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Las monedas digitales de los bancos centrales, junto con el creciente uso por parte de los usuarios, generan crecientes preocupaciones sobre su adopción.

Activos digitales

La influencia de los Estados Unidos, pese a que el dólar se mantiene sólido, sigue siendo clara a pesar de los esfuerzos por desplazar su dominio.

Christine Lagarde, presidenta del BCE

Christine Lagarde, presidenta del BCE

POOL / Reuters

Creadas como la versión más estable y menos volátil de las criptomonedas, las stablecoins estaban llamadas a poner mesura en una nueva jungla de alto riesgo. Sin embargo, se han acabado convirtiendo también en un elemento de preocupación entre los supervisores europeos, que recelan de su dependencia del dólar y ven en ellas una amenaza de pérdida de autonomía estratégica y de aumento de la dependencia financiera frente a Estados Unidos.

Las stablecoins establecen una equivalencia por lo general uno a uno con un activo tradicional como el dólar, el euro o el oro, con lo que acaban resultando una forma segura de hacer transacciones dentro del blockchain. El problema es que prácticamente todas las monedas virtuales de este tipo ya en marcha se encuentran respaldadas por el dólar. Eso puede suponer un problema cuando los pagos por esta vía comiencen a alcanzar escala en la zona euro.

Dos criptomonedas, Tether y Circle, dominan el mercado, mientras que el resto comparte un pequeño porcentaje.

A la espera de que se concreten los proyectos europeos, los supervisores observan cómo toma forma en el corazón de la zona euro un mercado referenciado en una divisa rival. Es todo un motivo de inquietud que ha despertado voces incluso al más alto nivel en favor de prohibir las stablecoins dolarizadas, a la es­pera de que se aclaren los riesgos de ceder esta porción de sobe­ranía.

“Nos preocupa y le preocupa a las autoridades europeas que casi la totalidad de las stablecoins estén vinculadas al dólar”, afirma Víctor Rodríguez, director general de política estratégica de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Las reservas, señala, están en Estados Unidos y eso supone “una debilidad” para el entorno financiero de la zona euro. Por lo pronto, el supervisor español apoya de forma activa el surgimiento de criptomonedas de este tipo que estén vinculadas al euro para no depender de Estados Unidos.

No obstante, el debate ha alcanzado una mayor temperatura a escala europea. Más allá del análisis prudencial, el BCE considera que la dolarización de las stablecoins es “un asunto de auto­no­mía estratégica en cuanto a políticas financieras”. El año pasado, la Administración Trump lanzó la Genius Act, con la que quiere acelerar el desarrollo de este tipo de criptos.

Hasta 12 entidades financieras trabajan en conjunto para desarrollar un proyecto que incluye hasta 12 entidades, entre ellas, entidades como el Banco de España, con el fin de impulsar una moneda digital.

Esta amenaza, según el banco central, podría debilitar la estabilidad del euro, mientras que el ahorro privado y los flujos de capital se desvían hacia activos externos, mientras que la unión monetaria se ve debilitada por las presiones externas y la fuga de capital.

La cuestión ha llegado a la Junta Europea de Riesgo Sistémico (ESBR), presidida por la presidenta del BCE, Christine Lagarde, donde se han planteado dos propuestas: la prohibición de estas stablecoins y el establecimiento de algún régimen de equivalencia entre jurisdicciones, de modo que el euro acabe representando un papel incluso en este nuevo universo virtual por ahora controlado por el dólar. Las propuestas de la ESBR dan una medida de lo sensible del asunto.

Por el momento, existe una gran concentración en el mercado de stablecoins , con dos grandes operadores, Tether y Circle, ambos estadounidenses y con el dólar como divisa de respaldo. Si la primera tiene el 60% del mercado, la segunda, Circle, cuenta con cerca del 35% y es la que tiene en guardia a los supervisores comunitarios, ya que está autorizada en Europa.

Algunos abogan por prohibirlo, mientras que otros abogan por impulsar la cooperación entre entidades.

La CNMV considera que estas monedas estables ya son “un elemento clave del ecosistema”, con capacidad para hacer las funciones del dinero tradicional y servir como medio de intercambio y reserva de valor. “Casi la totalidad se encuentran referenciadas al dólar estadounidense”, en un volumen que ya supera los 300.000 millones de dólares e irá en aumen­to, según señala el organismo presidido por Carlos San Basilio en un informe a propósito del primer año de la nueva regulación europea sobre criptoactivos, la MiCA. “Puede tener implicaciones en la estrategia financiera europea”, avisa.

Para el supervisor español, lo ideal sería que surgiera una stablecoin suficientemente potente en Europa como para liderar el mercado. Por el momento, hay un consorcio de bancos europeos que trabaja en el lanzamiento de una moneda de este tipo, Qivalis, vinculada al euro. Quieren ponerla en el mercado en la segunda mitad de este año con un diseño que resulte escalable e interoperable. Entre los bancos que la impulsan se encuentran CaixaBank, ING, UniCredit o BNP Paribas. La gran novedad es que el BBVA se ha sumado a la iniciativa.

Iñaki De las Heras

Iñaki De las Heras

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Periodista del área de Economía y Empresas de Guyana Guardian. Graduado en Periodismo (UCM) y en Psicología (UNED). Ha desempeñado su labor en Europa Press y en Expansión.