
Irán y la economía: un frágil equilibrio
No he estado nunca en Davos. Imagino que muchos de los líderes políticos y empresariales que ahí se reúnen llegan a la ciudad en helicóptero. Pero el trayecto en un tren de alta montaña suizo debe ser apasionante, con cumbres espectaculares y barrancos espantosos. Así, más o menos, es como veo la economía mundial en el momento actual. Un tren que asciende a buen ritmo, propulsado por la locomotora americana, con nuevos logros (e inversiones) en inteligencia artificial y, al mismo tiempo, una economía en un frágil equilibrio, como el tren que cruza acueductos entre formidables precipicios alpinos.
El convoy ha superado con éxito la gran incertidumbre provocada por la guerra comercial que desató Trump al llegar al poder. Algo parecido ha sucedido con su agresiva política exterior. La prolongación de la guerra de Ucrania, el conflicto de Gaza, los bombardeos en Irán en junio del 2025 y la intervención en Venezuela
no han incidido en el crecimiento. La pregunta es si la guerra en Irán y su extensión a Oriente Medio puede ser el detonante que haga descarrilar la economía mundial.
La pregunta
¿La guerra en Irán y su extensión a Oriente Medio puede ser el detonante que haga descarrilar la economía mundial?
Además de la magnitud de la guerra, va a ser determinante su duración, que es impredecible. Para Europa, dada su dependencia energética, estamos ante un shock de oferta adverso, que podría llegar a ser similar al que sufrimos al principio de la guerra de Ucrania. En aquella ocasión, la economía alemana entró en recesión. La reacción del mercado del gas será clave. En el caso
de España, la dependencia energética es menor que en otros países europeos y la diversificación de fuentes de suministro es significativa. Sin embargo, habrá impactos negativos tanto indirectamente, porque nos afecta lo que pasa en la UE, como a través de los flujos comerciales y de inversión con los países del Golfo. Para EE.UU., que es autosuficiente en energía, la guerra es meramente un shock de precios, pero llega en un momento de crisis del coste de la vida y año de elecciones. Seguro que Trump se inventará alguna política no ortodoxa para tratar de evitar el coste electoral.
El riesgo principal que veo es financiero. La subida de precios energéticos conllevará aumentos de la inflación. El nuevo presidente de la Fed puede argumentar que será un fenómeno temporal y, por tanto, no subir tipos, contentando así al presidente Trump. Sin embargo, los inversores percibirán esa decisión como una maniobra política, tal vez crean que sí habrá inflación y por ello demandarán unos tipos de interés más altos para seguir comprando deuda americana. Esa subida sería muy negativa para la bolsa y otros mercados financieros, como el del crédito privado, en los que se observan inquietantes signos de debilidad.
Por razones humanitarias, muchos deseamos que la guerra en Irán termine pronto. Es importante que así sea también por el riesgo de que se desestabilice una economía mundial que crece razonablemente, pero con gran fragilidad.