Las riquezas latentes de la estructura económica de Venezuela

En primera plana: la situación económica venezolana

A pesar de las amplias posibilidades de negocio que brinde, el territorio sudamericano se encuentra en una quiebra económica que bloquea la rentabilidad a mediano plazo.

AME111. CARACAS (VENEZUELA), 22/12/2025.- Fotografía que muestra un cartel durante una caravana de motociclistas este lunes, en Caracas (Venezuela). Cientos de motoristas simpatizantes del chavismo, algunos disfrazados de piratas, recorrieron varias zonas de Caracas en protesta por la confiscación de dos buques con petróleo venezolano por parte de Estados Unidos y exhibieron afiches con la imagen del presidente Donald Trump con sombrero y parche. EFE/ Ronald Pena R

Simpatizantes del chavismo protestando contra Trump el pasado diciembre 

RONALD PENA R / EFE

Las Claves

  • Venezuela posee las mayores reservas mundiales de crudo, pero su producción es escasa y requiere inversiones de cien mil millones de dólares.
  • Donald Trump busca frenar la influencia

El discurso sobre la supuesta injerencia de EE.UU. En Venezuela para controlar sus activos energéticos y minerales y explotar estos bienes se contradice con el estado de una nación en decadencia. No es una oportunidad comercial rentable. “Será un camino largo, costoso y difícil”, señala Jorge León, especialista de la firma Rystad.

Es cierto que Caracas posee los mayores yacimientos petrolíferos del mundo, 300.000 millones de barriles, aunque esto solo sea realidad... En los registros de Excel. Su producción escasamente llega al 1% del crudo global, una cantidad pareja a la obtenida anualmente en Dakota del Norte. Sus instalaciones industriales padecen largos periodos de desinversión. Tampoco se cuenta con personal técnico, pues los ingenieros más brillantes de la nación dejaron Venezuela hace mucho tiempo, abandonándola a su suerte (y al mando de los militares).

El petróleo ubicado bajo tierra, mayoritariamente en la zona del Orinoco, posee una densidad alta y requiere un gasto de obtención considerable. Según indica la firma WoodMackenzie, el valor por barril tendría que alcanzar los 80 dólares para garantizar la viabilidad financiera. Actualmente las cifras rondan los 60 dólares, por lo que hoy en día no resulta beneficioso. Con el fin de recuperar una extracción de tres millones de barriles cada día, la cifra habitual de la nación, sería necesario multiplicar por tres el rendimiento presente. Sin embargo, han pasado 25 años desde que Venezuela generó tales cantidades de crudo. El coste total podría elevarse hasta los 100.000 millones de dólares durante una década, conforme a diversos cálculos. Sería preciso persuadir a las principales majors para que aporten dicho capital.

En la actualidad existe un superávit de oferta en el mercado petrolífero: incrementar la cantidad de crudo provocará que los precios desciendan.

Venezuela posee igualmente riquezas del subsuelo, un aspecto relevante durante la actual transformación técnica y el cambio de modelo energético. La administración afirma la existencia de depósitos de níquel y bauxita (junto con oro y carbón). No obstante, la situación del sector minero se asemeja a la de la actividad de los hidrocarburos.“Los recursos solo importan si puedes extraerlos, procesarlos, financiarlos y entregarlos al mercado de manera fiable. Sin esa arquitectura industrial y política, las reservas son sólo números sobre el papel”, señalaba Jack Lifton del Critical Minerals Institute.

Respecto a la certeza legal, esta tampoco se encuentra asegurada. Persiste la duda sobre las penalizaciones, las cuales continúan vigentes. Oficialmente el régimen chavista se mantiene y adeuda fondos a compañías europeas que fueron objeto de una expropiación. ¿A qué se debe que Washington haya optado por intervenir en la nación frente a las dudosas posibilidades de obtener beneficios financieros a corto plazo? ¿Cuál es el motivo para enfocarse en el crudo venezolano si EE.UU. Posee sobrantes y vende petróleo a otros mercados?

Los propósitos de Trump superan el entorno comercial: busca afianzar su relevancia ante China y Rusia.

Jorge León, perteneciente a Rystad, plantea ciertos motivos parcialmente velados de Donald Trump. “La producción de esquisto estadounidense está cerca de su pico. Y las reservas estratégicas de petróleo están bajas, después de que Joe Biden las utilizara durante la guerra de Ucrania. Puede que el magnate quiera asegurarse el control sobre unas reservas venezolanas a título preventivo, con la expectativa de hacer trabajar e impulsar la actividad en las refinerías estadounidenses”, explica. “A esto hay que añadir que estamos en año electoral. Trump tiene interés en transmitir al mercado que puede haber más crudo disponible, para forzar una bajada de las cotizaciones que beneficie a los consumidores (y a los electores)”, pronostica dicho especialista.

El factor geopolítico resulta evidente para todos. En la actualidad, China se posiciona como el principal adquiriente del crudo de Venezuela. De acuerdo con la Agencia Energética de Estados Unidos (EIA), durante el 2023 cerca de dos terceras partes de los envíos de crudo de Venezuela tuvieron como destino China (siendo liquidados en yuanes). Si bien es verdad que este petróleo apenas constituye el 2% de las compras energéticas de China, interrumpir el suministro hacia Pekín e introducir mayor volumen de crudo al mercado para reducir los costes (y, simultáneamente, mermar las ganancias por hidrocarburos de Rusia) podría constituir la estrategia planeada por Trump.

Caracas dispone de 300.000 millones de barriles, si bien solo de forma teórica; apenas genera el 1% del petróleo global.

Ángel García, analista económico venezolano de la firma Econometrica y docente de universidad, destaca que la intervención estadounidense debe interpretarse bajo una perspectiva de racionalidad político-militar. “En tiempos de paz, Venezuela no tiene interés para Estados Unidos. Pero en una época de conflictos, entonces el país es crucial”, indica. “Caracas está cerca, es potencialmente el mayor proveedor de petróleo del hemisferio Occidental y durante la Segunda Guerra Mundial Venezuela ya fue un suministrador clave para Estados Unidos. Por eso, Donald Trump considera que si entramos en una lógica de enfrentamiento global, la industria armamentística y la defensa norteamericana van a necesitar más petróleo, en un escenario bélico en el que el acceso al crudo se va a restringir y la demanda aumentará”, sostiene. ¿Resulta el plan de la Casa Blanca un enfoque acertado?

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Una persona participa en una manifestación para pedir la libertad de Maduro 

Henry Chirinos / EFE

A su juicio, Trump incurre en una equivocación de juicio estrepitosa. “Sólo es posible reactivar los recursos energéticos y minerales de Venezuela si se acaba con la plutocracia chavista, que no está acostumbrada a producir, sino a saquear. Y desde la teoría del equilibrio económico de Nash, lo más probable ahora en el país es que estalle una guerra civil. Hay 500 narcogenerales que harán lo posible por mantener sus privilegios”.

Contar con suministros estratégicos asegura la protección y los medios de defensa frente a crisis mundiales.

“La intervención de EE.UU. Puede verse desde múltiples ángulos”, afirma Tim Hunter, analista de Oxford Economics para América Latina. “Perjudicar los intereses de China y Rusia es sólo uno de ellos. Con Venezuela, Washington obtiene acceso a un gran suministro de petróleo para sus refinerías, al mismo tiempo que reduce los flujos migratorios e incluso fomenta que algunos regresen a Venezuela desde EE.UU. Y en cuanto al comercio de drogas, aunque menos significativo de lo que la Casa Blanca sostiene, hay que esperar que disminuya a partir de ahora”. ¿Es esto rentable?

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