
¿Mejor la fontanería o la IA?
Opinión
El pasado año Geoff Hinton concedió una entrevista a The Diary of a CEO donde pronunció una frase célebre: “… So a good bet would be to be a plumber”. Nos habla de cómo la disrupción de la IA afectará especialmente a los trabajos intelectuales: desde abogados a consultores, desde periodistas a médicos, profesores y, sobre todo, programadores.
Hace unos días Mustafa Suleyman, director de tecnología de Microsoft AI, afirmó que en 12-18 meses la mayoría de los trabajos white collar como abogado, marketing, product management… serán automatizados. Una visión similar presentó Dario Amodei en el podcast de Dwarkesh, advirtiendo que la IA se está acelerando muy rápidamente y que estamos subestimando el cambio. La pregunta es obvia: ¿aprender fontanería va a convertirse en una de las pocas alternativas? Pero ¿es cierto que la evolución de la IA se ha acelerado hasta ese punto?
Trabajo
La IA progresa en el reemplazo de labores cognitivas, aunque la repercusión estará más vinculada a su implementación que a su propia evolución.
Hace poco OpenAI lanzó Codex 5.3 y, según ellos, cerca del 90% del código fue generado por el propio Codex. Amodei declaró que muchos de sus ingenieros ya no programan: supervisan lo que produce Anthropic Code. Pensaréis que esto solo pasa en programación, pero no. Vemos ya empresas que afirman que el compliance lo realizan agentes y que los abogados solo supervisan las excepciones. Y lo más inquietante: los propios agentes sugieren mejoras.
Anthropic lanzó recientemente un plug-in legal –ya tenía otros como el financiero– y el mercado reaccionó violentamente. Acciones del sector legal como Thomson Reuters cayeron un 19%. Algo similar ocurre con las aplicaciones SaaS en lo que ya se ha bautizado como SaaSpocalypse . En los próximos meses veremos modelos mucho más capaces, por lo que el pronóstico sobre el avance tecnológico parece acertado.

Hasta qué punto esto se traducirá en adopción en las empresas y en el empleo. Debemos recordar que la velocidad de la tecnología y la de adopción son distintas. En la revolución.com vimos un decalaje de casi una década entre desarrollo tecnológico e incrementos de productividad, y aún hoy, 25 años después, seguimos hablando de transformación digital. La adopción viene dada por la intensidad competitiva, la aplicabilidad de la tecnología, la regulación, la demanda y un sinfín de factores, entre ellos los culturales.
Pero la adopción es la que permite capturar valor y la que crea el gap de desigualdad entre empresas y países. Este proceso de mejora continua, que construye sobre la adopción anterior, es lo que crea ventaja competitiva y, finalmente, desigualdad: lo que hace a unos más prósperos y a otros, comparativamente, más pobres.
No se trata de opinar sobre la tecnología o de “usar ChatGPT”, algo que todos harán y que nos permitirá mantener el nivel, pero no creará ventajas competitivas. Se trata de crear productos, agentes, automatizaciones, reestructurar nuestras organizaciones aprovechando la IA. Las oportunidades están ahí. Muchos las aprovecharán. Ojalá nosotros también.