Danny Sriskandarajah: “Davos es irrelevante y ha sido vandalizado por Trump”
Foro Económico Mundial de la élite global
Entrevista al presidente de la Fundación de Nueva Economía en Londres, autor del libro 'Power to the people'

Danny Sriskandarajah

Ante el hiperagresivo unilateralismo de Estados Unidos y el menguante poder de las instituciones multilaterales creadas después de la Segunda Guerra Mundial, Europa, Asia y el Sur Global se encuentran ante el reto de construir nuevos ejes de cooperación. Mark Carney, el primer ministro canadiense, calificó esta cuestión como un asunto de supervivencia en su dramático discurso durante el Foro Económico Mundial (WEF) que se ha celebrado esta semana en los Alpes suizos. Pero Davos no es el foro indicado para diseñar el nuevo orden mundial post estadounidense, sostiene, en esta entrevista, Danny Sriskandarajah, director de la Fundación de Nueva Economía en Londres y exdirector de CIVICUS, la alianza de oenegés y otras organizaciones de la sociedad civil que participan activamente en las reuniones en Davos. Asiduo de las reuniones del WEF en años anteriores, Sriskandarajah ahora considera que Davos es un anacronismo. Es más, pese a las apariencias, los ataques lanzados contra el globalismo de Davos desde la derecha populista esconden una agenda compartida con los la élite de la economía global presente esta semana en la pintoresca estación de esquí suiza. Nacido en Sri Lanka hace 50 años, Sriskandarajah reivindica un multilateralismo democrático en su nuevo libro Power to the people (Headline, 2024)
Le eligieron Joven Líder Global del Foro Económico Mundial en 2010. Ahora opta por no asistir a la reunión de Davos. ¿Por qué?
Bueno, mi sensación es que Klaus Schwab -el fundador de Davos- hace medio siglo se adelantó a su tiempo. Pensaba que la única forma de resolver los problemas del mundo sería reunir a múltiples stakeholders -partes interesadas en un proyecto-. Schwab era consciente de que los académicos no solucionarían los problemas del mundo, que los líderes empresariales no se implican lo suficiente, y que los políticos no prestan suficiente atención a la realidad empírica. Por eso, Schwab decidió reunir a un grupo de todos ellos en Davos. Aunque fuera solo para pasar una semana hablando juntos. Davos era diferente de los otros foros en los que he participado. Diferente en el sentido de que era una especie de experimento de un auténtico multilateralismo reuniendo a grupos diversos de personas para intentar resolver los problemas del mundo o, más bien, mejorar el estado del mundo, como reza el lema del WEF. El mundo necesitaba espacios como ese para ampliar el tipo de globalización, para limar algunas asperezas, para tener algo de ese diálogo.
¿Qué pasó para que cambiara de idea?
Las contradicciones fundamentales estaban ahí desde el principio. El WEF no es una organización socialmente responsable ni abierta y transparente. En última instancia, lo financian los grandes intereses corporativos. Es opaco, está dirigido por la élite. Davos y el G20 son de esas instituciones que sostenían esa fase de la globalización. En su momento fueron útiles, pero ahora parecen ser parte del problema, irrelevantes, a la vez que están siendo vandalizadas por políticos como Trump. Están protegiendo los intereses de la élite en un sistema económico global que no funciona. Y tenemos que pensar qué va a pasar después. Por ejemplo, cuáles serán las próximas instituciones.
¿Cree que en aquellos años en los que la globalización apenas fue cuestionada Davos sirvió como una especie de escaparate en el que se maquilló lo que había detrás, que era una concentración muy fuerte de poder económico entre la élite mundial, etc.?
Creo que ha sido peor que una simple fachada. Creo que es cómplice. Davos abanderó la globalización benigna, aquella de que ningún país que tenga un McDonald's ha entrado nunca en guerra con otro, lo del fin de la historia de Fukuyama. Mientras, pasamos por 30 años de creciente desigualdad e inseguridad para la mayoría de la gente. Pero los problemas fundamentales de la globalización se vieron agravados por espacios como Davos.
¿Por qué ha sido cómplice?
