
Persépolis ante su gran reto
INTERNACIONAL
En los relieves de la Apadana, en Persépolis, las delegaciones de las satrapías desfilaban portando ofrendas ante Darío I el Grande. Aquello no era solo una exhibición de vasallaje, sino el símbolo de una red comercial que funcionaba gracias a la estabilidad que emanaba del centro del Imperio aqueménida. Darío entendió antes que nadie que el poder en el corazón de Persia solo era sólido si las rutas de intercambio con la periferia permanecían abiertas y en calma.
En el presente, dicha estructura de credibilidad ha dejado de labrarse en piedra caliza para definirse en Washington y Frankfurt, traduciéndose en los rendimientos solicitados por la deuda pública. Jerome Powell y Christine Lagarde encaran actualmente su propio “invierno persa”: un panorama donde la inestabilidad en Oriente Medio dificulta observar con precisión el rumbo venidero de la economía.
La Fed eleva al 2,7% su
En Washington, la Fed dejó claro el miércoles que el camino de vuelta a la normalidad se ha vuelto tortuoso. Aunque el mercado ya descontaba la pausa en los tipos (3,50%-3,75%), la actualización del dot plot, el termómetro donde cada miembro de la Fed dibuja dónde cree que estarán los tipos a futuro, confirmaba una postura cautelosa.
La razón técnica es de peso: la Fed revisaba al alza su previsión de inflación (PCE) en 2026 hasta el +2,7%, empujada por la incertidumbre arancelaria y el potencial shock energético del conflicto iraní, mientras el crecimiento del PIB se eleva al +2,4%. En cualquier caso, Powell fue sobre todo tajante: no hay prisa por bajar el precio del dinero si la “última milla” de la inflación se vuelve cuesta arriba por culpa de la geopolítica.
Por su parte, el BCE confirmaba el jueves en Frankfurt que Europa camina por un alambre aún más fino. Manteniendo el tipo de depósito en el 2%, Lagarde ha gestionado unas previsiones macroeconómicas más bien sombrías. Y es que mientras que ahora espera una inflación media más alta en el año, del +2,6%, el crecimiento de la eurozona se espera aún más anémico, de apenas el +0,9%, lastrado por la indecisión industrial alemana. Con esta situación, el BCE, se enfrenta a un dilema difícil: si baja tipos para reanimar la economía corre el riesgo de que la inflación importada por el crudo deshaga lo andado; pero si los mantiene “altos” demasiado tiempo, la transmisión monetaria podría estrangular su incipiente recuperación.
Los bancos centrales custodian hoy la estabilidad mundial
El aspecto favorable de estos días radica en que los responsables de la política monetaria dan la impresión de haber asimilado la experiencia previa. En contraste con las equivocaciones de 2008 o 2011, momento en que se respondió de forma inflexible a las perturbaciones del suministro, Powell y Lagarde exhiben una capacidad de adaptación que impide repetir los fallos del pasado.
Al igual que Darío debía proteger las fronteras del Imperio aqueménida para que su legado no colapsara, los bancos centrales actúan hoy como últimos guardianes del orden global. Saben que un error de cálculo ante el “fuego” que llega de Oriente Medio podría ser fatal. La gran victoria de las reuniones de esta semana que termina no es el nivel exacto de tipos, sino la prudencia de no incendiar la confianza del sistema cuando la periferia está en llamas. En Persépolis, el descuido de las rutas comerciales precedió a la caída de la dinastía; en 2026, la cautela de la Fed y el BCE busca que la historia no se repita.
