
El Estado del bienestar se halla actualmente en la UCI.
LA VENTANA INDISCRETA
El fatídico siniestro de tren en Adamuz junto al reiterado desorden en el sistema de Rodalies de Barcelona ofrecen una ocasión inédita a quienes buscan dudar de la eficacia del Estado del bienestar y, por extensión, de toda la estructura tributaria. Un fundamento esencial del mismo, las redes de comunicación, abarcando desde trenes hasta autovías, aparenta haber colapsado por completo. Resulta imposible ignorar la evidencia de una administración pública que no ha logrado responder adecuadamente a los desafíos actuales. Respecto a Rodalies, constituye una muestra de los muchos años de abandono por parte de las autoridades. El escenario está preparado para difundir, con mayor o menor claridad dependiendo del signo ideológico, la noción de que las instituciones estatales se dirigen hacia la insolvencia.
Se sustenta en un conjunto de descontentos sociales de difícil articulación, cuyos ecos de conflicto resuenan desde hace tiempo y que en la actualidad se están materializando. El agotamiento impositivo de diversos sectores medios frente a la gestión tributaria y el alza de tasas, que no logran asimilar, dado que recurren habitualmente a prestaciones privadas: no emplean el transporte colectivo, costean seguros médicos y evitan los puntos de la red de Sanidad, inscribiendo a sus hijos en instituciones privadas o concertadas, incluso en el ámbito universitario. Además, se esfuerzan de manera autónoma para obtener su propia casa y después la de sus descendientes. Un indicio extra de esta situación es el paro indefinido promovido por las asociaciones de facultativos ante la iniciativa de Mónica García, la ministra de Sanidad, quienes demandan una regulación laboral propia y diferenciada para ellos. Cada persona anhela una salida individualizada.
Asimismo, emana de la indignación de vastos sectores de trabajadores que padecen el deterioro en la operatividad de los servicios esenciales; el transporte colectivo es hoy noticia, pero la sanidad o la educación, ya sea la básica, la técnica o la superior, llevan tiempo afectadas. En cuanto a la movilidad, representa un nuevo detonante del descontento regional, pues su naturaleza hace que se sufra en sitios determinados. Tras el accidente de Adamuz, a Catalunya se le unirán otros territorios que se verán afectados por una estrategia de inversiones muy difícil de defender. La pugna por señalar dónde se invierte menos ya ha empezado. Catalunya puede ser otra vez el centro de ese enfado, aunque como es sabido, una autonomía concentra el grueso de dicha inversión, Madrid.
Además de lo mencionado, surgen complicaciones financieras, sobre todo, aunque no exclusivamente, en la población joven, causadas por la unión de sueldos reducidos y los excesivos costes habitacionales. Junto a la exigencia al Estado de resguardar a los colectivos más perjudicados por un sistema económico global que excluye progresivamente a más individuos de su entorno de estabilidad, se han añadido sus fallos internos (los cuales no se han abordado ni en España ni en Europa para hallar una salida) y la labor persistente de los agentes económicos que buscan fragilizarlo y extender su ámbito de beneficio.

El canciller Merz se incorpora a la tendencia que supedita el renacimiento de Europa a la contracción del sector público.
Por último, resulta necesario sumar al conjunto a aquellas formaciones políticas que buscan valerse de esta coyuntura para incrementar su hostilidad total contra el ejecutivo de Pedro Sánchez, concretamente la derecha y la ultraderecha, que aprovechan cualquier circunstancia. Isabel Diaz Ayuso, a pesar de que su registro administrativo sea un compendio del descuido hacia los servicios sociales fundamentales, personifica el ejemplo más agudo. Además, dispone de plataformas de comunicación que ella misma subvenciona.
Esta mezcla es la que impulsa el crecimiento electoral de los extremistas y la desconfianza ante las iniciativas políticas que respaldan las inversiones financieras para mantener el Estado del bienestar.
Es posible que el sistema de pensiones, sobre todo las de carácter contributivo, represente el único sustento que conserva una relativa solidez en España. Debido a esto, se convierte en blanco de críticas por parte de un grupo compuesto por individuos resentidos e ignorantes vinculados a sectores financieros, junto a economistas limitados por sus propios esquemas teóricos. Esta narrativa argumenta que, aun con una carga tributaria asfixiante, el Estado resulta incapaz de asegurar el bienestar de la población —recientemente en el ámbito del ferrocarril y previamente en vivienda o enseñanza—, alegando que los fondos se destinan íntegramente a sufragar unas jubilaciones excesivamente elevadas.
La crítica central que sintetiza las ofensivas señala que el Estado emplea uno de cada tres euros que gestiona en abonar las pensiones. Una afirmación válida desde la contabilidad, aunque engañosa en términos económicos. Debido a que, si bien es real que las pensiones se catalogan como gasto público dado que los aportes a la Seguridad Social de compañías y empleados provienen de un mandato del Estado, quien asegura finalmente su abono, no constituyen tributos. Representan aportaciones con una finalidad exclusiva. Es verdad que, bajo el escenario vigente, el elevado desajuste del sistema se sufraga mediante impuestos, no obstante, esto es solo una fracción y requiere ser modificado. Asimismo, la recaudación tributaria financia prestaciones que únicamente aprovechan ciertos ciudadanos.
La insatisfacción alcanza a sectores medios que costean prestaciones privadas y a empleados que padecen las estatales.
Esta controversia, en lugar de calmarse, cobrará una fuerza progresivamente mayor. La última intervención del canciller alemán Friedrich Merz en Davos ya ofrece indicios sobre el rumbo que tomará la Europa de Donald Trump. Una síntesis rápida: la recuperación de Europa, de ser factible, requiere adoptar las medidas del aliado estadounidense. Entre los perjudicados se encuentran las normativas de competencia, las jubilaciones y los servicios del Estado del bienestar. La tendencia trumpista aterriza en Europa sin que haga falta aguardar a que las facciones radicales asuman el mando. Se avecinan épocas difíciles para el estado del bienestar.
