
¿Feliz 2026?
Opinión
Bombardeados por balances, tendemos a olvidar las cuestiones no resueltas. Y aunque son muchas, y relevantes, en todos los ámbitos (local, nacional, europeo o internacional), en estos primeros días del 2026 quisiera llamar la atención sobre algunos de los retos que afronta la Unión Europea.
Primero, conflicto EE.UU.-Europa. Ahí las espadas, tras el acuerdo de agosto pasado, están en alto: mientras la Comisión multa a tecnológicas americanas y mantiene la legislación que lo permite, EE.UU. Amenaza con nuevas sanciones arancelarias o pone en marcha otras, como la negación de visados a políticos como el excomisario europeo que puso en marcha aquella normativa. Veremos cómo acaba todo, pero tengo el pálpito de que los europeos acabaremos cediendo una vez más.
Batallamos entre el bajo crecimiento y el desplazamiento del centro de la economía
Segundo, profundas diferencias entre Europa y EE.UU. Sobre el futuro de Ucrania. Quizás este 2026 conlleve el final del conflicto. Ojalá. Pero todo apunta a que, sea cual sea el acuerdo, no va a favorecer las posiciones europeas. Sumen a ello el corolario de mayor gasto en defensa, en competencia con recursos públicos destinados al bienestar, como sanidad y pensiones.
Tercero, tensiones con China por el déficit comercial y su apoyo a Rusia. Sobre el primero (unos 300.000 millones de euros), hasta hoy la sangre no ha llegado al río, saldándose con escaramuzas menores en alimentos, minerales o bienes industriales. Pero que China haya conseguido un billón de dólares de superávit comercial en el 2025 apunta al aumento de sus ventas, en parte no menor, hacia la UE. Además, su apoyo a Rusia, guste más o menos, va a continuar, lo que tampoco augura nada bueno para nosotros.
Finalmente, lucha contra el cambio climático, crecimiento y regulación. El pasado año ya contempló un cambio de la Comisión suprimiendo prohibiciones para el vehículo de combustión, en línea con las concedidas en el 2024 al sector primario y el posponer la aplicación de ciertas regulaciones. Un cambio que forma parte del inevitable desmantelamiento de muchas de las que han presidido la economía europea las últimas décadas: la competencia china y la norteamericana lo hacen inevitable. De hecho, la amenaza de Macron a China con usar todo el arsenal proteccionista de la UE viene de la mano de la exigencia de reformas internas que nos hagan más competitivos.
EE.UU., China, Rusia, clima, regulación... Aspectos que remiten a la pérdida de competitividad y crecimiento de la UE. Nuestro viejo mundo se disipa lentamente, como afirmó hace poco la presidenta del BCE, Christine Lagarde. Algo que se asemeja bastante a la tesis del filósofo Massimo Cacciari, exalcalde de Venecia, cuando afirma que estamos asistiendo al fracaso de Europa. Quizás sea así. En todo caso, el 2026 no va a ser muy distinto para nosotros, batallando entre el bajo crecimiento y la angustia por el desplazamiento del centro de la economía global al Pacífico. ¡Buen año!