Economía

Mobile y presupuestos

El haber alcanzado la XX edición es una muestra de la consolidación del Mobile World Congress, cuyo éxito ha superado las mejores expectativas de quienes lo impulsaron hace ya más de dos décadas. Una iniciativa única, pues, más allá de los notables ingresos directos que genera para la economía ciudadana, año tras año sitúa a Barcelona en el centro mundial de la innovación en tecnologías de la conectividad.

A lo largo de esta semana se han superado nuevamente los cien mil asistentes, si bien el Mobile no ha estado tan presente en la vida local, y no solo porque todas nuestras miradas se han dirigido horrorizadas a la guerra en Oriente Medio. Si recordamos ediciones no tan lejanas, el congreso paralizaba la ciudad y centraba la actualidad económica y política durante semanas, pues lo percibíamos como la mayor, cuando no única, oportunidad para proyectar Barcelona al mundo. Y, por ello, preocupaba su buen desarrollo y aterraba la mínima posibilidad de que, consecuencia del conflicto político catalán, siguiera el camino de tantas empresas que salieron por piernas. Afortunadamente, no fue así.

No deberíamos olvidar que el recuperado sosiego en Catalunya es aún muy frágil

Esta recuperada naturalidad con la que venimos acogiendo el Mobile desde hace un par de años es una buena muestra de la nueva etapa de sosiego generalizado en que ha entrado Catalunya; un pasar página de tiempos convulsos en que se deterioraba nuestra imagen exterior a la vez que se debilitaba nuestra tradicional capacidad para emprender. Así, estamos recuperando el buen tono perdido, lo que se ha traducido en el retorno de las empresas y el surgimiento de ambiciosas iniciativas públicas y privadas: lo mejor que nos podía pasar para asegurarnos albergar el Mobile durante veinte años más.

Para consolidar esa serenidad que nos reporta tan buenos resultados, lo que ahora necesitamos es aprobar los presupuestos de la Generalitat lo antes posible. Además, se trata de una propuesta trabajada, equilibrada y coherente con el momento tan enrevesado y amenazante que vivimos; si siempre resulta fundamental disponer de unas cuentas públicas sancionadas por el Parlamento, mucho más en las actuales circunstancias.

Al arraigado malestar social y político que venimos arrastrando, ahora se añade la extraordinaria incertidumbre de un mundo donde nos armamos hasta los dientes a la vez que dinamitamos el multilateralismo, y, aunque la guerra aún nos quede a miles de kilómetros, sus efectos económicos nos han alcanzado con toda rotundidad, por lo que necesitamos más que nunca del buen hacer de los poderes públicos. Y no deberíamos olvidar que ese recuperado sosiego en Catalunya es aún muy frágil y reciente, por lo que el retorno al callejón sin salida no es en absoluto descartable. En estas circunstancias, se entienden todas las escaramuzas y gesticulaciones propias de una discusión parlamentaria, pero no se comprendería el llevar al país a escenarios aún más imprevisibles.