Debido a la captura corporativa.Las grandes empresas multinacionales, la mayoría de ellas estadounidenses o europeas, se están dando un festín. Y luego, algunas empresas de economías emergentes, chinas e indias que están haciéndose con otras áreas de la economía global llegan a Davos con los mismos fines. No es democrático. Porque si eres una pequeña o mediana empresa y no tienes los medios para ir a Davos y hacer lo correcto, y reunirte con el regulador o el responsable político o quien sea, no puedes entrar en el juego. Después de mi primer o segundo año, emitimos un comunicado en CIVICUS diciendo que Davos no es un espacio creíble ni legítimo. Y luego, las voces a las que se invitaba a participar solían ser las grandes oenegés de renombre y poder. La misma idea corporativista de que se cuenta con la participación de las empresas más grandes, los estados más grandes y poderosos y los actores no gubernamentales más importantes. Pero no cuentan con nadie más.
Este discurso contra Davos ya lo adopta la derecha radical...
Sí. Políticos como Donald Trump lo utilizan. Pero hay una contradicción fundamental en la crítica de la derecha populista respecto a Davos. Se quejan de las élites globales y utilizan el ataque para atraer votos. Pero no están haciendo prácticamente nada para desafiar el poder que ostentan esas élites. En la segunda toma de posesión de Donald Trump, había 1,35 billones de dólares en riqueza privada asentada detrás del presidente en el Capitolio. Zuckerberg, Bezos, etc. Por eso Trump y Milei acuden a ellos, porque en el fondo no están tratando de cambiar nada, solo desmantelar todo lo que respalda la cooperación global. O sea que Trump y Javier Milei necesitan a Davos, pero lo desprecian profundamente cuando se dirigen a su base política. Debido a esa contradicción, esos populismos de la derecha no van a ofrecer nada fundamental, como más seguridad para las personas que están luchando por salir adelante y están preocupadas por la movilidad humana o por lo que sea.
¿Cree que en este momento de unilateralismo estadounidense el resto del mundo comparte un terreno común frente a Washington?
Creo que hay brotes verdes de lo que puede surgir después, como nuevos mecanismos de cooperación. Cooperación multilateral o simplemente cooperación internacional, coaliciones puntuales. Un ejemplo sería el llamado Grupo de Trabajo Global de Solidaridad, que está formado por Kenia, España, Francia, Barbados y otros países más, unos 50 en total, que propone gravar los vuelos de jets privados y los viajes de lujo. Y los ingresos de ese impuesto, que sería enorme, se destinarían a un mecanismo de financiación común para que los estados miembros de ese grupo pudieran abordar algún tipo de bien público, especialmente en lo que se refiere al clima.
¿Quiénes cree que participarán en esta nueva clase de agrupación puntual?
No solo los estados. Tendrán que estar los poderes corporativos y la sociedad civil. Porque los estados tienen mucho menos poder que hace 50 años. Tienen menos dinero. El envejecimiento de la población y la reducción de la base impositiva significa que tendrán aún menos. Tienen mucho menos poder en términos de controlar el comercio o las finanzas. Incluso la movilidad humana. Todo lo que es digital está, por naturaleza, fuera del control de la mayoría de los estados. Así que hay que incluir a otros stakeholders en una nueva cooperación.
O sea que Davos tal vez no es tan irrelevante, porque apuesta por precisamente esta configuración...
No sé si el paso se puede dar en el WEF. No es el lugar para el cambio participativo o democrático que se necesita, pero el instinto está ahí. Hay que democratizar instituciones como la ONU utilizando la participación digital. Es algo que propongo en el libro People power.
Trump apuesta fuerte por el viejo poder del Estado. ¿Tropezará?
Puede que la muestra de fuerza del Estado por parte de gente como Trump fracase porque los días de esa versión concreta del Estado estén contados. Por eso, lo que hace la administración Trump puede acelerar el declive de Estados Unidos. Si no se recupera una alternativa de cooperación, ¿qué va a ocupar el lugar de un Estado fuerte? Yanis Varoufakis diría que es la era tecnofeudal. Serán barones ladrones, los magnates sin escrúpulos del mundo tecnológico, los que, en última instancia, tomarán las decisiones en el resto del siglo XXI.