Esta vez, ¿distinto?

Opinión

Decíamos hace poco que la UE afrontaba una muy compleja situación en este recién estrenado 2026. Pero los retos del ejercicio, y sus efectos, no se limitan al continente europeo: financieramente, pueden ser más relevantes los derivados de lo que pueda suceder en la bolsa americana dado su frenesí tecnológico. Sobre este, hay consenso en que, suceda lo que
suceda, la inteligencia artificial (IA) está aquí para quedarse, pero, al mismo tiempo, en que hemos entrado en los prolegómenos del estallido de su burbuja, que tendría lugar con una elevada deuda pública de EE.UU. Que ya nos dio un susto en las primeras semanas de presidencia de Donald Trump.

Hay quien defiende aquello de que esta vez sí el boom es diferente. Pero con la IA parece que hemos regresado a tiempos de alucinación maníaca. Que son de todo menos nuevos: en 1842, el periodista británico Charles Mackay publicó un detallado volumen sobre las burbujas y colapsos de precios de activos desde las cruzadas, aludiendo en su Extraordinary popular delusions and the madness of crowds al engaño, la ilusión o la locura de los humanos como fundamentos de las euforias financieras. Y, más cerca temporalmente, hay que convenir que la euforia bursátil, la de las criptomonedas o la del crédito no bancario tienen una semejanza, nada tranquilizadora, con la de los felices años veinte. Y ya sabemos cómo terminó. También, en la segunda mitad de los noventa, se postuló que el alza de las empresas puntocom era desconocida en la historia, aunque no lo fue el crac del 2001. Finalmente, en los primeros dos mil, también parecía que se había encontrado un nuevo horizonte de expansión: ¡incluso España fue catalogada como la Florida europea! Y conocemos los destrozos de su abrupto final.

Hemos entrado en los prolegómenos del estallido de la burbuja de la IA

Ahora la situación es algo distinta, ya que hay convicción de que la burbuja de precios que la IA ha generado en la bolsa terminará estallando. No obstante, los mercados continúan al alza porque existe la convicción de que, en caso de catástrofe, el banco central saldrá al rescate, como ha hecho las últimas décadas. Ello refleja la visión de Alan Greenspan, según la cual la inflación de precios de los activos no debe ser objeto de la política del banco central y solo, si la burbuja termina estallando, esta debe intervenir para prevenir destrozos mayores. A los interesados en este crítico debate (entre control del IPC y/o del precio de ciertos activos) recomienzo la entretenida historia del presidente de la Fed de Kansas City, Thomas Hoening, opuesto a la visión de Greenspan, que Christopher Leonard describe en su afamado Lords of easy money. How the Federal Reserve broke the American economy (2023).

Comprenderán, pues, la tranquilidad de los mercados. Pero no se confundan: para el común de los mortales, ello no implica que una crisis financiera provocada por el final de la euforia de la IA no nos vaya a afectar. ¡No olviden 2008-2009!

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