del PIB, lo cual indica a los mercados una restringida solvencia presupuestaria y de gasto público.

No obstante, por encima de tales circunstancias resalta el renovado interés de Alemania por el desarrollo económico. La estrategia del canciller Friedrich Merz y el permiso de la cámara para interrumpir las severas normativas de desembolso provocan una enorme curiosidad entre los especialistas. El pronóstico indica que Alemania dejará atrás tres ejercicios de crisis para impulsar de nuevo la actividad europea, aun con los contratiempos en ramos locales como el del automóvil. Se ha planteado una reserva de 500.000 millones de euros para protección, redes básicas, transformación digital y suministros, sumado al compromiso de más de 60 potentes firmas nacionales para lanzar el plan “Made for Germany”, que supone casi 630.000 millones de inyección económica en escasos tres años. Entidades como Siemens, SAP, Volkswagen y Deutsche Bank brindan su apoyo.

Después de la crisis sanitaria, la contienda en Ucrania y las presiones impositivas, la UE ha evidenciado su fortaleza.

Thomas Friedberger, subdirector general de la compañía gala Tikehau Capital, sostiene en un reporte que Europa representa actualmente “una oportunidad de inversión única”. “Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa reúne cuatro elementos que, en nuestra opinión, generan valor económico”. Alude a un plan fiscal de estímulo económico, una gestión monetaria flexible, cotizaciones sugerentes con “descuentos históricos” y un grado de endeudamiento corporativo promedio más bajo que el de las entidades norteamericanas.

Existen factores adicionales que fortalecen este argumento. La banca en Europa ha logrado una notable limpieza en sus balances y el entorno crediticio resulta favorable. Aunque la capacidad innovadora sea inferior, “contrariamente a algunas tesis que subrayan la debilidad del Viejo Continente, sigue habiendo en Europa una oportunidad de inversión significativa”, afirma Friedberger. Durante una charla reciente con la prensa, la firma Arcano Partners destacaba este patrón: las compañías del viejo continente tal vez no lideren en el ámbito tecnológico, pero presentan una probabilidad de impago menor frente a las de Estados Unidos.

Sesenta de las principales empresas alemanas forman parte del programa de incentivos.

No obstante, todavía se mantienen ciertas dudas, entre ellas las de carácter geopolítico. El proyecto alemán todavía requiere trascender lo teórico y evidenciar resultados prácticos, mientras que la agresión rusa en Ucrania persiste como el factor central de fricción. La hostilidad de Rusia ha impulsado la reacción de la UE, si bien sigue oscureciendo el horizonte del continente. El desenlace de los más de 200.000 millones en capitales rusos inmovilizados en Europa suma complejidad al contexto.

Según los expertos financieros de ING, la situación actual recuerda más a un envase de kétchup que a una botella de champán lista para abrirse. “En lo referido a Alemania y Francia, estamos hablando del efecto del bote de ketchup. Estamos esperando pacientemente a que caiga algo”, aseguran un par de los analistas más destacados de ING Research, Carsten Brzeski y Charlotte de Montpellier. Alemania, señalan, “ha sido la mayor decepción de la zona euro, y ahora es la principal fuente de esperanza para este año”. “El anuncio de grandes inversiones en defensa e infraestructuras eleva las expectativas de un rebrote”, comentan.

En Generali consideran que el 2025 será “año revulsivo” para Europa, gracias a su aptitud para mantener la expansión económica frente a las dificultades mercantiles originadas por Trump. El BCE se encuentra próximo a lograr su objetivo de controlar el encarecimiento de precios, lo cual indica que las tasas de interés tendrían que asentarse en rangos reducidos. Por otro lado, en Estados Unidos los gravámenes incrementan los costes y transforman el gasto cotidiano en un conflicto político extra.

Un ejemplo del distinto clima económico en ambas orillas del Atlántico es que Alemania obtendrá financiación cerca del 2,1% para el 2026, mientras que Estados Unidos supera el 4%, de acuerdo con Deutsche Bank. El debilitamiento del dólar ha vuelto a aparecer, añadiendo una carga extra a la inflación dentro de Estados Unidos. Por el contrario, el euro muestra mayor solidez actualmente, lo cual eleva el coste de las ventas externas de Europa, aunque reduce el precio de adquisición del petróleo, tasado en dólares.

Al compararse con Estados Unidos, la UE presenta desventajas en diversos indicadores. Actualmente, su expansión es menor y se ha visto superada en la competición tecnológica, en un momento donde la IA atrae volúmenes masivos de inversión. Los mandatarios europeos mantienen su determinación de disminuir la subordinación hacia las grandes firmas de Estados Unidos o de origen chino, buscando potenciar sus propios recursos.

El Gobierno alemán libera 500.000 millones para impulsar el crecimiento financiero.

Joe Davis, el principal economista mundial de la firma estadounidense Vanguard, estima en un informe para clientes que las obligaciones de inversión en capital de la industria tecnológica de Europa oscilarán entre 250.000 y 300.000 millones de dólares durante el siguiente bienio, una cantidad bastante distante de los dos billones de dólares de Estados Unidos. Tal situación repercute en un pilar del PIB, el referente a la inversión privada. Su crecimiento alcanzará el 2% en la eurozona durante el 2026, afirma, comparado con el 7% previsto para Estados Unidos.

Dentro de su documento de perspectivas anuales, Barclays subraya que la eurozona se encuentra rezagada en el sector de las grandes tecnológicas, situación que “puede ser un problema”. No obstante, ha podido evidenciar paralelamente una “inesperada resiliencia” que la mantiene vinculada a la pugna mundial por la vanguardia innovadora. “Europa ha navegado bien por múltiples tormentas”, sentencia.

Aunque el término resiliencia sea el lema, los expertos profundizan al mencionar diversos elementos adicionales. Según Raphael Olszyna, de la entidad luxemburguesa J. Safra Sarasin, resulta clave destacar la capacidad de la “capacidad productiva sin utilizar” en Europa. Por parte de Mirabaud Wealth Management, se estima que en el 2026 las ganancias de las empresas europeas aumenten a una tasa de dos cifras.

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