Las Claves
- La dependencia europea del sistema GPS de Estados Unidos representa una fragilidad estratégica ante posibles disputas geopolíticas o bloqueos focalizados.
- El control de Amazon, Microsoft
El teléfono celular representa esa computadora de bolsillo en la cual delegamos gran parte de nuestras funciones mentales. No me refiero únicamente a la inteligencia artificial, sino a las labores más básicas y cotidianas, como el modo de guiarnos por el entorno. Es tal la seguridad que depositamos en él que frecuentemente iniciamos trayectos en automóvil desconociendo el rumbo y arribamos al punto final sin entender el trayecto. Realmente no fuimos nosotros: el GPS nos condujo hasta allí. Esta subordinación no es meramente personal: se calcula que aproximadamente el 10% del dinamismo financiero de la UE está vinculado a que los servicios de GPS estén operativos.
El sistema GPS se creó por parte del departamento de Defensa –actualmente de Guerra– de los Estados Unidos en 1973 con fines bélicos. El Presidente Reagan permitió su utilización por la población en 1988, tras el ataque de aeronaves de la Unión Soviética contra el vuelo 007 de Korean Airlines, donde fallecieron 269 individuos. No obstante, el GPS de carácter militar incluía un margen de fallo en su variante civil que reducía la exactitud a unos 100 metros. Dichas limitaciones se redujeron paulatinamente y actualmente el margen de ubicación es de escasos metros en terminales como un móvil, situándose bajo el milímetro en equipos profesionales. No obstante, ¿qué ocurriría ante una disputa de EE.UU. Frente a Europa, por ejemplo, debido al control de Groenlandia? Previo a que sucediera, antes de que la prensa mencionara el asunto, lo notaríamos debido a que el GPS dejaría de estar operativo. En la actualidad no hace falta aplicar un fallo global en la red GPS, ya que el departamento de Guerra de Estados Unidos tiene la capacidad de aplicarlo de forma focalizada por zonas. De suceder, no representaría la ocasión inicial en la que percibimos una ofensiva armada mediante plataformas digitales. En el momento en que Rusia penetró en Ucrania a través de la frontera de Belgorod, las jóvenes de la zona de Járkov lo descubrieron antes que nadie. Durante la víspera, sus cuentas de Tinder se poblaron de “soldados rusos en tu zona”. Previo a la llegada de los blindados, Tinder ya tenía constancia de ello.
En manos de...
La subordinación técnica ha desembocado en fragilidad institucional; un contexto de disputa podría implicar el bloqueo integral y la apropiación de datos.
¿Qué sucede con las demás tecnologías estadounidenses de las que somos dependientes? Iniciemos con las plataformas sociales. Hace tiempo que dejaron de ser simples vínculos entre individuos para transformarse en circuitos de información y, por ende, en sujetos políticos. Su evolución hacia altavoces de ciertas narrativas, la reducción intencionada de los sistemas de control y, específicamente en X, el respaldo manifiesto de su dueño, Elon Musk, a corrientes y agrupaciones de extrema derecha en Europa, no es una conjetura sino un hecho. En este escenario, una crisis geopolítica no modificaría sustancialmente el panorama: la intromisión ya ocurre en periodos de paz. El viraje ideológico de las redes sociales tal vez no detenga las economías, pero sí vicia la conversación pública, debilita los acuerdos sociales y agrede a las democracias liberales de Europa.
Sateliot, GMV y la Agencia Espacial Europea impulsan un sistema de IoT por satélite orientado a “no depender del GPS”
El segundo nivel resulta bastante más determinante: las prestaciones de cloud computing. Un volumen considerable de la información, programas y tareas de las compañías en Europa –incluyendo a los organismos públicos– operan mediante los sistemas de Amazon, Microsoft o Google. En este punto no nos referimos al impacto de las ideas, sino a la subordinación técnica. Una situación de conflicto implicaría desde modificaciones en los contratos, limitaciones jurídicas o preferencias de entrada hasta la desconexión absoluta y el decomiso de archivos. Todo bajo el control de las decisiones de Trump y sus aliados. Dicha amenaza no es hipotética; ya ha ocurrido anteriormente. El ejemplo de Venezuela resulta sumamente aclaratorio al evidenciar cómo la subordinación a herramientas externas –el almacenamiento remoto en esta ocasión– logra transformarse en una debilidad estratégica. El incremento de las penalizaciones de Estados Unidos frente al gobierno de Nicolás Maduro en 2019 provocó que corporaciones tales como Amazon, Microsoft, Google o Adobe tuvieran que suspender sus actividades en Venezuela. No resulta tan impactante como una captura en el Palacio de Miraflores observada desde Mar-a-Lago cual si fuese un entretenimiento digital, aunque es sumamente eficaz y menos costoso.
Prevención
La amenaza de que la información sea considerada el crudo de la centuria actual radica en que podría padecer un destino idéntico, al observar el escenario contemporáneo.
Esa influencia tecnológica oculta se hizo evidente ante las cámaras el 13 de junio del 2025: diversos directivos de compañías tecnológicas de EE.UU. Prestaron su juramento castrense como mandos de la Reserva del Ejército de EE.UU. Ostentando el grado de teniente coronel. Dentro de los integrantes recientes de dicha unidad figuraban responsables asociados a firmas como Meta, Palantir Technologies y OpenAI con el objetivo de brindar asesoría táctica en IA, gestión de datos y redes digitales. Asimismo, existen prestaciones diarias en apariencia inofensivas, aunque totalmente fundamentales, que pasan casi desapercibidas: Google, Gmail, Google Docs, Google Maps o Android, además de exploradores como Chrome, plataformas operativas como Windows o IOS, y aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Teams. Se trata de utilidades tan fusionadas con el ámbito privado y laboral que resulta difícil concebir una opción sustituta al instante. Eppur si muove.
A partir del uno de enero decidí sustituir Google por Qwant, un motor de búsqueda galo que “te valora como usuario y no como producto”. Creía que, al igual que en intentos previos durante los años recientes, desistiría tras una breve temporada. Efectivamente, se me ha pasado por alto, específicamente el hecho de que utilizo Qwant de manera predeterminada. Es eficaz y suficiente. Es necesario reconocer que dejar Google no es igual ahora que cuando operaba de manera perfecta; actualmente, la herramienta resulta más caótica, está llena de anuncios y busca más capturar al internauta en su entorno que dirigirlo hacia el contenido requerido. Del mismo modo que Qwant, existe Vivaldi, un explorador creado en Europa que otorga la gestión y anulación de rastreos al consumidor; Ecosia, una plataforma germana que destina sus beneficios por publicidad a iniciativas ecológicas; Le Chat, el chat inteligente de la firma Mistral AI o Proton, que brinda e-mail y herramientas de encriptación localizadas en Suiza. Estas alternativas satisfacen necesidades fundamentales de la cotidianidad tecnológica –consultas, navegación, mensajería, almacenamiento– dentro del territorio europeo y, primordialmente, con una ventaja: seguirán operativos incluso si Trump optara por establecerse en Groenlandia. Observando la evolución del crudo, tal vez es momento de inquietarse por el destino de la información, la cual ha sido descrita como el petróleo del siglo XXI.